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01/03/2007
Soy Julia, de Antonio Martínez

Hace unos tres o cuatro años leí "Soy Julia", de Antonio Martínez. Lo compré por lo que contaba su reseña. Lo compré porque su autor había intentando meterse en la piel de su hija, que en el momento en que el autor acomete la escritura de su libro tiene casi dos años. A Julia, con una lisencefalia que le produce una gravísima discapacidad, los médicos le auguraron una esperanza de vida de dos años, por lo que cuando Antonio Martínez escribe el libro, el plazo estaba a punto de cumplirse. Su padre, el guionista y director de "Las Noticias de los guiñoles" de Canal +, utiliza también aquí su inagotable sentido del humor y su agudeza crítica para trazar un conmovedor, pero nada triste en general, relato de las peripecias de la vida de su hija. Tampoco faltan momentos de gran seriedad y otros claramente tristes. Y durante todo el relato, su autor deja traslucir un descubierto sentido de la vida que va más allá de la exposición de unos acontecimientos. Escrito por boca de ella, la realidad de una niña discapacitada y las acciones de los adultos de su alrededor, que ella entiende a su manera - aprobando sus esfuerzos unas veces y burlándose, incluso, de ellos otras- , consiguen situarnos en un escenario desconcertante a ratos, pero muy cercano, en el que desfilan personajes como Elfisio Terapeuta, Tuabuela, Poing el rayo de sol de su habitación, Minovio...
He encontrado opiniones muy dispares sobre este libro. Quizás haya mucha gente a la que no le parezca bien el tono empleado por Antonio Martínez. Hay personas a las que el grado de identificación con sus propias circunstancias, que puede producirse con la lectura del libro, les resulta demasiado doloroso. Para otras ha sido lenitivo, como también ese sentido del humor con que el autor afronta el relato del día a día de su familia y de su hija. A mi me parece, sencillamente, muy valiente. Y sobre todo creo que tiene el mérito de poner el protagonismo de la vida en discapacidad en las cosas importantes y en la persona imprescindible: Julia. Además, Antonio Martínez denuncia muy atinadamente algunas formulaciones de la atención a la discapacidad en el entorno social.
Es un trago, pero tengo que advertir que finalmente Julia se fue en diciembre de 2003 (el libro se publicó en 2001), es decir más de dos años después de la previsión de los médicos. A pesar de ello, creo que el libro debe leerse con un espíritu positivo, y que puede ayudar a las familias con hijos con discapacidad a reconocer ese grado de normalidad que siempre digo que es tan necesario. Por eso lo traigo a esta página. Y porque creo que Julia y su familia, como otras que pasan por similares circunstancias, se merecen que sepáis algo de su vida. El primer fragmento es quizás uno de los más críticos del libro, de los más crudos. Para compensar, copió al final una bonita y divertida escena de la vida cotidiana de Julia.
"Hay que comprender a los neurólogos: se pasan el rato diciendo a la gente que su hijo es una catástrofe. Eso debe moldear el carácter. Por eso, seguramente, a mí en la consulta del neurólogo me han llamado siempre el chico. ¿Cómo va el chico? ¿Qué tal está el chico? Es una niña, decía mamá las primeras veces. Ah, bueno, sí, ¿qué tal? sin afán de rectificación, precisamente lo contrario, la réplica de mamá daba pie a enfatizar la diferencia hacia mi sexo, todavía quedaba más claro que le daba igual que fuera chico o niña o viejo, que me llamara Julia, Arturo o Fordfiesta, podría haber preguntado qué tal la cosa, qué tal el caso 34719083/25698.
Hay que comprenderles: si se encariñan con todos, si toman afecto por cada uno, lo que ganen en el hospital se lo gastan en el psicoanalista. Tampoco el verdugo puede encariñarse con su víctima, precisamente porque no es suya, porque no es su víctima. Si se encariñaría, sí podría, si fuera un asesino, pero no lo es, es un verdugo, un instrumento, como el doctor Bombilla, que no es un altruista, no me atiende porque me quiera, sino porque le pagan, y necesita distanciarse de mí, preguntar qué tal está el chico, el verdugo no sería un buen profesional si atornillara el garrote vil y le rodaran lágrimas, hasta el muerto protestaría en su último suspiro si sintiera el sabor salado de la lágrima del verdugo: mátame, pero no me jodas, diría, y con razón, aunque antes de ejecutarle hubiera que lavarle la boca con jabón porque qué le costaba decir no me fastidies y que el último acto de su vida fuera apto para menores. Si le condenan a muerte por algo será, pensará el verdugo, y menos mal que lo piensa porque si no menudo traumazo.
Hay situaciones en las que la misma eficacia profesional exige deshumanizarse, por eso comprendo a los neurólogos.
¿Y cómo una niña lisencefálica es capaz de compadecerse de un neurólogo?, preguntará alguien, siempre hay alguien preocupado por la verosimilitud de un relato: no es creíble, dirá algún espabilado, cómo sabe eso la niña, a ver, ahora ya sí que no me creo nada, esto se lo está escribiendo alguien. Pues sí, sí es creíble. Las niñas lisencefálicas aprendemos eso en la antesala de la consulta de neurología infantil, donde se reúnen las parálisis cerebrales, algunos síndromes extravagantes, bastantes malformaciones físicas, retrasos mentales profundos, todos formalitos (a nuestra manera) en torno a un cartel antiguo a punto de despegarse de la pared con diez recomendaciones básicas sobre la epilepsia, antiquísimo el cartel, se nota en el corte de pelo de los epilépticos dibujados, ya nadie gasta esas melenitas yeyés, nadie nunca se fija en ese cartel aunque a veces algún papá o alguna mamá se ensimisme delante de los dibujos, como si de golpe les interesara la moda de peinados de treinta y cinco años atrás, miran sin ver el cartel que preside la aglomeración de sillas especiales, ropas especiales, pañales especiales, padres y madres especiales que se miran de reojo, un poco avergonzados, no fui capaz de tener el hijo que soñé, un poco buscando consuelo, mi hija no está tan mal como la tuya, dice la última mirada, o viceversa, también los hay solidarios, y en algún visitante ocasional se adivina el horror, o no, yo sólo vengo hoy, mi hijo no tiene nada grave, sólo una leve dificultad en levantar el brazo izquierdo, sólo que no dice bien la erre, en realidad me remiten al logopeda, yo no tengo nada que ver con ustedes, se comportan los ocasionales como si en lugar de enfermos con lesiones cerebrales fuéramos vampiros capaces de transmitir una maldición. Normal. Cuando venga Supermao a ver si se parte un brazo pronto y así podremos ir a las consultas normales del hospital con la cabeza alta, hola, no se asusten, diremos sólo se ha roto un brazo.
Siempre en Otorrinolaringología se deslizan niños de Traumatología, en Traumatología corretean niñas de Oftalmología, en Oftalmología de Endocrinología, pero la sala de Neurología infantil es impermeable: nunca corretean niños de otras consultas, jamás se asoman niñas. Cualquier crío sabe que ahí no se mira, que en esa sala no se fisga, es un rincón prohibido, es el País de Nunca Jamás, el lugar donde nos reunimos los que nunca dejaremos de ser bebés, obligatorios peterpanes: no sabemos crecer, qué más quisiéramos.
Nosotros tampoco vamos por otras salas. Ni correteamos ni nos llevan. De puro discreto somos casi clandestinos. Fuera de esa sala nadie nos conoce, diríase que el mundo rueda sin nosotros, podría pensarse que sobramos, somos prescindibles. ¿Dónde estamos, dónde vamos esos bebés, algunos bebés ya entrados en años, cuando salimos de la consulta? Misterio. Nadie sabe dónde estamos, dónde vamos, qué hacemos. No estamos en los anuncios de potitos, ni en los de pañales, cremitas, bañeritas, colonias, no salimos nunca retratados en el mundo feliz de los recién nacidos, ¿nos esconde, a mí tampoco me ven en la calle, a mí también me esconden?
Podría ser yo la Pasionaria de Neurología. ¡Exíjamos los que es nuestro!, tronaría mi voz, papá o mamá tendrían que moverme los bracitos y hablar por mí, pero bueno, muchos políticos son así. Mira, dirían todos al verme pasar: ahí va la nieta de Lenin. Sería contraportada de la prensa europea, en Europa las revolucionarias siempre están en la contraportada, con las noticias curiosas y los objetos raros: la rebelión de los sin neuronas, contarían. ¡¿Quién nos rescata del silencio?! Y habría un murmullo ¡¿Qué se espera de nosotros además de que muramos cuanto antes y molestemos lo menos posible?! Y alguno sabría aplaudir, y los adultos podrían ayudar, los que supieran hablar gritarían viva Cristóbal Colón, por gritar algo, los que no supieran llorarían, lo importante es alborotar. ¡¿Qué lugar nos corresponde en el mundo además de esta sala oculta y prohibida, además de estos veinte metros cuadrados?!"
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"Esta tarde papá ha llegado prontísimo (por suerte no tan pronto como para que a alguien se le ocurra: ¿y si la metemos en la piscina? El sábado pasado regresó mamá de un bajón sorpresa con un bañador mundial de topos blancos sobre fondo amarillo ¡para mí! Fue probármelo y estallar el planeta en gritititos de felicidad y estallar yo de frío y miedo, brrrr, qué frío, me agarraba a los pelos de mamá, y jajajajajá. Tirito sólo de imaginar que cualquier día llegará papá prontísimo aún y dirá hala hala, a rodar Tiburón Seis), cuando todavía estábamos mamá y yo jugando bajo el cedro azul ding ding ding ding. Me ha sacado papá a bailar un par de chachachás, Cachito mío y Fantástico, y después Antonio Machín decía toda una vida te estaría mimando te estaría cuidando como cuido mi vida que la vivo por ti. Me ha colocado papá los brazos rodeándole el cuello y ha notado que mis manitas se movían en su nuca. Se ha quedado de piedra pómez: me miraba fíjísimo. Yo tenía los ojos en San Sebastián, disimulando. Pues qué quieres, golferías te enseñan, golferías aprendes."
* ("Soy Julia". Antonio Martínez. Seix Barral. 2001. También hay una edición en Círculo de Lectores, creo que del mismo año. La imagen viene del sitio de la Fundación Sidar, que se puede visitar con interés).
Tierras de Frontera

Esta mañana ha abierto sus puertas "Tierras de Frontera", una exposición que refleja la evolución histórica y social de Teruel y Albarracín entre los siglos XII y XVI. La muestra tiene tres sedes: la Iglesia de Santa María, en Albarracín; y en Teruel, la Iglesia de San Pedro y la Catedral. En cada una de ellas se exhibirá, hasta el 30 de junio, un aspecto concreto de la vida, la historia y la sociedad de estos territorios desde la Edad Media.
La exposición muestra más de trescientas piezas procedentes de más de sesenta museos e iglesias de toda España. Entre las piezas expuestas hay retablos, pinturas, esculturas, elementos decorativos, muebles, objetos de culto religioso, etc. La exposición se completa con proyecciones audiovisuales que explican el contexto de cada sección.
La exposición pretende mostrar la realidad de Teruel y Albarracín desde su fundación. Estos territorios fronterizos, limítrofes, fueron escenario de numerosos combates, de luchas entre ejércitos, pero también de encuentros e intercambios culturales aún visibles. Gentes de distinta procedencia y cultura compartieron tiempo y espacio en ambas ciudades y dieron lugar a una sociedad diversa y plural.
"Tierras de Frontera" arranca en el momento en que Alfonso II proclama la villa de Teruel. Este acontecimiento ordena las diferentes secciones que se pueden ver tanto en la Catedral, como en la Iglesia de San Pedro. Secciones que abarcan desde las manifestaciones sociales y culturales de la época, como la vivencia de la fe religiosa o la vida cotidiana de los turolenses entre el siglo XII y el XVI.
Por otro lado, en la sede de Albarracín se muestra la historia de la ciudad desde su existencia como reino de taifa musulmán, a su trayectoria como reino independiente cristiano o la importante historia del episcopado de Albarracín. En la Iglesia de Santa María se muestran objetos de la vida cotidiana de los habitantes de la ciudad en distintos periodos históricos, pero también arte sacro o documentos históricos, como el Códice Forum Albarracín, datado en el siglo XIII.
[Enhorabuena a José Antonio Melendo que ha hecho las fotos para folleto, catálogo y audivisual que acompañan la exposición. Una de ellas ilustra este post y corresponde a uno de los muchos y espléndidos motivos del magnífico artesonado de la techumbre de la Catedral de Teruel, maravillosa edificio mudéjar que alberga un retablo mayor renacentista de Gabril Joli que quita el sentido]
03/03/2007
Pan de Oro cruza el charco

Sigo con mucho interés la revista literaria digital Letralia desde hace tiempo. Siempre me ha parecido una iniciativa de mucho aliento y envergadura. Después de una época de incertidumbre, resurgió con más empuje hace dos o tres años, si mal no recuerdo. Detrás de su capacidad de acogida y análisis de la realidad literaria hispanoamericana está su editor, Jorge Gómez, que mantiene desde Venezuela un puñado de actuaciones literarias y culturales, entre ellas su propia página web y un blog, que también me gusta y que recomiendo (está en mis enlaces). Tenía pendiente la revisión del último número de Letralia, y en la placidez de esta noche, entre el tranquilo Mediterráneo de esta casi adelantada primavera y la luna eclipsada, he encontrado la sorpresa de que en ese último número aparece una bonita y generosa reseña de Pan de Oro en la sección "El regreso del caracol". Muchas gracias, pues a Jorge Gómez y a sus compañeros de Letralia.
05/03/2007
Cincomarzada

En muchas ocasiones las costumbres ciudadanas de una determinada comunidad se transmiten y establecen sin que al cabo uno sepa muy bien por qué se produjeron. Con las celebraciones ocurre lo mismo. El origen de las fiestas se pierde en la historia y sólo se conserva la forma exterior, que se ha convertido en la razón de ser de la celebración, olvidado ya el hecho que la provocó. Eso sucede en gran medida con la fiesta de la Cincomarzada, en Zaragoza, que se celebra hoy, cinco de marzo -lógicamente-, y es "una fiesta de guardar" de carácter local. Actualmente es una fiesta que se manifiesta en la reunión de la gente en un espacio abierto de la ciudad para hacer una comida al aire libre y organizar algunos actos ciudadanos, que también tiene lugar por el centro histórico de la ciudad. Pero si se pregunta a los habitantes de Zaragoza, hay muchos, muchos, que no saben exactamente a qué alude la fiesta de hoy. Una buena parte la cree relacionada con algún acontecimiento de la lucha contra la invasión francesa. Pero lo que realmente se conmemora es el levantamiento de la ciudad contra el ejército carlista, que pretendía apoderarse de ella, en 1838. Tomo la siguiente explicación de la voz "Cincomarzada" de la Gran Enciclopedia Aragonesa, que remite al texto de Eloy Fernández Clemente y Carlos Forcadell: Estudios de Historia Contemporánea de Aragón; Zaragoza, 1978
"Desde 1838, cada 5 de marzo se ha celebrado en Zaragoza una fiesta de carácter popular, con la especial característica de haber resultado con el tiempo un paradigma de la situación política, por cuanto el origen liberal y progresista de la jornada ha hecho que la festividad se oficialice y magnifique en épocas de libertades, reduzca discretamente su presencia en otros tiempos, desaparezca entre 1936 y 1976, y se vuelva a restaurar con paulatina intensidad a finales de los 70. La noche del 5 de marzo de 1838 entraban las partidas carlistas de Cabañero en Zaragoza y la reacción popular desbarató una acción que hubiera cambiado el curso de la guerra, rememorando las gestas que caracterizaron la defensa urbana de 1808. Otro 5 de marzo, el de 1820, se proclamó en la Plaza Mayor la Constitución de 1812, y se procedió a elegir una Junta Superior del Reino de Aragón. La titulación de «siempre heroica» se añadió al escudo de la ciudad tras los sucesos de 1838.En los años siguientes el Ayuntamiento constitucional de Zaragoza declaró festivo el aniversario y lo conmemoró oficial y solemnemente. En 1843 el péndulo de la historia de España lleva al poder a los moderados, y a partir de este momento desaparece la conmemoración oficial. Los zaragozanos, habituados a la celebración, deciden no renunciar a la misma y el 5 de marzo comienza a proyectarse espontáneamente como una salida colectiva al campo y a los alrededores de Zaragoza de gran número de ciudadanos, que acudían a la arboleda de Macanaz y a las orillas del Gállego bien provistos de yantares y bebidas. Aquí nace la tradición que se repetiría durante muchas décadas.Durante el Bienio Progresita (1854-56), la jornada vuelve a ser celebrada oficialmente, y la ciudad vuelve a integrarse en la fiesta. De la misma manera, el día es declarado fiesta cívica entre 1868 y 1874, y particularmente celebrado por los medios oficiales. Durante la Restauración sigue siendo día festivo generalmente, y de cualquier manera queda asentada la costumbre de salir a merendar a los alrededores de Zaragoza. Ya en el siglo xx, el Cabezo Cortado, Buenavista, La Almozara, la Estación de Utrillas..., se añaden a los habituales lugares de celebración, consecuencia lógica de la expansión de la ciudad hacia el sur: los tranvías van llenos de excursionistas y el tío Toni cruza el Ebro sin parar. La blanda dictadura primorriverista no supuso ningún corte en la fiesta, y el primer cinco de marzo republicano alcanzó tonos muy destacados. Durante la República, perdida ya en gran medida la memoria del origen de la fiesta, la diferenciación social se traduce por los lugares sobre los que las distintas clases sociales muestran su preferencia.E1 4-III-1937, el Ayuntamiento acuerda suprimir oficialmente la fiesta, que durante la guerra civil, y hasta 1977, no se vuelve a celebrar, del mismo modo que la calle Cinco de Marzo pasa durante estos cuarenta años a denominarse Requeté Aragonés. En 1977 comienza una discreta recuperación de la fiesta, en su forma tradicional de salida al campo próximo a la ciudad, y en 1979 el primer Ayuntamiento democrático devuelve el nombre a la calle que conmemora la histórica jornada.
En 1981 el ayuntamiento de Zaragoza recuperó definitivamente la fiesta con la ayuda de las comisiones de festejos de los barrios, peñas, asociaciones de vecinos y otras asociaciones ciudadanas; aquel año se enlazó con las fiestas de carnaval. Desde entonces se vienen celebrando en el Parque del Tío Jorge en el barrio del Arrabal y es una jornada eminentemente lúdica y reivindicativa. Peñas, grupos políticos y asociaciones sociales instalan barras que aprovechan como espacio informativo de sus actividades. Los zaragozanos colman el parque en un día de convivencia y fiesta, en el que se preparan los típicos ranchos y carne asada. Durante toda la cincomarzada se puede disfrutar de pasacalles con cabezudos y música tradicional, verbenas, grupos de animación de calle, charangas, etc. Tal es la participación popular, que en 1999 se abrió un debate para trasladar la fiesta de lugar, puesto que cada año se repiten las quejas vecinales motivadas por el estado de suciedad en que queda el parque tras la fiesta, A pesar de que también se celebra en otros lugares como Casetas o el parque del barrio Oliver (lo que evita que la aglomeración de gente sea mayor) el «tirón» popular que tiene esta tradición hace pensar que el parque del Tío Jorge va a seguir siendo el escenario de la cincomarzada durante muchos años más."
(Este año la fiesta ha cambiado de escenario, por hallarse el parque del Tio Jorge en renovación. Se celebra en el Parque de Oriente, no sin polémica de nuevo).
* La imagen representa el Cartel conmemorativo de los hechos acontecidos en 1838 realizado por el diseñador Alberto Gamón y editado por el Centro de Historia de Zaragoza (Ayuntamiento de Zaragoza) dentro de una serie de postales
06/03/2007
Erik Satie: Le roi des Haricots

Hace unos días compré en "Los Portadores de Sueños" un libro que me gusta mucho: "Memorias de un amnésico y otros escritos", que recoge una serie de textos del músico normando Erik Satie, cuya obra igualmente me gusta mucho. No la conozco a fondo. Pero me lo propongo: ir poco a poco encontrando piezas. Quiero hacerlo un poco al azar, buscándolas, pero igualmente dejándome sorprender. Hay mucha música de Satie, a parte de las conocidas Gymnopédies y Gnossiennes, que son indudablemente una maravilla. La música de Satie, aunque aparentemente simple, me parece difícil de entender. Es casi siempre una voluntaria abstracción, muy evocadora, pero abstracción sonora, al fin y al cabo. Por eso quiero traer un parrafo de estas "Memorias de un amnésico y otros escritos" que explica muy bien el concepto que de su propio trabajo tenía el músico (aunque hay que tener en cuenta que a Satie le gustaba jugar con casi todo).
" Todo el mundo les dirá que no soy un músico. Es verdad, desde el principio de mi carrera me clasifiqué enseguida entre los fonometrógrafos. Mis trabajos son pura fotométrica. Si se cogen "Fils des Ëtoiles", o "Morceaux en forme de poire", "En habit de cheval" o "Sarabande", se verá que ninguna idea musical ha guiado la creación de estas obras. La reflexión científica es lo que domina.
Por lo demás, me lo paso mejor midiendo un sonido que escuchándolo. Con el fonómetro trabajo alegre y seguro.
¿Qué no habré pesado o medido? Todo Beethoven, todo Verdi. Es muy curioso.
La primera vez que utilicé un fonoscopio, examiné un si bemol de tamaño medio. No he visto nunca, les aseguro, cosa más repugnante. Llamé a mi criado para lo que viera.
En la fonobáscula, un fa sostenido ordinario, muy común, llego a 93 kilogramos. Procedía de un tenor muy gordo al que pesé.
¿Conocen ustedes la limpieza de los sonidos? Es bastante sucia. El hilado es más limpio; saberlos clasificar es minuciosísimo y requiere buena vista. Estamos en la fonotécnica.
En cuanto a las explosiones sonoras, a menudo tan desgradables, el algodón, tapando los oídos, las amortigua bastante bien. Estamos en la piro-fonía.
Para escribir mis "Piéces Froides" utilicé un caleidófono grabador. Tardó siete minutos. Llamé a mi criado para que las escuchara.
Creo poder afirmar que la fonología es superior a la música. Es más variada. El rendimiento económico es mayor. Le debo toda mi fortuna.
En todo caso, en el motodinamófono un fonomensor mediocremente experimentado puede, fácilmente, registrar más sonidos que el más hábil músico, en el mismo tiempo y con el mismo esfuerzo. Gracias a ello he escrito tanto.
El porvenir está, pues, en la filofonía. "
Erik Satie: "Memorias de un amnésico y otros escritos". Ediciones Ardora, 2005, que ya lo había editado en 1994, recuperando la primera edición en castellano realizada por Fugaz Ediciones en 1989. Absolutamente recomendables la presentación de Llorenç Barber y la introducción de Loreto Casado, también traductora.
Cuando viajamos a Normandia hace tres años, pasamos unos cuantos días en Honfleur, localidad natal de Satie. Su casa está preciosamente guardada y convertida en un estupendo, acogedor y divertido museo. Recupero un post que escribí al principio del blog recordando aquella estancia y lo completo arriba con la foto del puerto maravilloso de Honfleur que utilicé entonces:
La música de Erik Satie me aletea en el estómago. A ratos me corta la respiración y luego me devuelve a la tranquilidad más clara que conozco. Escucho a Satie y Honfleur en mi memoria es como el lugar al que siempre se podría volver si quisiera detenerme un tiempo, si quisiera recuperar un lugar donde se cruzan los vientos y los tiempos.
Estuve en Honfleur, la ciudad natal de Satie y donde se puede visitar su casa (hoy museo) hace dos años. Los días más largos que he podido vivir los he vivido en Normandía, pues el sol no se ponía hasta más allá de las once de la noche. Esos anocheres espectaculares sobre el oceáno Atlántico eran de una belleza tan brutal que casi hacía daño. Esa luz, dignificadora del paisaje y de las arquitecturas, fue la que cautivó a los impresionistas. El puerto de Honfleur sigue siendo un lienzo impresionista.
Por el contrario, la casa-museo del músico Erik Satie es acogedera como una juguetería -¿te acuerdas, Raquel? -. De dimensiones encorvadas hacia adentro, como todas las casas tracionales de la villa -y más aún si eran de pescadores- la casa aparece llena de curiosos artilugios e inventos del músico, tan surrealistas como algunos de sus arpegios, tan dadaístas como muchas de sus notas-suspiros. Mientras la recorríamos, sobrevolaban las paredes las Gymnopedies y las Gnossiennes y otras piezas que ya no reconocía tan bien, pero que me fascinaban igual y que poco a poco ahora voy recopilando. Era como estar dentro un travieso agujero negro en el que nostalgia y alegría anduvieran revueltas y en fusión.
He intentado incluir en el post una grabación desde "Evoca.com": o yo soy torpe -que es posible- o blogia no soporta el código que genera este sitio para pegar las grabaciones a los blogs. En fin, os remito a una de las muchas páginas donde se puede encontrar música de Erik Satie: Last.fm, por ejemplo. Ahí está la pieza que da título al post: Le roi des Haricots.
(*Además de las varias interpretaciones "clásicas" que existen de la música de Satie, es muy recomendable la versión jazzistica de Jacques Loussier Trio.)
Cerne
Se dice de lo que es sólido y fuerte. Aplícase especialmente a las maderas. / Parte más dura y sana del tronco de los árboles, que se prefiere para las artes y construcciones de importancia (R.A.E.)
08/03/2007
Las maravillas del arte mudéjar (I)

Ayer se presentó en la sede de las Cortes de Aragón, que es el hermoso palacio musulmán de La Aljafería, transformado por aportaciones de épocas posteriores, un proyecto que me ha parecido tremendamente interesante por demás y también muy bello. Se llama “Proyecto Mudéjar para la Tecnología, el Arte y la Música”, y supone la creación de obras musicales basadas en la arquitectura y en las estructuras geométricas utilizadas en la construcción de las torres mudéjares de Aragón. Se trata de una técnica desarrollada por los investigadores José Ramón Beltrán y Miguel Ángel Varona que convierte en un sistema numérico-matemático los ornamentos y estructuras arquitectónicas de las torres mudéjares de Aragón. El análisis de las distintas formas y simetrías que dan lugar a los elementos decorativos de las torres se convierten en sonidos y generan melodías que después se trasladan a partituras musicales.
Se explica el proyecto de forma resumida, pero bastante completa, en el blog del programa Borradores, un espacio cultural dirigido por el escritor y periodista Antón Castro en Aragón Televisión. A lo mejor vuelvo sobre él más adelante. Pero ahora, prefiero hablar un poco del mudéjar aragonés en sí mismo, un arte único en todo el mundo – y no es para nada exagerado el decirlo. El texto que sigue fue ya publicado en los números dos y cinco de El Cronista de la Red y se refiere a algunas de las manifestaciones del mudéjar en las ciudades de Teruel y Zaragoza. Lo haré en varios posts, como hicimos con el ya famoso y bloguellonero retablo mayor de Tauste. Para no cansar mucho. Y advierto, no obstante, que el arte mudéjar no se limita ni mucho menos a estas dos ciudades: numerosas localidades de Aragón cuentan con estupendos ejemplos de este tipo de arquitectura.
El arte mudéjar aragonés, y en particular el conjunto conservado en la ciudad de Teruel, constituye sin duda uno de las más importantes y originales manifestaciones del arte hispánico. Baste recordar que el mudéjar turolense ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad.
Es igualmente un fenómeno único en la historia del arte español y, como bien se ha reiterado muchas veces, expresión de una sociedad donde conviven cristianos, judíos y musulmanes.
De hecho, el término "mudéjar" proviene del vocablo "mudayyan", que quiere decir "aquel a quien se le ha permitido quedarse".En este sentido, el de la convivencia cultural, el legado que representa el arte mudéjar sigue evidentemente en plena vigencia. Pero también puede considerarse muy próximo a nosotros un sistema de trabajo fundamentado en materiales como el ladrillo - la rejola aragonesa- o el yeso -el aljez- autóctonos y de plena actualidad hoy en día.
La decoración, componente primordial en el mudéjar al igual que en el arte islámico, se basa en la reiteración de elementos sin solución de continuidad, sin límite espacial, y se construye también a partir del ladrillo, además de los elementos cerámicos característicos. La sensación que producen en el espectador estos conjuntos decorativos no se aleja en esencia de la de algunas de las fórmulas más decorativas y abstractas del arte contemporáneo occidental, aunque los presupuestos estéticos de partida sean tan distintos. En definitiva, el arte mudéjar es una expresión artística anticlásica.
Así pues, el espectador actual puede abordar la comprensión del mudéjar desde ambas perspectivas, estrechamente enlazadas entre sí: la de su contextualización y valoración históricas, y la de su cercanía a nuestra sensibilidad.
En la ornamentación destacan los arcos entrecruzados -medio punto, mixtilíneos o lobulados, según la época- y las piezas de cerámica como platos, discos, fustes y azulejos.
La gran versatilidad y capacidad de asimilación formal del arte mudéjar es otra de las notas que lo acercan a nuestra manera de entender la expresión artística, y en concreto la arquitectura. El mudéjar incorpora también elementos decorativos cristianos, aunque los interpreta con un tratamiento islámico. Asimismo, la estructura de las torres mudéjares aragonesas -en almínar con cuerpo de campanas cristiano superpuesto- es reflejo de esa facilidad de asimilación y de la complejidad de la sociedad que las creó.
El arte mudéjar aragonés surge a lo largo del siglo XIII, y pervive de forma paralela al románico, gótico y renacimiento en el arte cristiano, y a las etapas de taifas, almorávide, almohade y nazarí y en el hispanomusulmán. No obstante, huellas de su importancia se encuentran en edificios más tardíos, sin olvidar la tendencia arquitectónica historicista que intentó recuperarlo de alguna manera en los comienzos del siglo XX.
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Torre de la Catedral de Teruel
Se conoce la fecha de su construcción por la Relación de los Jueces de Teruel, inserta en el Libro Verde de la ciudad. Se levantó este impresionante monumento durante la judicatura de don Juan de Montón, esto es, entre los años 1257 y 1258, por lo que la Torre de la Catedral se considera la más antigua de todas las torres mudéjares turolenses, y es, por ello, un arquetipo de las tres restantes, que repiten su misma disposición.
La Torre de la Catedral se halla adosada a los pies de la iglesia de Santa María de Mediavilla, actual catedral de Teruel. Se trata de una construcción de planta cuadrada, geometría que imitan las demás torres, al igual que otra particularidad: presenta la parte baja abierta en un gran arco apuntado, como si fuera una torre-puerta que se abre para dejar pasar por sus bajos el trazado de la calle.
Su estructura interior iba originalmente dividida en estancias cubiertas con un techo plano de madera y comunicadas por escalas también talladas en madera. En el exterior, los muros están construidos en ladrillo, con algunos elementos de piedra sillar, y decorados profusamente con coloristas aplicaciones de cerámica, constituyendo ésta una de las características comunes de las demas torres mudéjares.
Entre los elementos constructivos de raigambre románica, cabe señalar las ventanas en arquivoltas de medio punto, así como los arcos de medio punto del cuerpo superior de campanas, que presenta dos series de vanos superpuestos. Frente a ello, otros elementos son de clara filiación islámica, como los frisos de arcos de medio punto entrecruzados, que tienen su precedente en la puerta de la mezquita del Castillo-Palacio de la Aljafería de Zaragoza; los recuadros en alfiz que enmarcan las ventanas abocinadas, así como los frisos de ladrillos puestos en esquinilla, cuyos entrantes se llenan con fustes de cerámica.
La nota más particular es la decoración de cerámica mudéjar, la más antigua de España, procedente de la de Paterna, con colores verde y morado, obtenidos con óxido de cobre y de manganeso, respectivamente. Esta cerámica vidriada presenta tres formas distintas: discos o platos, fustes y azulejos en disposición romboidal, que contribuyen con su alegre brillo a rebajar visualmente el peso material del muro.
(Continuará...)
*Las imágenes corresponde a un friso de decoración y a la catedral de Teruel. Fueron realizadas por Miguel Angel Latorre © 2007.
10/03/2007
Pirene

La leyenda clásica sobre Pirene y Hércules es de sobra conocida. Pero recontada, así al lado de la imagen, tomada hoy mismo, de las montañas a las que se refiere, parece que cobra un aliento si cabe más hondo.
La leyenda la recreó de forma magnífica y preciosista Chema Lera. Así que me atrevó a acercaros el texto que Chema ya publicó en su día en la revista Elfos, que él editaba - y digo editaba porque hace ya un tiempo que al parecer sus muchas tareas de ilustrador no le dejan tiempo en demasía. Confío en que pueda seguir haciéndolo, porque ahí están un buen puñado de buenos relatos e historias fantásticas a las que les gustaría crecer. La de Gerión, Pirene y Hércules la contaba Chema así:
"En aquel tiempo en el que las brumas del olvido cubren cualquier atisbo de luz, en la vieja península ibérica floreció un lejano reino, Tartessos, cuyas fronteras besaban sin pudor las costas de Africa. El reino de los dioses, al Oeste del mundo, abría entonces un balcón por el que contemplaban las ricas historias que sucedían en aquellas tierras. Una de ellas alcanzó tal fama que sus ecos llegan aún hasta hoy, y a la par, constituye la herencia más antigua de la mitología hispánica. Es la historia de Gerión, también llamado Gritón, el héroe de las tres cabezas.
Su abuela fue la gorgona Medusa, hija del Mar. Cuando Perseo le cortó la cabeza, de la sangre de Medusa nacieron Pegaso y Crisaor, que fue su padre. Gerión reunía en su persona la excelencia de la Trinidad: tres cabezas, tres mentes capaces de alcanzar las cotas más altas de la sabiduría. Bajo la tríada de las testuces, tres poderosos torsos armados cada uno con dos brazos como troncos de árbol lo hicieron invencible en la batalla. Además de su monstruosa figura, Gerión tenía también alas, pues los dioses habían pensado que tres cuerpos eran demasiado lastre para sólo dos piernas, y lo habían concebido alado cual ángel.
Apenas necesitaba otras fuerzas de infantería o caballería para vencer a sus enemigos. Desde el cielo, una sombra amenazante descendía de repente, arrasando a las hordas que huían despavoridas sólo con verlo. Era realmente temible: uno de los cuerpos portaba un arco y lanzaba dardos a tanta velocidad desde las alturas que antes de comenzar la lucha cuerpo a cuerpo ya había ensartado a un buen número de asombrados guerreros, que no esperaban tal tormenta de flechas.
Después, sin necesidad de posarse en el suelo, aprovechando la acometida del descenso como un halcón cazador, con otro de sus cuerpos, Gerión blandía una larguísima lanza, y era capaz de atravesar no uno, sino varios pechos enemigos. Pero cuando realmente aparecía asombroso su poder era en el combate con espada, pues eran seis afiladas hojas las que blandía al tiempo, tres espadas y tres dagas que sajaban a los oponentes sin que supieran por dónde caían los mandobles.
Muchos asesinos trataron de acabar con su vida a traición, pero nunca pudieron cogerlo desprevenido, siempre tenía una de sus cabezas despierta y alerta, mientras otra dormía y una tercera estudiaba. Por ello no es de extrañar que se convirtiera en uno de los reyes más poderosos de la tierra conocida. Su reino estuvo formado por las tres islas del delta del río Guadalquivir, y ocupaba la actual ciudad de Cádiz, en España. En él floreció la riqueza: abundaban el oro, las viñas y los olivos.
Su fama se extendió por el Mediterráneo y llegó hasta la Hélade, y uno de sus héroes, Heraklés, o Hércules, recibió la misión de robarle una de sus posesiones más valiosas: un rebaño de rojas vacas y bueyes maravillosos. Al cargo de la manada, Gerión había colocado a dos seres de confianza, un pastor y la perra llamada Aurora, que, como él, había nacido con tres cabezas, y, lógicamente, con las consiguientes fauces llenas de temibles caninos.
No se amedrentó Heraklés ante ellos, y combatió con fiereza, y los venció. Pero Gerión tuvo conocimiento de ello. Ciego por el ansia de venganza, se elevó por encima de las nubes, tratando de atisbar a Heraklés en su huída por la costa mediterránea. El griego se había ocultado bajo una encina, y la carrasca le dió cobijo, permitiéndole cargar en su temible arco una flecha envenenada con la sangre de la Hidra. Apuntó cuando la sombra de Gerión sobrevoló por encima de la copa del árbol bajo el que se ocultaba, y disparó con certera puntería.
El venabló entró hiriendo el costado izquierdo de uno de los torsos de Gerión, pero no se detuvo allí, y la punta envenenada fué perforando tejidos, ascendiendo por el segundo torso, atravesando su corazón, alcanzando el tercer cuerpo y saliendo por fin por el hombro derecho. Los rostros de Gerión se miraron entre sí, incrédulos, antes de precipitarse sus cuerpos como un torbellino de aves heridas, sobre una de las islas de su reino, y las tierras se tornaron rojas, y en ese lugar creció un drago que aún hoy se yergue en la ciudad de Cádiz. Pero del destino oscuro traído por Heraklés no terminó aquí, y el mal hado siguió sembrando desgracias por la antigua tierra de celtas e iberos.
La Tragedia de Pirene
Heraklés continuó su camino, bordeando la costa hasta llegar a lo que hoy conocemos como los montes Pirineos, pero en aquél tiempo aún no existían. Borracho por la alegría del triunfo sobre Gerión, Heraklés aceptó la hospitalidad de un señor de aquellas tierras, llamado Bébrix. Bebió el potente licor de uvas que aquellas gentes destilaban, tradición que aún continúan en nuestros días, y el vino llenó su corazón de deseo, y cubrió su mente con las gasas de la alegría, y Heraklés no pudo evitar los accesos del amor hacia Pirene, una ninfa hija de Bébrix y una diosa de las aguas.
Se amaron en la noche tibia, bajo las constelaciones de plata aún innombradas en aquellos tiempos, pero cuando el sol irrumpió hilando el azul del mar con el del cielo, Heraklés olvidó sus palabras de enamorado, y siguió su camino, y Pirene lloró en silencio, y las uñas del engaño le desgarraron el corazón.
Cuentan las viejas leyendas que de aquella unión impetuosa nació tras sólo un día de gestación un terrible engendro de la naturaleza, una serpiente gigantesca que la propia Pirene convirtió en piedra antes de suicidarse, y la serpiente fue la cordillera que hoy llamamos Pirineos.
Pero otros ancianos sabios contaron otra historia. Dijeron que Pirene no pudo soportar el desplante de Heraklés, y se mató, incinerándose en vida, al igual que antes se había incendiado su corazón, y la columna de humo llegó hasta el cielo, ensombreciendo los pasos del héroe.
Cuando éste la vió, comprendió su error, y regresó sobre sus pasos, pero no llegó a tiempo de ser perdonado, y con aquellas enormes manos tantas veces manchadas de sangre, Heraklés levantó temblando de amor el cuerpo sin vida de Pirene, y lo depositó en el mismo lugar en el que habían sido amantes, y sobre ella arrojó una tras otra, enormes rocas, para construir un mausoleo que nunca pudiera ser olvidado, y construyó una cordillera de montañas inaccesibles, y las llamó Pirineos, en recuerdo de la bella ninfa ibérica que murió, orgullosa, por culpa del despecho de un héroe heleno. (El texto de Elfos está aquí). © 2007 Chema Lera.
Cernidillo
Lluvia muy menuda./ Modo de andar con pasos cortos y contoneándose (R.A.E.)
12/03/2007
Las maravillas del mudéjar (II)
Junto a la torre de la catedral de Teruel, de la que hablamos un poco en el post anterior dedicado al mudéjar, las de San Pedro, San Martín y El Salvador constituyen el más brillante conjunto de esta tipología arquitectónica y decorativa, pues no en balde este Mudéjar Turolense fue declarado Patrimonio de la Humanidad. Las torres han sido restauradas en época reciente, por lo que ahora es buen momento para visitarlas.

Torre de San Pedro
Esta torre mudéjar puede considerarse gemela de la de la Catedral o de Santa María, ya que repite una idéntica disposición interna y muy similar ornamentación exterior
No se tienen noticias sobre la fecha de su construcción, aunque se sabe que la iglesia de San Pedro se edificó hacia 1319. Esta cronología, sin embargo, parece posterior a la de la torre, que, por su gran parecido con la de la Catedral, podría más bien datarse en la segunda mitad del siglo XIII, o, en todo caso, considerarse como una ejemplar arcaizante, puesto que en el año 1315 se había levantado ya la Torre de San Martín, mucho más evolucionada.
Su planta es cuadrada; se abre en un arco apuntado en su parte baja, como si fuera una torre-puerta, y remata la parte superior un cuerpo de campanas, con una sola serie de vanos de medio punto. Presenta a la vista un friso con arcos de medio punto entrecruzados, en este caso con la particularidad de que los arcos son de ladrillo; las ventanas en arquivoltas abocinadas de medio punto y recuadradas en alfiz, y los frisos de esquinillas, con fustes de la tradicional cerámica alojados en los entrantes. Esta cerámica pertenece a la serie verde y morada, que se considera la más antigua.
La Torre de San Pedro se enorgullece por poseer una nota singular: en uno de sus capiteles en piedra sillar aparece labrada la llamada "mano de Fátima", un rasgo de indudable influjo islámico.
Junto con la Torre de la Catedral constituyen los dos ejemplos más vinculados a la tradición románica, tanto por la estructura cristiana de su interior, como por el tipo de cuerpo de campanas en arquillos de medio punto, así como por la disposición de su ornamentación en fajas.
En la Iglesia de San Pedro destaca también su ábside mudéjar, de planta poligonal, con una galería situada sobre las capillas laterales del ábside, y unos esbeltos torreones octogonales, que siguen la misma tipología utilizada en otra iglesia de la provincia, en Montalbán.

Torre de San Martín
Según la Relación de los Jueces de Teruel, fue erigida durante la judicatura de don Juan de Valacroche, entre los años 1315 y 1316.
Está adosada a la Iglesia de San Martín, de donde toma su nombre; es de planta cuadrada y presenta en la parte inferior un gran arco apuntado para dejar pasar la calle. Estas son, sin embargo, todas las similitudes existentes con las otras torres de la Catedral y la de San Pedro, porque su disposición interna es totalmente diferente.
En efecto, la Torre de San Martín de Teruel es como la Giralda de Sevilla en su interior, ya que sigue la misma estructura del alminar almohade. Esto significa que está formada por dos torres, una envolviendo a la otra, con las escaleras entre ambas, mientras que la torre interior queda dividida a lo alto en estancias superpuestas, hasta alcanzar el cuerpo de campanas. En esencia, se trata de un campanario colocado sobre un alminar musulmán. Este cuerpo de campanas también sigue un sistema de tradición islámica, pues se cubre con una bóveda sobre trompas.
Distinta de las otras citadas torres es también la ornamentación de la de San Martín. Por un lado, es en ladrillo resaltado, donde aparecen los grandes paños de tradición almohade, a base de arcos mixtilíneos entrecruzados. Por otro lado, presenta los lazos de cuatro octogonal. En la decoración cerámica, además, se añaden a los elementos anteriores otros nuevos como las cenefas en flecha, las estrellas de ocho puntas, los azulejos en ajedrezado... Y, por si esto fuera poco, se suma ahora el color blanco a los acostumbrados verde y morado de la cerámica, todo construido en un formato más diminuto y ligero, lo que hace al que lo contempla imaginarse un inmenso y vertical tapiz o alfombra colgado de lo alto.
Es la de San Martín una bellísima torre mudéjar que se deja admirar desde la plaza abierta por sus cuatro costados.

Torre del Salvador
La Torre de El Salvador es gemela a la de San Martín, de la misma forma que pueden considerarse siamesas la de San Pedro y la de Santa María
Aunque consta documentalmente que el obispo de Zaragoza don Pedro García de Jánuas autorizó a construirla en 1277, no puede pensarse que su finalización fuera anterior a la de San Martín, sino más bien es posible que se terminase en años posteriores a 1315.
Al igual que la citada de San Martín, la Torre de El Salvador responde en su estructura interior a una alminar musulmán como el de la Giralda. Sin embargo, presenta algunas novedades. Por ejemplo, el espacio bajo el arco que da paso a la calle no es apuntado, sino que se aboveda con una crucería sencilla, aspecto este que resultaría irrelevante de no armonizar con el resto de la ornamentación de la torre, más evolucionada y desarrollada que la de San Martín.
La ornamentación de la Torre de El Salvador parece competir con la anterior, en un derroche de elementos decorativos que roza la genial hipertrofia. El desarrollo en extensión es de mayor amplitud tanto en los paños de arcos mixtilíneos entrecruzados como en los paños de lazos de cuatro octogonal, todo ello unido a una muy superior aplicación cromática.
Una sana rivalidad artística la de estas dos torres turolenses, que permiten en fin, el gozo contemplativo y la abierta opinión del visitante.
© 2007 fotografías Miguel Angel Latorre
13/03/2007
Poetizando - 32: Cuatro de la madrugada

Cárdenas, maltratadas por la música,
las voces -atrapadas en la danza
geométrica de los cigarrillos.
Qué lascivia: el humo arrastrándose
de mesa en mesa, fantástico animal.
Afuera la avenida sobre la niebla escupe
serpientes amarillas. El temor
ha vencido, va llenando insolente
nuestros vasos vacíos.
Y poco a poco el paquete agotado
de tabaco se convierte en una obsesión.
Para MM, que lo está consiguiendo.
El texto evoca viejos tiempos y la fotografía me parece tan bella como inquietante. Es de Graham Jeffery, un fotógrafo inglés que muestra en su fotoblog unas imágenes muy especiales, hermosas ciertamente, creo que muy trabajadas. En concreto ésta que pongo está dentro de una serie sobre el humo del tabaco y cuya factura explica el propio autor.
15/03/2007
Las maravillas del Mudéjar (III): Zaragoza.

Torre de San Gil
En pleno siglo XIV, transcurridos dos centurias desde la reconquista cristiana, en 1118, la ciudad de Zaragoza conserva todavía muchos rasgos de la musulmana Saraqusta, como lo seguirá haciendo durante largo tiempo después, y como aún hoy pueden encontrarse diseminados entre la fisonomía urbana de nuestro siglo XXI.
Pero además en Zaragoza, el catorce es un siglo constructor, que renueva elementos esenciales del entramado urbanístico, como la catedral, un importante número de edificios religiosos, o la propia muralla exterior. Y esta actividad se desarrollará en gran medida dentro de las fórmulas del arte mudéjar, que en estos momentos vive en Aragón en general su momento álgido y de esplendor.
No es ésta, sin embargo, una centuria tranquila. El reinado de Pedro IV el Ceremonioso da comienzo en 1336. Durante él, la ciudad ser verá amenazada por la guerra con Castilla, y aunque afortunadamente no llegará a sufrir el ataque de los ejércitos enemigos, la antigua muralla musulmana de tierra será sustituida por una nueva de ladrillo.
No hubo igual fortuna con la Peste Negra, que en 1349 asoló Zaragoza, cuya población quedó diezmada. La Crónica del Rey Ceremonioso cifra en trescientos muertos diarios los que se produjeron durante el azote de la epidemia. Para entonces las obras de las principales edificaciones de la ciudad andaban ya muy avanzadas, si bien perdurarán de una u otra forma hasta finales de siglo: en la Seo, en las iglesias de San Pablo, San Gil, La Magdalena, San Miguel de los Navarros, los conventos de Santo Domingo, del Santo Sepulcro, de Santa Catalina, o las importantes construcciones del mismo Palacio de la Aljafería.
Echaremos un vistazo a cuatro de estas construcciones, empezando por la Iglesia de San Pablo, situada en el barrio de nueva planta de igual nombre, al oeste de la ciudad, casi equidistante de la Plaza de Predicadores y de la muralla romana. Luego nos encaminaremos hacia esta muralla desde la calle de San Blas. Habrá que seguirla un trecho, describiendo la actual línea del Coso, hasta llegar a la Puerta Nueva (junto al Palacio de los Condes de Morata, que todavía no existía entonces, y que hoy alberga la Audiencia). Por esta puerta atravesamos la muralla e ingresamos en la ciudad antigua, para alcanzar la Iglesia de San Gil, después de dejar atrás algunas callejas y plazuelas. San Gil se enfrenta exactamente al muro que rodea la judería, que se extiende hasta nuestra siguiente visita, la Iglesia de La Magdalena . Por fin, debemos volver a atravesar la vieja muralla romana de piedra, a la que ya le han crecido adosadas muchas viviendas. Lo haremos por la elegante Puerta de Valencia, y recorriendo la muralla hacia el sur, pasando por los Baños Judíos y la calle de La Cadena, llegaremos a la última obra que vamos a ver, la Iglesia de San Miguel de los Navarros, en el sureste de la población.
Hemos soslayado la visita a La Seo, con su inigualable paño mudejar, pervivido entre todas las reformas acometidas en la catedral, porque esa visita se merece varios posts por sí misma. O mejor una visita real.

San Pablo
En el año 1358 el Consejo de Guerra de la ciudad de Zaragoza disponía que la torre de la Iglesia de San Pablo, recién construida, sería demolidada junto a otras, como la de la Iglesia de San Gil, si los ejércitos castellanos de Pedro I el Cruel atacaban la urbe. Afortunadamente no fue así y todavía podemos admirar esta magnífica torre, sin duda lo más significativo de la fábrica mudéjar de la iglesia, que sustituyó a otra primera románica, dedicada a San Blas.
La degradación urbanística que ha ido sufriendo el barrio zaragozano de San Pablo -y que afortunadamente ahora se va remediando- en poco se parece a la pujanza con que el mismo se desarrolló durante los siglos XII y XIII como zona nueva de población a la que acudieron en un principio preferentemente labradores, estableciéndose más tarde, ya en el siglo XVI, un número importante de artesanos e incluso artistas. El barrio se llamó primero La Población del Rey, para pasar después a ser conocido como San Pablo, posiblemente a raíz de que su iglesia cambiase de advocación en 1266. El crecimiento demográfico de la zona, que en el siglo XV llegó a albergar un tercio del total de los vecinos de Zaragoza, obligó ya en el siglo XIV a ampliar la iglesia mudéjar que había empezado a construirse a finales del XIII, en 1284.
Desde el punto de vista arquitéctonico, la primera fase constructiva es la más interesante: nave única, cubierta con cañón transversal apuntado, capillas entre los contrafuertes y ábside poligonal. Es un modelo que repetirán varias iglesias mudéjares de la ciudad.
Por su parte, la torre es de planta octogonal, y su estructura interior obedece a la del alminar almohade: dos torres, una interna y otra externa, con una rampa de escaleras intermedia, cubierta mediante bóvedas de ladrillo por aproximación de hiladas. Al exterior, la torre queda definida en cinco pisos, apenas decorados, y separados por frisos de esquinillas. En los dos primeros pisos se practicó una ornamentación a base de espigas y arcos de medio punto entrecruzados, que se repiten en los ejemplos de iglesias mudéjares más antiguas. Desgraciadamente, quedan ocultos por el edificio claustral.
En el cuerpo de campanas aparece una decoración más profusa. Este cuerpo se organiza en base a vanos en arco apuntado, que cobijan a su vez otros sendos vanos gemelos túnidos, partidos por un pilar. Como ornamentación encontramos un friso de arcos de medio punto entrecruzados y sobre éstos una retícula de cruces de múltiples brazos, formando rombos. Los dos últimos cuerpos suponen ampliaciones posteriores, formados por vanos apuntados y de medio punto doblados. El chapitel que podemos contemplar data del siglo XIX.

San Gil
En el corazón de la Zaragoza de ayer y de hoy se encuentra la Iglesia de San Gil, justamente dando la espalda entonces a una de las puertas que daba acceso a la judería de la ciudad, y en la actualidad mirando a la fachada trasera del Teatro Principal, porque el edificio religioso cambió su orientación al ser reformado en el siglo XVIII. La encontraremos exactamente al comienzo de la calle conocida popularmente por el mismo nombre que identifica a su iglesia y oficialmente denominada como de Don Jaime I.
La apariencia actual de San Gil es consecuencia de la remodelación barroca a que fue sometida entre 1719 y 1725. Ahora bien, la fundación de la iglesia se remonta a poco después de la conquista cristiana de la ciudad, siendo posteriormente reconstruida en el siglo XIV, en términos mudéjares, y según una tipología de iglesia-fortaleza, de la que es arquetipo. En concreto presenta una configuración en nave única, con dos tramos y capillas laterales entre torres-contrafuerte, y con tribuna o paseador por encima de los laterales. Por desgracia, estas importantes características apenas pueden apreciarse al quedar el edificio envuelto casi en su totalidad por construcciones posteriores.
Sólo la magnífica torre, amenazada de demolición en 1358, como la de San Pablo, se puede contemplar con comodidad desde la calle.
De manera sabia y elegante, sus constructores solucionaron el paso, en la zona inferior, de planta cuadrada a rectángular, lo que se produce por encima de la línea de tribunas. Por su parte, el cuerpo de campanas se estiliza gracias a la presencia de dos filas de vanos: la inferior en arcos tumidos partidos por pilastra, bajo otros apuntados, como en San Pablo, y la superior compuesta por arcos tumidos también.
Como elementos decorativos cabe mencionar las cruces de múltiples brazos formando rombos, con discos de cerámica; los arcos mixtilíneos y lobulados, ambos entrecruzados, recuadramientos en alfiz para los vanos, o el anudamiento de las claves de los arcos, de arcaica tipología.
(Continuará...)
* © fotografías 2007 Miguel Angel Latorre.
18/03/2007
Aprendizajes

El pasado miércoles asistimos Fernando Sarría y yo - y mucha otra gente, claro- a la presentación del libro de poemas "Aprendizajes tardíos" de Fernando Aínsa, aragonés y uruguayo, residente en París por mucho tiempo. Acudimos animados por la enjundiosa trayectoria literaria de Fernando Aínsa y porque habíamos podido leer alguna cosa acerca del libro que nos había gustado mucho. Además, Manuel Vilas le había dicho a Fernando que sin duda la ocasión tendría duende. En efecto, ni la presentación, ni el autor ni los poemas defraudaron las expectativas. Fue un acto, celebrado en la Librería Cálamo, especialmente agradable y muy emotivo, en el que acompañaron a Fernando Aínsa un buen puñado de sus paisanos del pueblo turolense de Oliete (puede verse una reseña de la presentación en Borradores)
"Aprendizajes tardíos" es un libro de poemas muy a tener en cuenta, por varias circunstancias. Una porque es el primer libro de un autor ya curtido por largo tiempo en otros géneros y escrito a una edad en la que no se espera un primer libro de poemas. Como bien insistió Manuel Vilas en la presentación: la poesía no es un género sólo de juventud. Aunque sí quizás sea un espacio siempre de descubrimiento, de indagación, añado yo ahora. En este libro, que creo especial, se piensa acerca de la enfermedad, de la muerte, pero también de la vida en un redescubrimiento de la misma en los términos clásicos del "locus amoenus", del placer de la naturaleza, de la vida retirada, del regreso al origen, de las cosas sencillas de la cotidianeidad. Espíritu de raíz virgiliana el que por muchos de los poemas de este libro campea. Y también evocación, inevitable para esta lectora, del clásico bilbilitano Marcial, cuando regresa a su tierra, después de treinta años vividos en Roma, el centro del mundo.
Estos días he ido leyendo los poemas del libro. Son pequeñas joyas del lenguaje casi coloquial que se adelgaza en canto para hablar del padre, de la enfermedad, de los recuerdos, pero igualmente de todas aquellas cosas en que se resume finalmente la respiración más vital de la vida: una patata, las nueces, el pueblo, la manzana, el ajo, la lagartija...
Este fin de semana he dedicado muchas horas a las plantas, pues es el tiempo de preparar la llegada de la primavera. Iba y venía entre las dalias, los rosales, los tulipanes, narcisos y fresias, las margaritas y los jazmines, entre todas las que cultivo con mucha afición y con menos tiempo del que me gustaría. Y mientras trajinaba bajo el sol de la tarde, recordaba los poemas de "Aprendizajes..." y sentía cuán cargados de razón están.
Dejo ahora aquí uno de ellos, que creo aúna bien la doble vía del poemario: vida entre la naturaleza y tiempo de recuerdos, de hacer balance. En el libro encuentro por cada esquina de los poemas un sentimiento que cada vez me gusta más: serenidad. El poema es el primero de la serie dedicada a las nueces:
Nueces, 1
Por estas latitudes llaman al suegro, abuelo,
un modo de suavizar la aspereza del término.
Abuelo, pues, Miguel se trepaba al peral con un serrucho
y le daba duro a la anual faena.
No escatimaba ramas,
era el arte de la poda su orgullo,
y así luego la contemplaba al sesgo
mientras liaba un pitillo.
Con él planté la noguera
un primero de enero de 1981,
de la que recojo ahora sus cuantiosos frutos.
(Vivía entonces lejos.
Oliete era tan sólo
pocos días de vaciones en invierno o verano
El centro del mundo era otro)
El tiempo
- al menos en lo que a su frondosa copa respecta-
no ha pasado en vano.
(Fernando Aínsa, "Aprendizajes tardíos". Renacimiento, 2007)
*La imagen de Oliete (Teruel) viene desde la web del Parque Cultural del Río Martín)
Ceruca
20/03/2007
Las maravillas del mudéjar (IV): Zaragoza

La Magdalena
Para muchos zaragozanos es la de la iglesia de La Magdalena la torre mudéjar más hermosa y mejor proporcionada de la ciudad, especialmente después que recuperara, hace ya más de treinta años, su apariencia original de la mano del restaurador Iñiguez Almech, que la despojó de las remodelaciones a que fue sometida, como el resto del edificio, en época barroca, concretamente entre 1727 y 1730.
Además de la torre, se modificó también el interior de la iglesia y se invirtió la orientación del templo, de tal manera que el ábside mudéjar se convirtió en el acceso al recinto, tal y como hoy todavía continúa. Cuando se construyó, la torre quedaba situada a los pies de la iglesia, mientras que el ábside casi se tocaba con el muro de cierre de la judería, enfrentado además con la Puerta de Valencia de la muralla romana.
Al interior, los alarifes mudéjares plantearon en la primera mitad del siglo XIV un edificio de nave única, en tres tramos, y ábside poligonal de siete lados, sin contrafuertes.

Por su parte, la torre, de planta cuadrada, se ciñe al modelo de los alminares almohades: dos torres, una envolviendo a la otra, y entre ambas las escaleras cubiertas mediante bóveda por aproximación de hiladas. La torre interior está dividida en estancias. Al exterior encontramos arcos mixtilíneos, ventanas abocinadas en arco de medio punto, paños de cruces de múltiples brazos formando rombos.
En el muro del ábside, el perfil facetado de éste permite decoración con arcos mixtilíneos entrecruzados, ventanas en arco apuntado, y de nuevo las cruces de múltiples brazos en el alero del tejado.

San Miguel de los Navarros
La parroquia de San Miguel de los Navarros surge en el siglo XIII, en el sureste del caserío zaragozano, entre la muralla romana y el muro exterior, para acoger a la población de esta zona. Sin embargo, a diferencia de lo que había sucedido con San Pablo, no se planificó un barrio como tal, debido al carácter disperso de sus habitantes y a que este territorio estaba ocupado fundamentalmente por monasterios.
La fábrica mudéjar de la iglesia de San Miguel de los Navarros data del siglo XIV. En concreto se sabe que la torre se construía en 1396. Durante el siglo XVI, el recinto debió sufrir algunas obras de modificación y consolidación, encomendadas a Gil Morlanes, hijo. En el siglo XVII, entre 1666 y 1669, el edificio fue reformado en profundidad, tanto en el interior como en el exterior. Mucho más el interior, que quedó totalmente transformado. En cambio, al exterior encontramos elementos característicos de la obra original, una construcción que fue de una sola nave, con ábside poligonal de cinco lados. Entre la decoración sobresale la de dicho ábside: cruces flordelisadas recruzadas y cruces de múltiples brazos formando rombos.

La torre queda dividida en tres cuerpos. El primero, sin decoración. El segundo, ornamentado a base de arcos mixtilíneos entrecruzados y cruces de múltiples brazos de nuevo.
El tercer cuerpo, el de campanas, está dividido a su vez en dos pisos: el inferior presenta un vano en arco apuntado, que alberga dos arcos gemelos, recuadrado por una faja de lazo de cuatro octogonal; el superior, tiene arcos lobulados entrecruzados y cruces de múltiples brazos. Fue roto para abrir vanos para campanas y se le sobrepuso además un chapitel de estilo dieciochesco, que se conserva en la actualidad.
© 2007 fotografías Miguel Angel Latorre.
21/03/2007
Encuentros en el blog de Javier Torres

Hace unos días Fernando Sarría y yo le mandamos al bueno de Javier Torres sendos relatos sobre teléfonos móviles. Javier es un gran lector y enseguida encontró la forma de jugar con ambos relatos. Al que yo le mandé lo tituló muy bien como "Encuentro imposible", y lo enfrentó al de Fernando, al que pusó el más optimista titulo de "Encuentro posible".
Me apetece poner ahora aquí los dos textos, - Fernando también hace mención en su blog- uno tras otro, siguiendo el orden en el que Javier los entendió. Los enlaces os llevarán, si quereis, al lugar para el que fueron los relatos concebidos: el blog de Javier.
Un encuentro imposible
Obstinada, insistentemente desde hace días recibo este mail en la pantalla de mi ordenador:
"Querida amiga,
Fue grato nuestro encuentro y placentero. Pienso en usted. Me gustaría volver a verla. Dígame cómo."
No conozco el nombre que figura como remitente. O por lo menos no tengo consciencia de conocerlo. Menos aún recuerdo algún encuentro especial ni placentero en los últimos tiempos, ni siquiera haber mantenido una conversación con alguien de quien yo no tuviera dato de ningún tipo. He hablado con gente a la que he visto por primera vez, pero o bien me han sido presentados por amigos comunes, o bien han llegado a mi a través de otras acreditadas referencias. Hace tiempo que los desconocidos no me llaman la atención como antes. Tampoco están los tiempos como para caer en tentaciones. Por eso no estaba dispuesta a llamar al número de móvil que figura al pie del texto del correo electrónico. Pero, cuando el susodicho mail llegó con terquedad por undécima o duodécima vez a mi ordenador en el plazo de una semana, decidí acabar con el problema de un plumazo. Contesté primero al último mail en ese momento, demandando al sujeto emisor que no me bombardera más con sus misivas repetitivas. Como respuesta obtuve sólo el mismo texto nuevamente. Así que ayer, furiosa, llamé. Y he vuelto a llamar hoy, después de que otra vez me asaltara el mismo correo en el ordenador. Pero ninguna de las dos veces he obtenido más respuesta que la voz electrónica del contestador del buzón de la compañía telefónica instándome a que deje mi recado. Más enfurecida si cabe, hoy me he arriesgado:
"No sé quién es usted. No tengo ni idea de cuándo hemos podido vernos. Si es que nos hemos visto. Le ruego deje de enviarme correos electrónicos. No deseo verle ni conocerle".
A los cinco minutos he recibido un mensaje en la pantalla de mi teléfono móvil:
"Tiene usted flaca memoria. No merece usted la pena".
Y este mensaje ahora repite desde entonces su llamada de atención en mi móvil puntualmente cada hora, como una mala conciencia que no me deja ni a sol ni a sombra.
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Un encuentro posible
Nunca pensó verse en una situación como aquella, él, que siempre intentaba hacer lo correcto, estaba dirigiéndose hacia una cita extraña y que no le pertenecía.
Seguía su primer impulso, dejándose arrastrar por una especie de libidinoso cosquilleo desconocido para él. Sentía en su estomago el riesgo, el peligro de su decisión, pero era un imán que le atraía sin remedio.
Cuando había visto en su móvil el mensaje, se dijo enseguida que era una broma de las típicas de su socio. Pero le cambió la cara al darse cuenta de que aquél no era su móvil sino el de su socio; las compañías telefónicas regalan móviles de alto standing, siempre que contratas con una nueva para asegurar tu fidelidad y, claro, en la reunión con su socio por error se los habían intercambiado sin querer.
Con todo el disimulo que pudo y tras borrar el mensaje con la cita en un hotel del centro, se lo volvió a cambiar y empezó a contar las horas que quedaban para las cinco.
Ahora, cerca de la hora, buscaba un aparcamiento un poco alejado del hotel, para llegar a él andando e intentando dejar los menos rastros posibles. Llamó a su mujer para decirle que tenía una reunión con los del seguro de créditos, buena excusa ya que le había comentado que estaba en tratos con una nueva empresa. Pero ella no estaba. Le dejó el recado... Seguro que estaba en alguna de esas reuniones que hacía los jueves con sus amigas de universidad, ¿pero hoy era miércoles? Igual eran los miércoles las reuniones... no pensó más en eso y le dejo el recado en el móvil de ella, siempre fuera de cobertura.
En el hotel no encontró grandes problemas para pasar desapercibido. Entró por la cafetería que daba directamente a los ascensores y así no fue visto desde la recepción.
Su pulso se iba acelerando, tercer piso, habitación 313, decía el mensaje, te espero love ardiente a las 5 en punto, se lo repetía una y otra vez mientras se acercaba a la puerta. ¿Qué hacer?, ¿llamar o abrir la puerta directamente?, se acordó de su socio al que siempre tenía que ir salvándolo con compromisos inexistentes delante de su mujer. ¡Qué gusto tenía por las mujeres exuberantes! pero eran sólo aventuras con mujeres de las que se desembarazaba fácilmente... ¿Cómo sería ésta?... Llegó a la puerta y sin dudarlo más toco suavemente en ella y a la vez la abrió:
Nunca pensó verse en una situación como aquella... percibió la silueta que había en la estancia y comprobó, lívido, que definitivamente las reuniones de su mujer eran los miércoles.
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La foto la cojo del blog de Javier Torres:)
22/03/2007
Sueños especiales: Diálogos con Axel, 1

Hace tres años, el primer día del año, lo recuerdo bien, recibí un correo electrónico de José Antonio Fortuny que hablaba de su libro "Diálogos con Axel" que había publicado Ediciones de La Tempestad.
A José Antonio se le detectó de niño una enfermedad, atrofia muscular espinal, que le ha ido disminuyendo progresivamente sus capacidades motoras, hasta el punto de que, tras terminar el libro, ya no podía prácticamente escribir. La escritura del libro la hizo él mismo, a mano, a lo largo de cinco años y a razón de medio folio diario. Cuando terminó el libro ya casi no podía mover la mano, estaba esperando un traductor de voz para su ordenador. Sin embargo, y durante siete años, José Antonio había sido entrenador de baloncesto desde su silla de ruedas.
Compré el libro (hoy tiene ya también una nueva edición en Círculo de Lectores), y confieso que su contenido me dejó por entonces bastante exhausta. Como dice José María Mendiluce en el prólogo, es un libro excepcional. Mi estado de ánimo se debió más bien a mi incapacidad para asimilar la cantidad de emociones, sentimientos, reflexiones que José Antonio Fortuny hace explícitos, la fuerza tan atronadora de todos ellos, el choque tan brutal con la fácil realidad de la que muchos disfrutamos. Porque, quizás, una de las aportaciones más decisivas de este libro es la posibilidad de entrar en la mente de una persona con discapacidad grave, de saber cómo piensa acerca de sí mismo y del mundo en el que vive, de cómo afronta la progresión de su enfermedad, de sus rebeliones y su rabia, de sus superaciones y sus logros: con cuánta esperanza, con cuánta imaginación, con cuánta fortaleza e inteligencia se puede vivir.
No es un libro fácil. Pero es un libro que enseña lo que sólo uno mismo puede aprender.
Traigo, en seguramente un par de entregas, el capítulo 34 de este libro, donde José Antonio recopila fragmentos de correspondencia que le enviaron otras personas con discapacidad desde diferentes lugares del mundo, contándole sus sueños. A mi me impresionó mucho este capítulo, posiblemente por una raz&oacut