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<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel/><atom:link href="https://pandeoro.blogia.com" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>pandeoro</title><description/><link>https://pandeoro.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Wed, 15 Mar 2017 10:42:50 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>Nos vemos en luisamr.blogspot.com (Luisami&#xF1;ana.blog)</title><link>https://pandeoro.blogia.com/2007/060301-nos-vemos-en-luisamr.blogspot.com-luisami-ana.blog-.php</link><guid isPermaLink="false">https://pandeoro.blogia.com/2007/060301-nos-vemos-en-luisamr.blogspot.com-luisami-ana.blog-.php</guid><description><![CDATA[<p>&nbsp;</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <span style="font-size: x-small; font-family: verdana,geneva;">Quienes me regalais vuestras visitas habitualmente sab&eacute;is que desde hace un tiempo he venido duplicando el blog. Lo empec&eacute; a hacer debido a los problemas de acceso que tenia Blogia. Luego he seguido un poco porque me da cosica &eacute;sto de irse de un lugar. Sin embargo, ahora voy a andar un poco m&aacute;s l&iacute;ada. As&iacute; que&nbsp; prefiero s&oacute;lo actualizar un sitio. Por lo tanto ,y por lo menos durante una temporada -luego a ver qu&eacute; pasa- , nos vemos en el otro Pandeoro, en la direcci&oacute;n que la mayor&iacute;a ya conoc&eacute;is,&nbsp; y que dejo aqu&iacute; enlazada,&nbsp; en el blog de Daniel o en La arquitectura de tus huesos:</span></p><p>&nbsp;</p><p align="center"><span style="font-size: small; font-family: verdana,geneva;">&nbsp;<a href="http://luisamr.blogspot.com" target="_blank">http:luisamr.blogspot.com</a></span></p><p align="center"><span style="font-size: small;"><a href="http://unblogparadaniel.blogspot.com" target="_blank">http://unblogparadaniel.blogspot.com</a></span></p><p align="center"><a href="http://laarquitecturadetushuesos.wordpress.com" target="_blank">http://laarquitecturadetushuesos.wordpress.com</a></p><p align="center">&nbsp;</p><p align="center">&nbsp;</p><p align="center"><span style="font-size: small;"></span></p>]]></description><pubDate>Sun, 03 Jun 2007 22:44:00 +0000</pubDate></item><item><title>Daniel&#xB4;s piano sessions</title><link>https://pandeoro.blogia.com/2007/053101-daniel-s-piano-sessions.php</link><guid isPermaLink="false">https://pandeoro.blogia.com/2007/053101-daniel-s-piano-sessions.php</guid><description><![CDATA[<p>&nbsp;</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin duda, el juguete que m&aacute;s veces le han puesto a Daniel los Reyes Magos y m&aacute;s le hemos regalado por su cumplea&ntilde;os hasta ahora ha sido el piano, en diferentes versiones y tama&ntilde;os conforme &eacute;l ha ido creciendo. Y no es extra&ntilde;o, claro, teniendo en cuenta su afici&oacute;n tan grande por la m&uacute;sica. Ya no jugamos tanto con &eacute;l, porque en sus preferencias se ha equiparado pr&aacute;cticamente con el ordenador, y muchas tardes, cuando voy a verle despu&eacute;s del colegio, Daniel vigila que yo haga bien mi trabajo, o iniciamos alg&uacute;n juego inform&aacute;tico -casi siempre con m&uacute;sica-, o escribimos cartas al ciberespacio marciano. Aunque jugamos, en general, menos que antes, porque Daniel crece y tiene menos tiempo de jugar, como todos los ni&ntilde;os, con sus tareas en el colegio y sus extra-escolares. Las extra-escolares de Daniel son un poco distintas, claro. Algo m&aacute;s de fisioterapia y de logopedia para reforzar las disciplinas escolares. Otras veces, por temporadas, toca acudir a ozonoterapia o a Tomat&iacute;s. As&iacute; que Daniel termina por ser un ni&ntilde;o tan ocupado como todos los ni&ntilde;os de hoy en d&iacute;a.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tambi&eacute;n ocurre que&nbsp;ya se ha vuelto m&aacute;s gamberro. Y le gusta pelear, y que le llenes de un fascal de cosquillas mientras se retuerce de la risa. Y en esos juegos de descargar mucha energ&iacute;a se nos van un buen rato. Tambi&eacute;n en ver pel&iacute;culas y dibujos animados, que ahora se han convertido en una afici&oacute;n del momento de la merienda. Menos ratos, pues, para el piano. Pero le sigue gustando mucho, y ha sido un juego central y esencial en su motivaci&oacute;n motriz. Amando tanto como ama la m&uacute;sica, cada sonido que consigue arrancar a las teclas, m&aacute;s o menos arm&oacute;nicos -que en &eacute;sto Daniel es muy contempor&aacute;neo- es para &eacute;l un gozo y una enorme alegr&iacute;a. Tiene varios instrumentos. Pero el chulo es el piano el&eacute;ctrico que se ve en la fotograf&iacute;a. Con &eacute;l conseguimos piezas, casi dodecaf&oacute;nicas, realmente birgueras. Nos demoramos en sesiones de improvisaci&oacute;n que en nada envidian a las profesionales, &nbsp;os lo digo yo. Y hay momentos para aporrear el teclado sin m&aacute;s, como algunos rockers hacen en plena efervescencia sublime y extasiada de su actuaci&oacute;n. </p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Casi todos los instrumentos le llaman la atenci&oacute;n a Daniel. De esto ya nos informaron bien en las primeras clases de musicoterapia a las que asisti&oacute;, cuando ten&iacute;a poco m&aacute;s de dos a&ntilde;os. Y es verdad: el tambor, los bongos, los cr&oacute;talos, la trompeta, el viol&iacute;n, &iexcl;la flauta!... cuando los oye en todos parece encontrar resonancias especiales para &eacute;l, - y con muchos de ellos le han hecho experimentar-.&nbsp; Por no hablar de su enamoramiento de la voz humana.&nbsp; Sobre todo de la voz de Mar&iacute;a Callas, su favorita. Pero el piano es especial para &eacute;l como forma de comunicaci&oacute;n, porque el piano es d&uacute;ctil, blando, &iexcl;s&oacute;lo requiere ir recorri&eacute;ndolo en horizontal para extraerle el jugo de los sonidos!- y la dificultosa motricidad fina de las manos de Daniel encuentra en &eacute;l un terreno relativamente f&aacute;cil para crecerse. Por eso le satisface tanto. Y por eso seguimos pasando tan buenos ratos en estas Daniel&acute;s piano sessions. La de la fotograf&iacute;a tuvo lugar ya el verano pasado y fue una de las memorables.</p><p align="justify">&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Thu, 31 May 2007 23:37:00 +0000</pubDate></item><item><title>Por escribir sus nombres, de V&#xED;ctor Juan</title><link>https://pandeoro.blogia.com/2007/053001-por-escribir-sus-nombres-de-v-ctor-juan.php</link><guid isPermaLink="false">https://pandeoro.blogia.com/2007/053001-por-escribir-sus-nombres-de-v-ctor-juan.php</guid><description><![CDATA[&nbsp; <p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <a href="http://www.victorjuan.net/por_escribir_sus_nombres.htm">"Por escribir sus nombres"</a> es un magn&iacute;fico t&iacute;tulo para un libro. Para una novela. La que ha escrito <a href="http://www.victorjuan.net/">V&iacute;ctor Juan</a> sobre el amor sin sitio entre Francisco Ponz&aacute;n y Palmira Pl&aacute;, durante la guerra civil espa&ntilde;ola y la segunda guerra mundial. Se presenta ma&ntilde;ana, 31 de mayo, a las 20 horas, en la Biblioteca de Arag&oacute;n, en Zaragoza, durante un acto que seguro contar&aacute; con un buen pu&ntilde;ado de amigos, entre ellos<a href="http://antoncastro.blogia.com/"> Ant&oacute;n Castro</a> y <a href="http://www.unizar.es/cce/vjuan/Jose_luis_Melero_Rivas.htm">Jos&eacute; Luis Melero</a>, que van a estar de <em>oficiantes</em> junto al autor.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; "Por escribir sus nombres" es un libro emocionado y emocionante. Se nota que a V&iacute;ctor Juan los personajes reales le han conmovido hasta el tu&eacute;tano, y eso es bueno, creo yo. Tampoco es extra&ntilde;a la devoci&oacute;n, porque ciertamente las vicisitudes personales y colectivas de <a href="http://www.unizar.es/cce/vjuan/paco_ponzan_Q.htm">Francisco Ponz&aacute;n</a> y <a href="http://www.unizar.es/cce/vjuan/palmira_memorias.htm">Palmira Pl&aacute;</a> no pueden dejar indiferente a ninguna persona de ley. Francisco Ponz&aacute;n fue disc&iacute;pulo del asesinado <a href="http://www.unizar.es/cce/vjuan/Ramon_Acin.htm">Ram&oacute;n Ac&iacute;n</a>, - delicado artista, generoso profesor y m&aacute;s generoso luchador- y, como &eacute;ste, &nbsp;de credo y vida anarquistas. Bajo este ideario se entreg&oacute; a la lucha en la guerra civil y despu&eacute;s, prolongando sus&nbsp; actuaciones en el af&aacute;n de combatir a los vencedores franquistas desde el territorio de la Francia de la segunda guerra mundial.&nbsp;&nbsp;</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Palmira Pl&aacute;, que lo conoci&oacute; en Caspe, donde permanec&iacute;a el Consejo de Defensa de Arag&oacute;n, sent&iacute;a que esa diferente forma de estar en el compromiso com&uacute;n -ella era socialista- los separaba tan inevitablemente como la propia historia, tan dif&iacute;cil, lo estaba haciendo. Am&oacute; a Francisco Ponz&aacute;n. Pero, mientras &eacute;ste hubiera querido llevarla en volandas a su lado, fuera como fuera, contra toda corriente, Palmira se impuso la disciplina y fue tan racional como la necesidad de sobrevivir le dictaba. Se amaron sin sitio, encontr&aacute;ndose y desencontr&aacute;ndose, busc&aacute;ndose y perdi&eacute;ndose, rememor&aacute;ndose y olvid&aacute;ndose, hasta que los alemanes asesinaron a Ponz&aacute;n una semana antes de la liberaci&oacute;n de Par&iacute;s, mientras Palmira velaba su prisi&oacute;n en Toulouse, de donde se lo llevaron para matarlo junto a otras cincuenta personas, quemando despu&eacute;s sus cuerpos.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Palmira era maestra comprometida. Paco un combatiente. Su historia no es m&aacute;s triste ni heroica seguramente que la de muchos de aquel entonces. Ni m&aacute;s desgarradora, con todo lo que lo es. Y V&iacute;ctor Juan lo expone con decisi&oacute;n y delicadeza, sigui&eacute;ndoles los pasos, imaginando lo que pudo suceder, cont&aacute;ndolo para que al cabo de los a&ntilde;os no lo olvidemos. Una historia de amor imposible, como muchas. A la que acompa&ntilde;a la que se cuenta entre el narrador de la novela y la abogada y librera Irene, que crece en paralelo a la novela y casi se marchita un poco por el temor y la mordaza de las experiencias. Frente a ella la historia de Francisco y Palmira es m&aacute;s imposible si cabe, pero m&aacute;s real, porque su imposibilidad no fue cobard&iacute;a o silencio, sino desesperaci&oacute;n. Y seguramente, en la novela la sombra de aquella gran historia ayuda a que la otra, la de ahora, crezca y tome vuelo porque lo contrario no hubiera sido justo para la de entonces.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un libro &eacute;ste "Por escribir sus nombres" en el que aprendemos complejidad emocional e intelectual. En el que aprendemos de la fuerza de las palabras, del vigor de un nombre que se pronuncia como una oraci&oacute;n, como una advocaci&oacute;n para seguir viviendo, tan real como la propia presencia amada. V&iacute;ctor Juan a&uacute;na relato y sentimiento po&eacute;tico, temblor, sin duda, en este libro, que yo ya he terminado de leer con tanto gusto.</p><p align="justify"></p><br /><br /><p align="justify"><em>* Un nombre pronunciado:</em> cuando yo estudiaba COU en la antigua Universidad Laboral de Zaragoza tuve una profesora de franc&eacute;s, que hablaba un franc&eacute;s dulce y excelente y contaba algunas cosas sin contarlas. Era a&uacute;n tiempo de silencio. Ella era Sol Ac&iacute;n. Yo entonces no lo sab&iacute;a, pero era la hija de Ram&oacute;n Ac&iacute;n, aquella que con su hermana Katia jugaba de peque&ntilde;a con la caja de m&uacute;sica evocada en la novela de V&iacute;ctor Juan, y que fue una de aquellos profesores de aquella extra&ntilde;a Universidad Laboral junto a los que aprend&iacute; que las cosas no eran lo que parec&iacute;an en este pa&iacute;s y que otra forma de vivir era posible. Hoy s&eacute; que la l&iacute;nea del tiempo, a pesar de todo, no se termin&oacute; pues de romper. Que a&uacute;n nos alcanz&oacute; la honestidad de aquellos que con tanto sufrimiento supieron esgrimirla y vivir o morir con dignidad.</p><br /><br /><p align="justify"></p><p align="justify"><em>*V&iacute;ctor Juan, "Por escribir sus nombres". Prames. Zaragoza. 2007.</em></p><br /><br />]]></description><pubDate>Wed, 30 May 2007 10:30:00 +0000</pubDate></item><item><title>Dos poemas de Vicente Aleixandre</title><link>https://pandeoro.blogia.com/2007/052801-dos-poemas-de-vicente-aleixandre.php</link><guid isPermaLink="false">https://pandeoro.blogia.com/2007/052801-dos-poemas-de-vicente-aleixandre.php</guid><description><![CDATA[<p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p align="justify">Sin muchas palabras dejo aqu&iacute; dos poemas de <a href="http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/aleixandre/index.htm">Vicente Aleixandre</a>, uno de los poetas con lo que aprend&iacute; donde encontrar poes&iacute;a, precisamente en los dos libros de los que traigo los dos poemas. Ven&iacute;an en una hermosa edici&oacute;n de Castalia, de p&aacute;ginas suaves y elegantes, que conservo ahora junto al mar. Es bueno que est&eacute; all&iacute;. Los t&iacute;tulos de los libros fueron en la adolescencia para m&iacute; como milagros de la imagen po&eacute;tica: "La destrucci&oacute;n o el amor" y sobre todo "Espadas como labios".<br /><br /><br /><br /><br /><strong>Poema de amor</strong> (<em> De "Espadas como labios")</em><br /><br /><br /><br />Te amo, sue&ntilde;o del viento:<br />confluyes con mis dedos olvidados del norte<br />en las dulces ma&ntilde;anas del mundo cabeza abajo<br />cuando es f&aacute;cil sonre&iacute;r porque la lluvia es blanda.<br /><br />En el seno de un r&iacute;o viajar es delicia;<br />oh peces amigos, decidme el secreto de los ojos abiertos,<br />de las miradas m&iacute;as que van a dar en la mar,<br />sosteniendo las quillas de los barcos lejanos.<br /><br />Yo os amo, viajadores del mundo, los que dorm&iacute;s sobre el agua,<br />hombres que van a Am&eacute;rica en busca de sus vestidos,<br />los que dejan en la playa su desnudez dolida<br />y sobre las cubiertas del barco atraen el rayo de la luna.<br /><br />Caminar esperando es risue&ntilde;o, es hermoso,<br />la plata y el oro no han cambiado de fondo,<br />botan sobre las ondas, sobre el lomo escamado<br />y hacen m&uacute;sica o sue&ntilde;o para los pelos m&aacute;s rubios.<br /><br />Por el fondo de un r&iacute;o mi deseo se marcha<br />de los pueblos inn&uacute;meros que he tenido en las yemas,<br />esas oscuridades que vestido de negro<br />he dejado ya lejos dibujadas en espalda.<br /><br />La esperanza es la tierra, es la mejilla,<br />es un inmenso p&aacute;rpado donde yo s&eacute; que existo.<br />&iquest;Te acuerdas? Para el mundo he nacido una noche<br />en que era suma y resta la clave de los sue&ntilde;os.<br /><br />Peces, &aacute;rboles, piedras, corazones, medallas,<br />sobre vuestras conc&eacute;ntricas ondas, s&iacute;, detenidas,<br />yo me muevo y, si giro, me busco, oh centro, oh centro,<br />camino, viajadores del mundo, del futuro existente,<br />m&aacute;s all&aacute; de los mares, en mis pulsos que laten.<br /><br /><br /><br />---------------<br /><br /><br /><br /><strong>Ma&ntilde;ana no vivir&eacute;</strong> ( <em>De "La destrucci&oacute;n o el amor")</em><br /><br /><br /><br />As&iacute; bes&aacute;ndote despacio ahogo un p&aacute;jaro,<br />ciego olvido sin dientes que no me ama,<br />casi humo en silencio que pronto es l&aacute;grima<br />cuando t&uacute; como lago quieto tendida est&aacute;s sin d&iacute;a.<br /><br />As&iacute; bes&aacute;ndote tu humedad no es pensamiento,<br />no alta monta&ntilde;a o carne,<br />porque nunca al borde del precipicio cuesta m&aacute;s el abrazo.<br /><br />As&iacute; te tengo casi filo,<br />riesgo amoroso, bot&oacute;n, equilibrio,<br />te tengo entre el cielo y el fondo<br />al borde como ser o al borde amada.<br /><br />Tus alas como brazos,<br />amorosa insistencia en este aire que es m&iacute;o,<br />casi mejillas crean o plum&oacute;n o arribada,<br />batiendo mientas me olvido de los dientes bajo tus labios.<br /><br />No me esper&eacute;is ma&ntilde;ana -olvido, olvido-;<br />no, sol, no me esper&eacute;is cuando la forma asciende al negro d&iacute;a creciente;<br />panteras ignoradas -un cad&aacute;ver o un beso-,<br />solo sonido extinto o sombra, el d&iacute;a me encuentra.<br /><br /><br /><br /><br />* <em>La imagen es el cuadro "El beso" del pintor surrealista Ren&eacute; Magritte.</em><br /></p>]]></description><pubDate>Mon, 28 May 2007 23:49:00 +0000</pubDate></item><item><title>Cochizo</title><link>https://pandeoro.blogia.com/2007/052602-cochizo.php</link><guid isPermaLink="false">https://pandeoro.blogia.com/2007/052602-cochizo.php</guid><description><![CDATA[<p>&nbsp;</p><p>Parte m&aacute;s rica de una mina (R.A.E.)</p>]]></description><pubDate>Sat, 26 May 2007 17:42:00 +0000</pubDate></item><item><title>Los ba&#xF1;istas</title><link>https://pandeoro.blogia.com/2007/052601-los-ba-istas.php</link><guid isPermaLink="false">https://pandeoro.blogia.com/2007/052601-los-ba-istas.php</guid><description><![CDATA[<p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p align="justify"></p><p align="justify"></p><p align="justify">S&eacute; que era ella. El color del pelo diferente. Las facciones algo m&aacute;s henchidas quiz&aacute;s. Han sido dos segundos. Eran sus ojos, de eso no dudo. Y era su gesto. Dedicado, en mitad de la inaudible conversaci&oacute;n, al hombre que a su lado ascend&iacute;a por la escalera mec&aacute;nica, mientras yo descend&iacute;a, bajando de inmediato la mirada para no tropezarme con el tiempo que ha pasado. El hombre, que ahora ascend&iacute;a a su lado por la escalera del centro comercial, la acompa&ntilde;aba siempre por entonces a casa, al acabar las largas tardes en la piscina, a donde la ven&iacute;a a buscar tras el trabajo. Con el rabillo del ojo ambos hemos seguido las direcciones opuestas de nuestros pasos. Nunca diremos nada. Ni siquiera he pensando qu&eacute; le habr&eacute; parecido, pasando por encima de mi, de repente, su tiempo, el de ella. Escaleras del tiempo. Ella llevaba un peluche en sus manos, envuelto de regalo. Y yo la am&eacute; todas las tardes de aquel verano, en que la ayud&eacute; a aprender a nadar.</p><p align="justify"></p><br /><br /><p align="justify">*La imagen es la de la pintura de Georges Seurat, "<em>Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte</em>" (1884-86). &Oacute;leo sobre lienzo.</p><p align="justify"></p><p align="justify"></p><br />]]></description><pubDate>Sat, 26 May 2007 17:38:00 +0000</pubDate></item><item><title>Dos poemas de Fernando Sarr&#xED;a</title><link>https://pandeoro.blogia.com/2007/052401-dos-poemas-de-fernando-sarr-a.php</link><guid isPermaLink="false">https://pandeoro.blogia.com/2007/052401-dos-poemas-de-fernando-sarr-a.php</guid><description><![CDATA[<p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>No hemos reconstruido la casa.</p><p>Afuera de sus ruinas pasa la existencia</p><p>como un r&iacute;o de innombrable mirada,</p><p>mientras que aqu&iacute;, </p><p>en el fuego de las sombras,</p><p>todav&iacute;a las noches se deshacen en la boca</p><p>con el sabor que el tiempo nos dej&oacute; </p><p>y el retorno diario del rumor de las olas.</p><p></p><p></p><p></p><br /><br /><p>-----------------</p><br /><br /><p></p><p></p><p>Vuelven los p&aacute;jaros del sur.</p><p>Quiz&aacute;s este invierno no se han ido</p><p>pero sus cantos devoran el silencio</p><p>que la ma&ntilde;ana porta en su bandeja.</p><p>Traen lo ef&iacute;mero y preciso en su latido,</p><p>el ritmo inabordable de la vida,</p><p>el &uacute;nico canto que todav&iacute;a </p><p>hace en el alba la ciudad habitable.</p><p><br /><br />&nbsp;</p><p align="justify">*Los amigos y seguidores de <a href="http://fernandosarria.blogia.com" target="_blank">Fernando Sarr&iacute;a</a> tiene hoy doble raci&oacute;n de su trabajo. Dejo aqu&iacute; dos poemas que he elegido, junto a una fotograf&iacute;a de <a href="http://joseanmelendo.blogia.com" target="_blank">Jos&eacute; Antonio Melendo</a>, &copy;: 2007.</p><br />]]></description><pubDate>Thu, 24 May 2007 05:01:00 +0000</pubDate></item><item><title/><link>https://pandeoro.blogia.com/2007/052201.php</link><guid isPermaLink="false">https://pandeoro.blogia.com/2007/052201.php</guid><description><![CDATA[<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p><p>&nbsp;</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despu&eacute;s de algunas vicisitudes, ya est&aacute; en Internet el n&uacute;mero-versi&oacute;n 14 de <a href="http://www.aragoneria.com/cronista" target="_blank">El Cronista de la Red</a>. Os adelanto aqu&iacute; sus contenidos y espero que os guste:</p><br /><br /><p align="justify"></p><ul><li><div>- Entrevista de Ra&uacute;l Trist&aacute;n a Pilar Belver, con la novela "La vendedora de tornillos" como fondo de la conversaci&oacute;n.</div></li></ul><p align="justify"></p><ul><li><div>- "Poemas" de Sergio Borau, con ilustraciones de Chema Lera</div></li></ul><p align="justify"></p><ul><li><div>- "Selecci&oacute;n de Poemas", de Magdalena Lasala, tambi&eacute;n ilustrados por Chema Lera</div></li></ul><p align="justify"></p><ul><li><div>- "Anatom&iacute;a de ti", poemas de Fernando Sarr&iacute;a y fotograf&iacute;as de Miguel Angel Latorre</div></li></ul><p align="justify"></p><ul><li><div>- "Peregrino sue&ntilde;a miedo", de Emilio Gil, con un dibujo de Chema Lera</div></li></ul><p align="justify"></p><ul><li><div>- Un Poema de Safo, traducci&oacute;n y comentario de Rafael Lobarte</div></li></ul><p align="justify"></p><ul><li><div>- Sobrenombres n&ordm; 8: Biograf&iacute;a de Od&oacute;n de Buen, por Antonio P&eacute;rez Morte, y Retablo Mayor de Zuera, por Luisa Mi&ntilde;ana</div></li></ul><p align="justify"></p><ul><li><div>- Muestra de las tallas en madera de Mariano L&oacute;pez Maisanava</div></li></ul><p align="justify"></p><ul><li><div>- "Menorca", reportaje fotogr&aacute;fico de Malatorre</div></li></ul><p align="justify"></p><ul><li><div>- Voladuras n&ordm; 3, la secci&oacute;n de Chema Lera</div></li></ul><p align="justify"></p><ul><li><div>- "Sud&aacute;frica", texto y fotograf&iacute;a de un viaje, por Mar&iacute;a Fustero y Jes&uacute;s Ruz</div></li></ul><p align="justify"></p><ul><li><div>- "Nuestras lenguas", la secci&oacute;n que conduce Marisa Lamarca</div></li></ul><p align="justify"></p><ul><li><div>- Libros en Arag&oacute;n: rese&ntilde;as de "En el Remolino" de Jos&eacute; Antonio Labordeta y "Aprendizajes tard&iacute;os" de Fernando A&iacute;nsa</div></li></ul><p align="justify"></p><ul><li><div>- "Nuevas Miradas", dibujos de Sergio Moreno.</div></li></ul><p align="justify"></p><p align="justify"></p><br /><br />]]></description><pubDate>Tue, 22 May 2007 05:50:00 +0000</pubDate></item><item><title>Cocc&#xED;neo</title><link>https://pandeoro.blogia.com/2007/052102-cocc-neo.php</link><guid isPermaLink="false">https://pandeoro.blogia.com/2007/052102-cocc-neo.php</guid><description><![CDATA[<p>&nbsp;</p><p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Purp&uacute;reo, de color p&uacute;rpura (viene del lat&iacute;n <em>coccineus</em>, grana) (R.A.E.)</p>]]></description><pubDate>Mon, 21 May 2007 13:58:00 +0000</pubDate></item><item><title>Dos recomendaciones (con permiso)</title><link>https://pandeoro.blogia.com/2007/052101-dos-recomendaciones-con-permiso-.php</link><guid isPermaLink="false">https://pandeoro.blogia.com/2007/052101-dos-recomendaciones-con-permiso-.php</guid><description><![CDATA[<p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p align="justify">&nbsp;</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La primera recomendaci&oacute;n es esta vi&ntilde;eta de El Roto, publicada hoy por El Pa&iacute;s, tanto en su edici&oacute;n impresa (pag. 17) como <a href="http://www.elpais.com/vineta/?d_date=20070521&amp;autor=El%20Roto&amp;anchor=elpporopi&amp;xref=20070521elpepivin_5&amp;type=Tes&amp;k=Roto">digital</a>. No creo que haya que a&ntilde;adir comentario alguno.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La segunda recomendaci&oacute;n, si se me permite, es un art&iacute;culo de la escritora y catedr&aacute;tica de Literatura, Carm&eacute; Riera, que aparece en la misma p&aacute;gina de la edici&oacute;n impresa de El Pa&iacute;s, aunque es de suscripci&oacute;n en la digital. El art&iacute;culo se titula "<strong>M&aacute;s despensa que escuela</strong>" y cuenta su convicci&oacute;n de que tanto ella como un grupo de antiguos colegas y amigos, que se re&uacute;nen desde hace d&eacute;cadas en una tertulia peri&oacute;dica, surgida al albur de unas oposiciones acad&eacute;micas, se equivocaron en los pret&eacute;ritos a&ntilde;os setenta de la transici&oacute;n, cuando dec&iacute;an que "el problema de nuestro pa&iacute;s, a la cola de Europa todav&iacute;a en los setenta, s&oacute;lo se solucionar&iacute;a con una ense&ntilde;anza de calidad, igualitaria y obligatoria, que consider&aacute;bamos condici&oacute;n indispensable para el cambio social o incluso de la educaci&oacute;n hac&iacute;amos depender la renta <em>per c&aacute;pita</em>".</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Carm&eacute; Riera ha sido durante todos estos a&ntilde;os la encargada de mantener una especie de actas de esas tertulias, donde ha ido recogiendo temas y opiniones abordadas. Revisa ahora sus cuadernos, acometida por la inclinaci&oacute;n melanc&oacute;lica a la que la conduce el fallecimiento de uno de los amigos y la edad, asegura ella. "La educaci&oacute;n, quiz&aacute; porque &eacute;ramos profesores, nos parec&iacute;a a todos tan fundamental como la sanidad o m&aacute;s, pues entend&iacute;amos por educaci&oacute;n, una formaci&oacute;n integral del individuo que le capacitara para el ejercicio de la libertad que otorga el conocimiento de deberes y derechos, adem&aacute;s de convertirle en un buen catador de bienes culturales de esos que sirven para el disfrute an&iacute;mico, pues cre&iacute;amos a pies juntillas que no s&oacute;lo de pan vive el hombre. A estas alturas, cualquiera puede observar que nos equivocamos".</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Admite Carm&eacute; Riera el triunfo en cuanto a escolarizaci&oacute;n y erradicaci&oacute;n del analfabetismo. Admite el avance de la sociedad del bienestar, sin duda. Pero interpone su convicci&oacute;n de fracaso a la hora de dotar a la ciudadan&iacute;a de valores educativos reales, que conllevan el ejercicio de responsabilidad que implica, "por ejemplo, no conducir borracho, no asestar una pu&ntilde;alada a la parienta porque no acepta la superioridad masculina, o saber discernir entre un programa de telebasura y otro que no lo es y optar por &eacute;ste &uacute;ltimo". Su desesperanza le hace concluir su art&iacute;culo: "Esa <em>escuela y despensa</em> imprescindibles para el progreso, de las que hablaba Joaqu&iacute;n Costa y tambi&eacute;n los institucionalistas y regeneracionistas, con los que los antifranquistas nos sent&iacute;amos entroncados, se ha quedado s&oacute;lo en despensa... De los garbanzos, que, seg&uacute;n don Juan de Valera, embotaban el cerebro de los espa&ntilde;oles y por eso eran tan duros de mollera, hemos ido a parar a la comida basura... Pero, vivimos, aseguran, en el mejor de los mundos posibles y la econom&iacute;a espa&ntilde;ola sigue creciendo. Con el est&oacute;mago lleno, la carencia de escuela o lo que es lo mismo el desastre nacional de la ense&ntilde;anza, cuyos malos resultados nos colocan a la cola de Europa, no parece preocupar demasiado a los ciudadanos. Tampoco a nuestros gobernantes, incapaces de llegar en todos estos a&ntilde;os a un pacto de Estado sobre educaci&oacute;n. El cuaderno de nuestra tertulia confirma hasta que punto nos equivocamos en las previsiones".</p><p align="justify"></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; (Carm&eacute; Riera: "M&aacute;s despensa que escuela", El Pa&iacute;s, lunes, 21 de mayor de 2007, p&aacute;gina 17).</p><p align="justify">&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Mon, 21 May 2007 10:34:00 +0000</pubDate></item><item><title>Federico</title><link>https://pandeoro.blogia.com/2007/051901-federico.php</link><guid isPermaLink="false">https://pandeoro.blogia.com/2007/051901-federico.php</guid><description><![CDATA[<p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>Verte desnuda es recordar la Tierra,</p><p>la Tierra lisa, limpia de caballos.</p><p>La Tierra sin un junco, forma pura,</p><p>cerrada al porvenir: conf&iacute;n de plata.</p><br /><p></p><p></p><p>Verte desnuda es comprender el ansia</p><p>de la lluvia que busca d&eacute;bil talle,</p><p>o la fiebre del mar de inmenso rostro</p><p>sin encontrar la luz de su mejilla.</p><br /><p></p><p>La sangre sonar&aacute; por las alcobas</p><p>y vendr&aacute; con espadas fulgurantes,</p><p>pero t&uacute; no sabr&aacute;s donde se ocultan</p><p>el coraz&oacute;n de sapo o la violeta.</p><br /><p></p><p>Tu vientre es una lucha de ra&iacute;ces,</p><p>tus labios son un alba sin contorno.</p><p>Bajo las rosas tibias de la cama</p><p>los muertos gimen esperando turno.</p><br /><br /><p></p><p></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta es la Casida IV, que lleva por t&iacute;tulo "De la mujer tendida", incluida por Federico Garc&iacute;a Lorca en el "Div&aacute;n del Tamarit", un espl&eacute;ndido libro, no tan nombrado como "Poeta en Nueva York" o "Romancero gitano", pero clave para entender la iconograf&iacute;a, el mundo emocional y tel&uacute;rico de Lorca. </p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hac&iacute;a tiempo que no rele&iacute;a a Federico. Siempre, desde la adolescencia, Lorca fue Federico. Aleixandre era el Aleixandre susurrado de Wellingtonia, como Cernuda era el rom&aacute;ntico que nos ligaba a Europa, o Alberti, &nbsp;Rafael Alberti, el que volv&iacute;a a casa y ador&aacute;bamos por los teatros. Lorca era Federico. Ya legendario ahora, ya enseguida como de la familia. Cuando en las conversaciones de bares, de parques, de pasillos en la vieja Facultad de Letras, habl&aacute;bamos y habl&aacute;bamos, y nos deshac&iacute;amos en ganas de desmenuzar el imaginario lorquiano, las pasiones lorquianas, el arte lorquiano, s&oacute;lo dec&iacute;amos: porque Federico... Hab&iacute;a m&aacute;s, bastantes m&aacute;s poetas pegados en nuestros talones. Pero Federico era "el poeta". Hoy s&eacute; que a&ntilde;adir&iacute;a cosas a aquella visi&oacute;n y a aquel sentimiento de adolescente y de jovenzuela, cosas que seguramente vuelven mucho m&aacute;s terrenal al &iacute;dolo. Pero tambi&eacute;n s&eacute; que dos de mis experiencias m&aacute;s preciosas y precisas con la literatura, se las debo a Federico.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La m&aacute;s antigua fue la adquisici&oacute;n de "Do&ntilde;a Rosita o el lenguaje de las flores", en la colecci&oacute;n Cl&aacute;sicos de Austral, de color rosa. Baj&eacute; desde mi barrio fronterizo de Col&oacute;n, entre San Jos&eacute; y Torrero, a la Librer&iacute;a General a comprarlo, por recomendaci&oacute;n de mi profesora de literatura, cuando le pregunt&eacute; qu&eacute; pod&iacute;a leer de Lorca. Empieza de momento por esto, me dijo. No s&eacute;, tendr&iacute;a trece a&ntilde;os, creo. En aquella clase se le&iacute;a bastante en voz alta. Y se ley&oacute; a Lorca en varias horas: La Zapatera Prodigiosa. Me qued&eacute; con las ganas, claro. La Librer&iacute;a General estaba entonces, si no recuerdo mal, casi pegada a la Plaza de Espa&ntilde;a de Zaragoza, por donde anda hoy un concurrido Caf&eacute;. Lo compr&eacute; con emoci&oacute;n, aunque el dependiente se extra&ntilde;ara, recuerdo. Y comenc&eacute; con emoci&oacute;n a leerlo ya mientras volv&iacute;a a casa. Tan distinto a Dickens..., dec&iacute;a yo, en aquel momento en que acababa de zamparme, llorando a moco tendido en mi cuarto, "Oliver Twist". El mundo se ampliaba a pasos agigantados. El lenguaje lorquiano me dej&oacute; de un aire.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Unos a&ntilde;os despu&eacute;s fue, cuando, ya estudiante de Historia en esa Facultad de Letras, cuyo edificio hoy se tambalea e inevitable referente siempre, durante varias sesiones vespertinas,&nbsp;Rafa, Lope y yo misma&nbsp;nos dedicamos, sentados invariablemente en la misma mesa de un bar cutre -con solera, dec&iacute;amos- de la calle Hero&iacute;smo, a desmembrar cuanto pudimos el "Romance son&aacute;mbulo". Nos agot&oacute;. Era para nosotros un mundo inabarcable, cada vez m&aacute;s hondo, m&aacute;s cuajado de iconos, propuestas y sentimientos que se entrelazaban, que se abr&iacute;an unos a otros como puertas a campos batallados, que se llenaban de signos, de fuerzas naturales, de tragedia. Desentra&ntilde;ar las met&aacute;foras lorquianas nos agot&oacute;. Y no dejo de temblar todav&iacute;a al recordar aquellas tardes, aunque hoy vea ya de otra manera toda esa iconograf&iacute;a.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Seguramente le deba a Federico mi convicci&oacute;n de que la literatura no puede separar pensamiento y emoci&oacute;n y honestidad. Perogrullo, me dir&eacute;is. A menudo no lo es tanto.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; S&oacute;lo una cosa m&aacute;s. Tengo una espina gigantesca. Nunca he visto una representaci&oacute;n de "El P&uacute;blico". Me perd&iacute; la de Lluis Pasqual y creo que nunca me lo perdonar&eacute;.</p><p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p><p></p><p>Hay una ra&iacute;z amarga</p><p>y un mundo de mil terrazas.</p><br /><p></p><p>Ni la mano m&aacute;s peque&ntilde;a</p><p>Quiebra la puerta del agua.</p><br /><p></p><p>&iquest;D&oacute;nde vas, ad&oacute;nde, d&oacute;nde?</p><p>Hay un cielo de mil ventanas</p><p>-batalla de abejas l&iacute;vidas-</p><p>y hay un ra&iacute;z amarga.</p><br /><p></p><p>Amarga.</p><br /><p></p><p>Duele en la planta del pie</p><p>el interior de la cara,</p><p>y duele en el tronco fresco</p><p>de noche reci&eacute;n cortada.</p><br /><p></p><p>&iexcl;Amor, enemigo m&iacute;o,</p><p>muerde tu ra&iacute;z amarga!</p><br /><br /><p></p><p></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Este &uacute;ltimo poema se llama "De la ra&iacute;z amarga", y es la Gacela VI de "Div&aacute;n de Tamarit".</p><br /><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; * <a href="http://des-almada.blogspot.com" target="_blank">Mar&iacute;a Manuela</a> ha subido un post sobre im&aacute;genes, recuerdos y fotograf&iacute;as. Recuerdos. Ella dice que le habr&aacute; dado por ah&iacute; porque es su cumplea&ntilde;os. As&iacute; que sirvan estos otros recuerdos como muy cari&ntilde;osa felicitaci&oacute;n por mi parte.</em></p><p align="justify"></p><p align="justify"></p><p align="justify">&nbsp;</p><br />]]></description><pubDate>Sat, 19 May 2007 17:08:00 +0000</pubDate></item><item><title>Daniel planta patatas</title><link>https://pandeoro.blogia.com/2007/051801-daniel-planta-patatas.php</link><guid isPermaLink="false">https://pandeoro.blogia.com/2007/051801-daniel-planta-patatas.php</guid><description><![CDATA[<br /><br /><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Supongo que no es muy f&aacute;cil para quienes no est&aacute;n familiarizados con el trato de ni&ntilde;os con discapacidades imaginar c&oacute;mo es por dentro un colegio de Educaci&oacute;n Especial. Muy posiblemente, ni siquiera los mismos profesionales de la educaci&oacute;n en general, que comprender&aacute;n sin duda la organizaci&oacute;n b&aacute;sica del colegio, sabr&aacute;n posiblemente, sin embargo, qu&eacute; tipo de especificidades hay que desarrollar para que la vida diaria en el centro resulte normal. Salvando la distancia, es un poco el mismo camino previo que hay recorrer para que en el hogar todo acabe siendo razonablemente normal. Es una cuesti&oacute;n de readaptaci&oacute;n. <br /><br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Daniel acude al Colegio de Educaci&oacute;n Especial Angel Riviere. Es un centro peque&ntilde;o, con mucho sabor, muy alegre, con aulas proporcionadas al n&uacute;mero de ni&ntilde;os. Tiene cosas que creo mejorables, como siempre ocurre. Y no digo que no haya habido algunos problemas puntuales, pero la verdad es que cuando Daniel lleg&oacute; all&iacute;, despu&eacute;s de una experiencia bastante decepcionante en otro centro, cambiaron para &eacute;l muchas cosas. <br /><br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tienen aqu&iacute; muy bien establecidas las rutinas diarias, - pilar esencial para la orientaci&oacute;n temporal y espacial de estos cr&iacute;os-, y en ellas se van insertando las diferentes actividades que ha de realizar cada uno diariamente, seg&uacute;n sus edades y posibilidades. Daniel trabaja mucho con el ordenador, porque desarrolla muy buena relaci&oacute;n con &eacute;l. Aprende all&iacute; a organizar conceptos, a dar respuestas adecuadas a preguntas, a manifestar su voluntad hacia las cosas y las personas, oye m&uacute;sica, etc. Todo ello requiere una adaptaci&oacute;n del aparato a la motricidad de Daniel: un pulsador de palanca, un programa de voz para que &eacute;l pueda escuchar las propuestas a las que debe responder, y cosas as&iacute;. Trabajar en el ordenador es casi un premio para Daniel, que a veces hay que limitarle cuando no le da la gana de colaborar en otras actividades. Porque Daniel es bastante pasota para las cosas que no le hacen til&iacute;n del todo. <br /><br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Muchas horas han de dedicarse a la fisioterapia, la logopedia, a la estimulaci&oacute;n. El Colegio Angel Riviere ha montado en estos dos &uacute;ltimos a&ntilde;os una magn&iacute;fica aula de estimulaci&oacute;n sensorial que para los ni&ntilde;os es ya algo imprescindible. En ella reciben estimulaci&oacute;n f&iacute;sica e intelectual al tiempo que se divierten mucho. <br /><br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La hora del comedor tiene sus particularidades: unos mastican, otros no. Unos pueden coger los cubiertos, muchos no. Y adem&aacute;s, hay que aprovechar tambi&eacute;n el acto de la comida para estimular reflejos si es preciso: el de masticaci&oacute;n, la degluci&oacute;n. Pero todo tambi&eacute;n se convierte en normal cuando lo vas haciendo diariamente.<br /><br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay otras actividades que se aproximan m&aacute;s a las que se realizan en cualquier escuela. Hay taller de lectura, de escritura (para los que pueden, claro), se hace teatro -algunos alumnos empiezan a usar unos adaptadores de voces donde se graba lo que han de decir- y se juega, mucho, porque el juego es muy integrador y despierta la voluntad de ejercer en los ni&ntilde;os sus pericias. Una preferencia absoluta de Daniel, pareja al ordenador, son los columpios. Daniel vivir&iacute;a en una monta&ntilde;a rusa.<br /><br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La &uacute;ltima actividad puesta en marcha es el jard&iacute;n y el huerto. Se pidi&oacute; colaboraci&oacute;n de las familias que pudieran para poner en marcha esos pedazos de naturaleza dentro del colegio. Y ya van realizando los primeros trabajos. El otro d&iacute;a fuimos a buscar a Daniel al colegio y all&iacute; estaba con otros chicos, eligiendo y organizando unas petunias para plantar. Y en la foto que han enviado desde el centro se le puede ver en plena tarea de plantar una patata. Una actividad normal para una educaci&oacute;n especial normal.</p><p align="justify"></p>]]></description><pubDate>Fri, 18 May 2007 13:28:00 +0000</pubDate></item><item><title>La explicaci&#xF3;n</title><link>https://pandeoro.blogia.com/2007/051501-la-explicaci-n.php</link><guid isPermaLink="false">https://pandeoro.blogia.com/2007/051501-la-explicaci-n.php</guid><description><![CDATA[<br><br><p></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; He llegado a buena marcha hasta el final de la calle. Y eso que el final de la calle quedaba para m&iacute; en lo m&aacute;s lejano.&nbsp; Cerca de la orilla del parque, junto al puente que sobrevuela la autopista, un hombre vestido de pantal&oacute;n marr&oacute;n y&nbsp; camiseta verde ha estado mirando largo rato como temblaban las s&aacute;banas blancas tendidas bajo unas ventanas. Lo he visto mientras segu&iacute;a hacia el puente que sobrevuela la autopista. Blanco de las s&aacute;banas sobre el gris y el rosa urbanos de un edificio al que este hombre que lo mira ha significado. Yo no hubiera visto las s&aacute;banas, por muy blancas que fueran, si el hombre de marr&oacute;n y verde y deportivas azules no las hubiera estado mirando. Si han sido suyas las s&aacute;banas alguna vez en su cama, no lo sabr&eacute; jam&aacute;s. Ahora parec&iacute;a un hombre hu&eacute;rfano de s&aacute;banas. He traspasado el puente que vuela sobre la autopista y he cruzado a la acera de enfrente. Regreso sobre mis pasos, pero el hombre sin s&aacute;banas ya no estaba mir&aacute;ndolas. Bajo el puente, una s&aacute;bana blanca se aquietaba en la tarde sobre un perfil humano y el asfalto. He tropezado entonces y he tenido que detenerme para recolocarme la zapatilla que se me ha salido del pie, mientras las ambulancias y la polic&iacute;a a toda velocidad cerraban el par&eacute;ntesis y, por eso, casi no te o&iacute;a cuando me has llamado para recordarme que hab&iacute;a que comprar pan.</p><p align="justify"></p><br /><br /><p align="justify"><em>* La imagen es de una pintura de Mar&iacute;a Teresa Larrain, titulada Ropa Tendida II y esta colgada en la web de la </em><a href="http://www.delcerro.cl/contacto.htm" target="_blank"><em>Galer&iacute;a del Cerro</em></a><em>.</em></p><p align="justify"><em></em></p><p align="justify">&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Tue, 15 May 2007 12:06:00 +0000</pubDate></item><item><title>Cloque</title><link>https://pandeoro.blogia.com/2007/051102-cloque.php</link><guid isPermaLink="false">https://pandeoro.blogia.com/2007/051102-cloque.php</guid><description><![CDATA[<p>Garfio enastado que sirve para enganchar los at&uacute;nes en las almadrabas (R.A.E)</p><p>&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Fri, 11 May 2007 19:07:00 +0000</pubDate></item><item><title>Titirimundi</title><link>https://pandeoro.blogia.com/2007/051101-titirimundi.php</link><guid isPermaLink="false">https://pandeoro.blogia.com/2007/051101-titirimundi.php</guid><description><![CDATA[<p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p align="justify">Estos d&iacute;as se celebra en Segovia el festival de t&iacute;teres, <a href="http://www.titirimundi.com/">Titirimundi</a>, que cumple este a&ntilde;o su vig&eacute;simo primera edici&oacute;n. La ciudad entera se convierte en escenario de las representaciones, farsas e historias que discurren en manos de t&iacute;teres, marionetas, mimos, titiriteros, actores, m&uacute;sicos y gentes en general de similar ralea. La fiesta es tan explosiva que su influencia llega a otros muchos puntos de la geograf&iacute;a de Castilla y Le&oacute;n y de la Comunidad de Madrid. Del todo recomendable para el que pueda asistir a alguna de la sesiones de m&aacute;gica far&aacute;ndula. Y quienes no podamos, nos daremos m&aacute;s de una vuelta por la web que nos las cuenta y sentiremos una arlequinesca melancol&iacute;a.<br /><br />No s&eacute; cu&aacute;ndo me empezaron a conquistar los t&iacute;teres y marionetas. Supongo que al principio me gustaban como les gustan a todos los ni&ntilde;os. Luego esa fascinaci&oacute;n por el mu&ntilde;eco en movimiento, con su capacidad de remedar historias de los hombres y sublimarlas o ridiculizarlas sin compromiso, con entera libertad, me fue llevando ya a un inter&eacute;s de otro tipo, digamos un poco m&aacute;s elaborado. Sin embargo, he de reconocer que mi relaci&oacute;n con los t&iacute;teres y marionetas es mucho m&aacute;s emocional que intelectual. Me gustan en s&iacute; mismos, como objetos. Pero adem&aacute;s para m&iacute; son m&aacute;gicos. Como lo han sido en realidad desde el comienzo de su historia entre los humanos, puesto que su origen parece estar ligado a todas luces con las ceremonias y creencias religiosas: en Egipto, en China, en India, en Turqu&iacute;a, o luego ya en Grecia y Roma. El cristianismo los desterr&oacute; luego de su mundo, mas ellos resurgieron.<br /><br />A lo largo de la historia ni t&iacute;teres ni titiriteros han tenido buena prensa. Siempre han sido mirados de reojo y con mucho resquemor por los poderes establecidos. Incluso han sido prohibidos en varias &eacute;pocas. Su ligaz&oacute;n con los seres humanos es, no obstante, mucho m&aacute;s importante de lo que cualquier poder puede manipular. Tiene que ver con lo que no llegamos a explicarnos. Con nuestros espejos. Con nuestra necesidad de conjurarnos en historias que nos exorcicen del tiempo, del espacio y de su fatalidad. El t&iacute;tere pertenece al mismo rango expresivo que la pintura, el teatro, el cine, el video: nos cuentan cosas de nosotros mismos mediante im&aacute;genes subyugantes. Sobre todo al de los tres &uacute;ltimos, porque el t&iacute;tere necesita tambi&eacute;n movimiento para completar su poder. Acaso el primer t&iacute;tere fue el mismo hombre prehist&oacute;rico en su cueva, es decir la sombra de ese hombre. Por eso un t&iacute;tere quieto, una marioneta en reposo, tiene algo perturbador que desaparece en cuanto se mueve. Por eso nos fascina tanto la relaci&oacute;n de los mu&ntilde;ecos y sus manipuladores, cuando &eacute;stos se convierten a su vez en parte del espect&aacute;culo, desde los actores que act&uacute;an junto a los t&iacute;teres y marionetas hasta los ventr&iacute;locuos.</p><br /><br /><p align="center"><img src="/upload/20070511185306-marioneta-350.jpg" border="1" width="308" height="350" /></p><br /><br /><p align="justify">Tengo en casa algunas marionetas. Todas, menos una, me las han regalado amigos generosos que me conocen. La &uacute;ltima ha venido desde Birmania en manos de Marisa Lamarca y es la que pongo en la fotograf&iacute;a. La m&aacute;s rara es una marioneta que me representa a mi misma. La hicieron hace bastantes a&ntilde;os otros amigos con sus propias manos y es una imagen muy aproximada de c&oacute;mo era yo entonces, cigarrillo incluido. Todas mis marionetas est&aacute;n a la vista, excepto &eacute;sta: porque el tiempo ha pasado para ella igual que para m&iacute;, y no quiero verla. Me hace pensar cosas extra&ntilde;as. Nunca he sabido si agradecerles el regalo o no a mis amigos, la verdad. La hicieron de barro, como dios al hombre y a la mujer.<br /><br />En <a href="http://www.titirimundi.com/">Titirimundi</a> participan dos compa&ntilde;&iacute;as aragonesas de renombre internacional: <a href="http://www.titiriteros.com/">Los Titiriteros de Bin&eacute;far</a> y <a href="http://www.teatroarbole.es/index2.htm">Teatro Arbol&eacute;</a>. Precisamente hace unos poquitos d&iacute;as compr&eacute; en <a href="http://www.calamo.com/">C&aacute;lamo</a> un libro editado por Teatro Arbol&eacute;, en su colecci&oacute;n Librititeros, que estoy leyendo con sumo inter&eacute;s: "T&iacute;teres: historia, teor&iacute;a y tradici&oacute;n", del cubano Freddy Artiles, investigador teatral especializado en el teatro de t&iacute;teres y para ni&ntilde;os. El libro se estructura en tres partes bien diferenciadas: en la primera Artiles traza un recorrido por la historia universal del t&iacute;tere a trav&eacute;s de las diferentes civilizaciones y &eacute;pocas. En la segunda cuenta las formas tradicionales del teatro de t&iacute;teres, como el Karagoz turco, el bunraku de Jap&oacute;n, las representaciones chinas, los pupi sicilianos o los t&iacute;teres africanos. Y finalmente, en la tercera parte se centra en cuestiones te&oacute;ricas y de t&eacute;cnica de manipulaci&oacute;n. Todo ello con un mont&oacute;n de fotos muy interesantes. Si os gustan los mo&ntilde;acos, este libro es una gozada.<br /><br /><br />** <em>Actualizaci&oacute;n</em>: <a href="http://des-almada.blogspot.com" target="_blank">Mar&iacute;a Manuela</a> ha recordado en su comentario la canci&oacute;n de Serrat, <a href="http://www.trovadores.net/nc.php?NM=1915">El Titiritero</a>. Iba a copiar aqu&iacute; la letra, pero mejor dejo el enlace a Cancioneros.com, donde aparece y podeis leerla.&nbsp; Hay una versi&oacute;n en un video de Youtube, pero es que es muy mala.<br /><br />* La primera imagen viene desde la web de Titirimundi.</p>]]></description><pubDate>Fri, 11 May 2007 18:54:00 +0000</pubDate></item><item><title>En camilla por la autopista</title><link>https://pandeoro.blogia.com/2007/051001-en-camilla-por-la-autopista.php</link><guid isPermaLink="false">https://pandeoro.blogia.com/2007/051001-en-camilla-por-la-autopista.php</guid><description><![CDATA[<p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p align="justify"><em>"El tetrapl&eacute;jico de Ferrol, Jos&eacute; Antonio Navarro, quien fue interceptado por la polic&iacute;a mientras circulaba en su camilla motorizada por una autov&iacute;a cuando se dirig&iacute;a a un prost&iacute;bulo, ha pedido hoy que se establezcan "m&aacute;s autobuses o taxis adaptados"a minusv&aacute;lidos para evitar incidentes como el que &eacute;l protagoniz&oacute;.</em></p><p align="justify"><em>Navarro, que padece una discapacidad que afecta al 95% de su cuerpo, fue localizado el pasado viernes por una patrulla de la polic&iacute;a local de Nar&oacute;n cuando circulaba en su camilla motorizada en la autov&iacute;a AG-64, que comunica Ferrol con la localidad lucense de Vilalba.</em></p><p align="justify"><em>Seg&uacute;n ha relatado, esa tarde sali&oacute; del Centro de Atenci&oacute;n de Minusv&aacute;lidos F&iacute;sicos de Sampedro de Leixa, donde reside en r&eacute;gimen abierto desde hace varios a&ntilde;os, para dirigirse a un prost&iacute;bulo ubicado en las proximidades.</em></p><p align="justify"><strong><em>Se equivoc&oacute; de acceso</em></strong></p><p align="justify"><em>Sobre su silla-camilla motorizada, que &eacute;l mismo maneja con la boca, recorri&oacute; varios kil&oacute;metros de carretera hasta alcanzar una rotonda en la que, por error, tom&oacute; la salida equivocada y se adentr&oacute; en la autov&iacute;a. Al percatarse, nada pudo hacer: "Como no pod&iacute;a dar la vuelta para evitar accidentes, tir&eacute; todo hacia adelante", ha explicado.</em></p><p align="justify"><em>El portavoz de la polic&iacute;a local de Nar&oacute;n, Luis Bodel&oacute;n, ha indicado que, cuando fue interceptado por la patrulla de la polic&iacute;a, Navarro "hab&iacute;a recorrido ya cerca de dos kil&oacute;metros" de la autov&iacute;a ya que, seg&uacute;n ha precisado, el veh&iacute;culo en el que se desplaza puede alcanzar una velocidad de 20 kil&oacute;metros por hora.</em></p><p align="justify"><em>La patrulla policial desplazada hasta el lugar, se llev&oacute; al discapacitado en una ambulancia y, posteriormente, en un veh&iacute;culo de Protecci&oacute;n Civil, y trasladaron su silla hasta el centro en el que reside, donde lo recibieron, record&oacute;, "de cachondeo".</em></p><p align="justify"><em>Navarro, que acostumbra a salir diariamente del centro para pasear por las inmediaciones, se ha quejado de lo "lejos" que est&aacute; del n&uacute;cleo urbano y de la escasa se&ntilde;alizaci&oacute;n. Por ello, ha demandado que se establezca una l&iacute;nea de autobuses o "taxis adaptados" para que los internos del centro puedan salir a la calle sin correr riesgos."</em></p><p></p><br /><p align="justify">-----------------------------</p><br /><p align="justify">Buena parte de la prensa de hoy se hace eco de la noticia que reproduzco arriba desde <a href="http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&amp;idioma=CAS&amp;idnoticia_PK=404105&amp;idseccio_PK=1014" target="_blank">El Peri&oacute;dico</a>. Las versiones que he le&iacute;do son diversas. Esta de El Peri&oacute;dico recalca con intenci&oacute;n que el protagonista del hecho se dirig&iacute;a a un prost&iacute;bulo. Seguramente han querido a&ntilde;adir un elemento chusco al tema, puesto que esta noticia aparece en la secci&oacute;n !Vaya Mundo!, junto a esta otra:&nbsp;"Presentado un dispensador de papel higi&eacute;nico de oro y diamantes valorado en 100.000 euros". Reconozco lo chocante del asunto de la camilla, pero &iexcl;ya les vale!. </p><p align="justify">El caso es que a mi me da igual a donde fuera este hombre en su original veh&iacute;culo. Tiene el mismo derecho que cualquiera a ir donde le de la gana. El sabr&aacute;. Y con lo que me quedo es con su llamamiento sobre la escasez de veh&iacute;culos p&uacute;blicos adaptados: autobuses o taxis. </p><p align="justify">Los autobuses son a todas luces insuficientes y&nbsp;s&oacute;lo &uacute;tiles si tienes una ruta muy establecida y a horarios fijos, y a&uacute;n as&iacute; hay que hacer lista de espera (por lo menos en Zaragoza). Y los taxis adaptados, -cada vez menos porque ning&uacute;n propietario de taxi adapta su veh&iacute;culo sin subvenci&oacute;n y &eacute;stas escasean,- le salen al usuario por un ojo de la cara, precisamente porque esas subvenciones son esquel&eacute;ticas. Como son caros se usan poco, y como se usan poco, son caros.</p><p align="justify">En fin, que al cabo cada cual se resuelve el problema como puede (v&eacute;ase el caso del que partimos). Aunque circular con veh&iacute;culo adaptado, del tipo que sea, tampoco es f&aacute;cil, como ya he dicho otras veces. Este hombre, por lo menos, se lo lleva incorporado. Y desde luego hay que alabarle el derroche de imaginaci&oacute;n y la destreza en la conducci&oacute;n (aunque esta vez se haya pasado un pel&iacute;n meti&eacute;ndose en una autov&iacute;a).</p><br /><br /><p align="justify">&nbsp;</p><p align="justify"><em>* La foto es de EFE.<br /></em></p>]]></description><pubDate>Thu, 10 May 2007 15:32:00 +0000</pubDate></item><item><title>&#xA1;Me rindo!</title><link>https://pandeoro.blogia.com/2007/050901--me-rindo-.php</link><guid isPermaLink="false">https://pandeoro.blogia.com/2007/050901--me-rindo-.php</guid><description><![CDATA[<p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No me voy de Blogia. Todav&iacute;a no estoy preparada para ello. Estoy unida sentimentalmente a este alojamiento. Desde &eacute;l os he encontrado a muchos de vosotros. As&iacute; que pienso en irme y me dan las siete cosas. Adem&aacute;s Blogia es de aqu&iacute;, de mi tierra; la han construido gentes de Arag&oacute;n. Y s&eacute;, seg&uacute;n me dicen, que sus responsables hacen todo lo que pueden. Pero yo ya no puedo m&aacute;s. Llevo m&aacute;s de un mes soportando que desde el mediod&iacute;a (hora de Espa&ntilde;a) el Pandeoro se recauchute en el horno, sin que se pueda abrir la puerta m&aacute;s que de casualidad. No volvemos a la normalidad hasta la madrugada. No me parece una situaci&oacute;n de recibo para los que ven&iacute;s hasta aqu&iacute;. Me parece una falta de respeto hacia vosotros. Y de &eacute;so me siento responsable. Yo ya s&eacute; que no son &eacute;sos los par&aacute;metros con los que funciona la red de redes, donde priman los condicionantes t&eacute;cnicos. Pero es cierto que en un blog se establecen corrientes de simpat&iacute;a, de afecto, se comparten opiniones, se dirimen temas, y sobre todo hay algui&eacute;n que est&aacute; ofreciendo algo a unos lectores, amigos o no. No puede ser que un d&iacute;a s&iacute; y otro tambi&eacute;n, quien quiera llegar a esta p&aacute;gina se encuentre con la puerta en las narices. Yo me siento mal con ello. Aparte de los malos ratos que se pasa intentando subir un post, durante horas, sin llegar a conseguirlo.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No me voy de Blogia, de momento. He creado un blog paralelo, que tiene el mismo nombre: Pandeoro. Ni es clon, ni gemelo. Porque empieza desde ahora y tiene otra cara. Adem&aacute;s todav&iacute;a no est&aacute; terminado del todo: faltan enlaces y dem&aacute;s. Pero a partir de ya voy a ir duplicando los post en uno y otro. As&iacute; que cuando Blogia dormite, pod&eacute;is ir a este otro Pandeoro. O directamente all&iacute;, como quer&aacute;is. Ya ver&eacute; con cu&aacute;l me quedo al final, o en que acaba este invento de duplicidades. Universos paralelos: cuerda floja.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pido disculpas a todos por las molestias. </p><p>&nbsp;</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El otro Pandeoro: <a href="http://luisamr.blogspot.com" target="_blank">http:luisamr.blogspot.com</a>&nbsp; (pandeoro no estaba disponible: entend&iacute; bien a <a href="http://jcuarteronoestadisponible.blogia.com" target="_blank">Javier Cuartero</a>).</p>]]></description><pubDate>Wed, 09 May 2007 13:24:00 +0000</pubDate></item><item><title>Una vieja historia - y 2</title><link>https://pandeoro.blogia.com/2007/050801-una-vieja-historia-y-2.php</link><guid isPermaLink="false">https://pandeoro.blogia.com/2007/050801-una-vieja-historia-y-2.php</guid><description><![CDATA[<p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Segu&iacute;a sofocada y algo descontrolada cuando volv&iacute;a a casa. Se hab&iacute;a aventurado a la calle, tan insegura aquellos d&iacute;as, porque necesitaba comprar alg&uacute;n alimento. La comida todav&iacute;a escaseaba y no era nada f&aacute;cil encontrar ni siquiera un poco de pan o alguna legumbre. Estaba algo asustada todo el tiempo, pero, aunque su hermana Angelines, casada desde hac&iacute;a un par de a&ntilde;os, viv&iacute;a cerca, prefiri&oacute; quedarse sola en casa porque su cu&ntilde;ado no le gustaba demasiado, con aquel bigote pasado de moda y su olor cerrado a an&iacute;s y co&ntilde;ac. Lo encontraba muy mayor. &nbsp;Recorri&oacute; varias tiendas del barrio e incluso se atrevi&oacute; a llegar, no sin temor y mucha precauci&oacute;n, hasta la esquina de la Avenida de San Jos&eacute;, a los ultramarinos de don Joaqu&iacute;n, donde una vecina le hab&iacute;a dicho que ten&iacute;an todav&iacute;a patatas y algo de bacalao. Busc&oacute; comida para dos, porque sab&iacute;a muy bien que&nbsp; los padres de Alonso, lo mismo que&nbsp; los suyos, no estaban en la ciudad. Aunque los hijos ya hab&iacute;an nacido en Zaragoza, las dos familias eran del mismo pueblo. Los padres de Alonso y Magdalena conservaban la costumbre de volver casi todos los a&ntilde;os para ayudar en la siega durante unos d&iacute;as, los que pod&iacute;an, a los hermanos que all&iacute; estaban. La tierra segu&iacute;a siendo para ellos la vida, algo mucho m&aacute;s seguro, despu&eacute;s de todo, que el fr&aacute;gil trabajo de la ciudad. En aquella ocasi&oacute;n la sublevaci&oacute;n militar les hab&iacute;a pillado pues en el pueblo y de momento no hab&iacute;a forma de retornar. &iquest;Por qu&eacute; hac&iacute;a aquello Magdalena? No se lo preguntaba en la ma&ntilde;ana de finales de julio de 1936, cuando al regresar y encontrarse a Alonso R&iacute;os, como supon&iacute;a, en el rellano del segundo piso, donde ella viv&iacute;a, le hizo simplemente una se&ntilde;a afirmativa con la cabeza y &eacute;l la sigui&oacute; dentro de la casa.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Durante varias horas no pronunciaron palabra. Magdalena recorri&oacute; el largo y oscuro pasillo hasta la cocina con el aliento denso de Alonso detr&aacute;s de la nuca. Sin mirarle, dej&oacute; las provisiones sobre el m&aacute;rmol y atiz&oacute; el fuego de la cocinilla que hab&iacute;a dejado encendido. Puso un poco del escaso carb&oacute;n que ya le quedaba para avivarlo. Alonso la segu&iacute;a, con los ojos ligeramente entornados, desde el quicio de la puerta. Ella dej&oacute; sobre la mesa una olla, desparram&oacute; un pu&ntilde;ado de lentejas y comenz&oacute; a separarlas de las piedrecicas y otras part&iacute;culas que iban apareciendo entre las redondillas legumbres de diferentes tonos. Pu&ntilde;ado que tr&iacute;aba, pu&ntilde;ado que ca&iacute;a ruidosamente en la cazuela. Parec&iacute;a muy concentrada e iba muy r&aacute;pido, como acelerada. Casi hab&iacute;a terminado, cuando Alonso la alcanz&oacute; en dos zancadas y le bes&oacute; en el cuello. En su estremecimiento Magdalena volc&oacute; la cazuela, derramando su contenido por el suelo. La ciudad estaba en guerra, el pa&iacute;s estaba en guerra, pero el mundo acababa de empezar en la cocina de la casa de Magdalena. &nbsp;No sab&iacute;a qu&eacute; hacer y lloraba con mansedumbre, mientras Alonso la abrazaba por la espalda y la recorr&iacute;a, con sus manos grandes y &aacute;speras de alba&ntilde;il, desde los muslos blancos hasta los pechos temblorosos, mientras ella lo deseaba tanto como deseaba no estar all&iacute; en aquel momento. Alonso la volvi&oacute; hacia &eacute;l y mordi&oacute; sus labios, primero con suavidad, de poco en poco, al tiempo que le tarareaba al o&iacute;do, embarrastronando la voz muy bajita, el estribillo de "los cuatro muleros" una y otra vez, busc&aacute;ndole &nbsp;a ratos el nacimiento del pelo donde dejaba con brevedad su boca h&uacute;meda y tibia. Ella iba enloqueciendo y &eacute;l la sinti&oacute; entregada, pero indefensa. Titube&oacute; un momento. Luego call&oacute; y la beso muy largo en la boca, llevado ya sordamente por las ganas, desabroch&aacute;ndole con rapidez el ligero vestido de algod&oacute;n, acarici&aacute;ndola sobre la enagua tan suave. La sent&oacute; sobre &eacute;l con prisa, acomodados ambos en la vieja silla de enea, que hab&iacute;a junto a la mesa. No quer&iacute;a interrumpir el juego para buscar el dormitorio. No quer&iacute;a separarla de su cuerpo ni un mil&iacute;metro. Magdalena no dej&oacute; de llorar y no sinti&oacute; casi nada, ni bueno ni malo, cuando &eacute;l anduvo por ella adentro sin miramiento. No sab&iacute;a muy bien qu&eacute; pensar. Le dej&oacute; hacer. Estaba desconcertada y aturdida. Pero quer&iacute;a volver a comenzar porque ya echaba de menos el primer contacto el&eacute;ctrico de la piel de Alonso y porque quer&iacute;a aprender a amarle hasta el final con la misma locura que la hab&iacute;a vapuleado en ese instante inicial de la pasi&oacute;n. </p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Durante aquel verano, en verdad, ella aprendi&oacute; a amarle y fue feliz. Durante aquel verano &eacute;l fue enamor&aacute;ndose sin querer de aquella mujer, que ni le hab&iacute;a preguntado por qu&eacute; se hab&iacute;a quedado a su lado, y fue feliz tambi&eacute;n, aunque hab&iacute;a cosas de Magdalena que no acabaran de encontrar un sitio en sus entendederas. Aquella tarde de finales de julio, despu&eacute;s de la comida, en la que no hubo lentejas y en la que no alcanzaron a hablarse todav&iacute;a porque no hubieran sabido qu&eacute; decir, volvieron a amarse, completamente desnudos, entre la penumbra buscada de la hora de la siesta, al margen del miedo que todos sent&iacute;an en esos d&iacute;as, al margen de la historia, al margen de s&iacute; mismos. Durante el resto del verano no dejaron de amarse ni un solo d&iacute;a, con tan intensa dedicaci&oacute;n que todav&iacute;a veinte a&ntilde;os despu&eacute;s Sor Mar&iacute;a Magdalena ve&iacute;a pasar por su cabeza con total nitidez, escena a escena, entre salves y jaculatorias, azorada, atribulada de nuevo, con el coraz&oacute;n en la garganta y en las sienes, cada uno de los d&iacute;as que vivi&oacute; junto a Alonso, quien apenas sali&oacute; de la casa en todo el tiempo, de tal manera que s&oacute;lo viv&iacute;a para ella, entregado a la tarea de verla contenta y de inventar nuevos juegos amorosos para ella. </p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Durante el resto de aquel verano no dejaron de amarse ni un solo d&iacute;a y &nbsp;si no fueron completamente felices, con la felicidad de quien vive un &uacute;nico instante, de quien no acumula compromiso ni con su pasado ni con su futuro, no fue por la guerra, - cada d&iacute;a que pasaba m&aacute;s guerra y menos asonada de cuartel,- &nbsp;puesto que la guerra les brindaba la coartada sentimental y cierta que necesitaban; puesto que ellos contaban sus d&iacute;as en otro calendario. &nbsp;Fue porque Magdalena empez&oacute; a tener remordimientos, a pesar de la coartada, a pesar de decirse cada minuto que nunca hab&iacute;a sido tan feliz. &nbsp;No eran remordimientos por amar a un hombre como Alonso, - tan alejado de sus convicciones y de su vida hasta ese momento,-&nbsp; pues, en realidad, le hab&iacute;a amado toda la vida. Con esa contradicci&oacute;n desavenida habr&iacute;a podido convivir su alma de joven cat&oacute;lica, al menos hasta que la pasi&oacute;n se amortiguara, hasta que se desvaneciera la satisfacci&oacute;n de la conquista. Los remordimientos ven&iacute;an respecto a ella misma, y, s&iacute;, por su muy aprendida fe religiosa y por el pu&ntilde;o con que la amendrantadora educaci&oacute;n moral que de sus padres hab&iacute;a recibido la atenazaba de noche, hasta que consegu&iacute;a dormirse. Porque, seg&uacute;n iban pasando los d&iacute;as e iba adentr&aacute;ndose en las todas las formas del amor que le ense&ntilde;aba Alonso, notaba crecer por todos sus poros lo que ella llam&oacute;, con gran esc&aacute;ndalo de su confesor, el h&aacute;bito de la concupiscencia, que la lanzaba en brazos de su amante, m&aacute;s que por amor, &nbsp;por el placer de sentirse a s&iacute; misma extra&ntilde;&aacute;ndose en su propio deleite, tan ajena a todo lo que ella hab&iacute;a sido hasta entonces que quiz&aacute;s empezaba a perderse un poco en el v&eacute;rtigo de esa libertad. Adem&aacute;s, Magdalena siempre hab&iacute;a sido un poco m&iacute;stica en todo. &nbsp;Pero su confesor no lo entender&iacute;a en absoluto as&iacute;, en aquellos tiempos de reafirmaci&oacute;n a ultranza de la vida cat&oacute;lica en la ciudad, y la conminar&iacute;a con atronadoras amenazas para que pusiera final a pasi&oacute;n tan ignominiosa. La ciudad entera ol&iacute;a a incienso y resonaban a todas horas las campanas y las oraciones, las arengas y las banderas, que s&oacute;lo descansaban cuando se anunciaba un bombardeo, que no siempre ocurr&iacute;a. En este mar, Magdalena nadaba a contracorriente. Magdalena hab&iacute;a descubierto el amor a destiempo. La ciudad se hab&iacute;a vuelto en contra suya y ella se angustiaba cada vez que sal&iacute;a a la calle, sola.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El d&iacute;a tres de septiembre Magdalena, por fin, confes&oacute; antes de la misa que en El Pilar se celebr&oacute; al cumplirse un mes del milagro que dej&oacute; sin explotar las bombas arrojadas sobre el templo. Hab&iacute;a gran gent&iacute;o y despu&eacute;s de la misa procesi&oacute;n solemne. Aunque Alonso nunca hasta entonces hab&iacute;a querido tomarse muy en serio sus man&iacute;as religiosas, como &eacute;l las llamaba sin hacerles mucho caso, aquel d&iacute;a le pidi&oacute; que no fuera a la misa ni a la procesi&oacute;n. Era como si la mujer que le amaba y a la que &eacute;l, sin saberlo muy bien, amaba ya, tambi&eacute;n le estuviera traicionando. Porque casi todos los que iban a celebrar aquella dramaturgia podr&iacute;an denunciarle llegado el caso, o incluso darle muerte, si en tal tesitura se vieran. Y si supieran que ella era su amante, tambi&eacute;n ella correr&iacute;a igual suerte. Una guerra es lo que es. Eso le dijo un momento antes de que Magdalena atravesara con su alfiler de n&aacute;car la mantilla de blonda con que cubri&oacute; su cabeza para salir. Y se lo dijo, m&aacute;s que por convencimiento intelectual de lo que expresaba por su boca, llevado por la desesperaci&oacute;n que empezaba a sentir, pues cada d&iacute;a se hab&iacute;a hecho m&aacute;s elocuente la tribulaci&oacute;n de Magdalena, cada d&iacute;a se hab&iacute;a hecho m&aacute;s claro que no tardar&iacute;a en pedirle que se fuera. Alonso, como un ni&ntilde;o grande que s&oacute;lo quer&iacute;a conservar lo que le hac&iacute;a bien, hubiera podido pasarse toda la guerra encerrado en aquella casa, cuidado y mimado por aquella mujer, am&aacute;ndola en un mundo sin ra&iacute;ces. Am&aacute;ndose ambos sin m&aacute;s. No ser&iacute;a posible. Como dejaron de serlo muchas otras cosas en aquellos d&iacute;as. Cuando Magdalena se alz&oacute; del confesionario, acunada por los c&aacute;nticos de alabanza que hac&iacute;an levitar la bas&iacute;lica entera del Pilar fue como si de un sue&ntilde;o pasara a otro completamente diferente. El mundo se abr&iacute;a a sus pies y un gran abismo negro y angustioso le atenazaba todo su ser. </p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Oy&oacute; misa, oli&oacute; incienso y cera derretida, oy&oacute; cantos, oy&oacute; todo lo que andaba buscando o&iacute;r para hacerse fuerte y echar de su vida a Alonso, para convencerse de que su amor no era bueno, de que era necesario huir de aquel recinto de placer y amor en que su casa y su alcoba se hab&iacute;an convertido en los &uacute;ltimos tiempos. &nbsp;Termin&oacute; de convencerse de que era culpable. Y Alonso, a&uacute;n m&aacute;s culpable que ella, que le hab&iacute;a amado con la pulcritud de la adolescencia y ni siquiera se atrev&iacute;a al principio a mirarle abiertamente. El la hab&iacute;a atra&iacute;do hacia el pecado, la hab&iacute;a encantado como una serpiente, se hab&iacute;a aprovechado de su ingenuidad, de su amor por &eacute;l. La hab&iacute;a embrujado y no hab&iacute;a sido m&aacute;s ella. Cuando termin&oacute; la procesi&oacute;n, bien entrado el mediod&iacute;a, Magdalena era ya m&aacute;s Sor Mar&iacute;a Magdalena del Perd&oacute;n que la muchacha que hab&iacute;a sido amada al alba de aquel mismo d&iacute;a, por &uacute;ltima vez, por el hombre al que ella hab&iacute;a adorado en secreto desde que era una ni&ntilde;a. Y no obstante, ahora, convertido terriblemente en su cabeza en un demonio que la aniquilaba, angustiada por la tortura de sus sentimientos, no hubiera dudado en empujarlo hasta la misma c&aacute;rcel y echar ella misma los cerrojos y arrojar la llave bajo la corriente del Ebro, en su pozo m&aacute;s hondo. No regres&oacute; a su casa. Fue a donde su hermana y, llorando y entre ahogos, le cont&oacute; durante toda la tarde sus andazas de las &uacute;ltimas semanas, como en un exorcismo. </p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Alonso fue inquiet&aacute;ndose conforme pasaban las horas y Magdalena no regresaba. Estaba asustado porque, aunque la ciudad se hab&iacute;a ido calmando en los &uacute;ltimos d&iacute;as, &nbsp;teniendo en cuenta las circunstancias, -y las circunstancias eran una guerra-, hab&iacute;a calles donde sonaban los fusiles de repente, en las que cuadrillas de soldados o civiles arrastraban a alg&uacute;n preso, en las que se o&iacute;an voces como truenos, en las que ca&iacute;a el silencio luego como una losa ante una cueva. Aquella noche, a primera hora, Alonso llev&oacute; a cabo el &uacute;nico acto de valent&iacute;a de toda su vida, puesto que, despreciando el riesgo que corr&iacute;a, se lanz&oacute; a la calle en busca de Magdalena, lleno de angustia por su tardanza. Lo hizo sin pensar y s&oacute;lo en ese momento de desconcierto, cuando su coraz&oacute;n marchaba a mil por hora, sinti&oacute; de veras -como en un acto de revelaci&oacute;n inconsciente- &nbsp;cu&aacute;nto amaba a Magdalena, cu&aacute;nto se le hab&iacute;a enredado aquella mujer por los centros. Sab&iacute;a la direcci&oacute;n de Angelines, la hermana de su amante, porque ella misma se la hab&iacute;a hecho memorizar un d&iacute;a, por si acaso. All&iacute; se fue, con la esperanza, no tanto de encontrarla en esa casa, como de que su familia le ayudara a buscarla. S&oacute;lo pensaba que alguien les hab&iacute;a delatado y que la hab&iacute;an cogido presa.&nbsp; Alonso sab&iacute;a lo que hab&iacute;a sucedido, desde los primeros d&iacute;as de la sublevaci&oacute;n con muchas mujeres, compa&ntilde;eras ellas mismas o esposas &nbsp;y novias de compa&ntilde;eros huidos de la ciudad. &nbsp;Llam&oacute; sin miramiento a la puerta de Angelines, quien le dijo sin tapujos que Magdalena estaba all&iacute;, que no quer&iacute;a verle, que le hab&iacute;a contado todo lo que hab&iacute;a pasado, que no le iba a dejar entrar, que &eacute;l era un ruin, un sinverg&uuml;enza, un ateo sin moral ni sentimientos, que se hab&iacute;a aprovechado de una pobre ni&ntilde;a sola. Cuando Alonso intent&oacute; apartar a Angelines y colarse en la casa, se top&oacute; con el marido de &eacute;sta, que pistola en mano le golpe&oacute; en la cara y le sac&oacute; de un puntapi&eacute; a la calle, y mira que no te denuncio, no s&eacute; por qu&eacute;, pero l&aacute;rgate aprisa porque a lo mejor todav&iacute;a me lo pienso y ma&ntilde;ana subes en un cami&oacute;n para Torrero. </p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, a principios de julio, Alonso R&iacute;os hab&iacute;a vuelto al barrio. Hab&iacute;a enterrado a su madre en el mejor coche f&uacute;nebre y en la mejor tumba. Hab&iacute;a mandando limpiar el piso, hab&iacute;a llenado la despensa, y se hab&iacute;a instalado solo en &eacute;l, dejando a la puerta del edificio uno de los poqu&iacute;simos autom&oacute;viles que hab&iacute;a por all&iacute;. Nadie le dijo nada. Fueron todos al entierro de la madre como a un acto oficial. Al cabo, Alonso era ahora un puesto importante del Sindicato del r&eacute;gimen y nadie pod&iacute;a negarle el derecho de volver a su casa, aunque hiciera a&ntilde;os que apenas ven&iacute;a por all&iacute;, s&oacute;lo alguna vez a ver a su madre, viuda ya desde el final de la guerra, si bien por causa de la enfermedad del coraz&oacute;n que padec&iacute;a el padre de Alonso, que no aguant&oacute; el sufrimiento de esos a&ntilde;os, el pobre, como dec&iacute;a su madre, Marcelina. Pasados unos d&iacute;as del entierro de &eacute;sta, los vecinos empezaron a acostumbrarse a tratar a Alonso con normalidad, por lo menos en su presencia.&nbsp; Si le criticaban, ser&iacute;a a sus espaldas, como a todo el mundo. Hasta el propio marido de Angelines, que lo hab&iacute;a seguido viendo a veces todos estos a&ntilde;os en el Sindicato, le daba conversaci&oacute;n en la escalera, cuando iba con su mujer a casa de su suegra. Y eso que no le ca&iacute;a bien, como no caen bien los chivatos ni los delatores. El marido de Angelines hab&iacute;a sabido hace a&ntilde;os, pues todo se acaba sabiendo, que aquella noche, despu&eacute;s de que &eacute;l mismo lo empuj&oacute; a la calle, Alonso no acudi&oacute; a buscar refugio entre sus compa&ntilde;eros. Llam&oacute; a un sargento de la polic&iacute;a que conoc&iacute;a un poco por las manifestaciones, huelgas y otros asuntos de la federaci&oacute;n y ofreci&oacute; un trato. No quer&iacute;a salir de la ciudad. Era un cobarde. O quiz&aacute;s no pod&iacute;a pensar en alejarse tanto de Magdalena. No era capaz de entender que ya nunca la ver&iacute;a. Quiz&aacute;s, orgullosamente, no soportaba sentirse relegado, rechazado. Quiz&aacute;s no pudiera admitir aquel absurdo de la renuncia a un amor que empezaba apenas a crecer y que a &eacute;l se le hab&iacute;a quedado dentro, seguramente porque Magdalena era la &uacute;nica mujer que le hab&iacute;a amado entregadamente, en serio. Quiz&aacute;s porque sab&iacute;a que Magdalena le hab&iacute;a querido siempre, a pesar de todos los pesares. Era necesario conservar todav&iacute;a la esperanza de recuperarla. Algunos de sus amigos y camaradas sufrieron el precio de esta locura de amor, cuyo aliento todav&iacute;a nublaba la mirada de Sor Mar&iacute;a Magdalena del Perd&oacute;n, de letan&iacute;a en letan&iacute;a, mientras cos&iacute;a camisitas para los ni&ntilde;os del hospicio Pignatelli. Mientras estaba segura de que Alonso R&iacute;os hab&iacute;a vuelto a esperarla y que se quedar&iacute;a pegado a la sombra de la curva de la escalera hasta que la viera ascender por ella.</p><p align="justify"></p><br /><br /><br /><p align="justify"><em>*La fotograf&iacute;a corresponde al Coso zaragozano en los a&ntilde;os treinta.</em></p><p align="justify"><em></em></p><p align="justify">&nbsp;</p><br /><br />]]></description><pubDate>Tue, 08 May 2007 18:56:00 +0000</pubDate></item><item><title>Un vieja historia -1</title><link>https://pandeoro.blogia.com/2007/050701-un-vieja-historia-1.php</link><guid isPermaLink="false">https://pandeoro.blogia.com/2007/050701-un-vieja-historia-1.php</guid><description><![CDATA[<p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hace poc&oacute; m&aacute;s de un mes&nbsp; la <a href="http://www.revistanarrativas.com" target="_blank">Revista Narrativas</a>, conducida sabiamente por <a href="http://www.carlosmanzano.net/" target="_blank">Carlos Manzano</a> y <a href="http://apostillasnotas.blogspot.com/" target="_blank">Magda D&iacute;az y Morales</a>, me public&oacute; este cuento. S&eacute; que algunos lo leist&eacute;is all&iacute;. Os agradezco vuestra atenci&oacute;n y vuestras palabras. He vuelto a acordarme estos d&iacute;as del cuento con cierta insistencia, no s&eacute; por qu&eacute;. As&iacute; que lo recoloc&oacute; ahora aqu&iacute; y lo troceo un poco, en varias entradas, para que sea m&aacute;s liviana la lectura en pantalla.</p><br /><br /><p align="justify"></p><p align="right"><em>A nuestras madres y abuelas</em></p><br /><br /><p align="right"></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando sor Mar&iacute;a Magdalena del Perd&oacute;n escuch&oacute; de labios de su madre, Pabla, y de su hermana, Angelines, que Alonso R&iacute;os hab&iacute;a vuelto a instalarse en el barrio, en la misma casa de su madre donde vivi&oacute; de joven, qued&oacute; primero demudada y blanca, mucho m&aacute;s blanca de lo que ya era su piel alabastrina, tan transparente que sus dos interlocutoras vieron con claridad c&oacute;mo, enseguida, su sangre toda afloraba de golpe a la superficie de su cara, lo &uacute;nico visible que el h&aacute;bito dejaba de su cuerpo, a excepci&oacute;n de las manos que a&uacute;n eran las de una ni&ntilde;a. Pero sor Mar&iacute;a Magdalena ya no era una ni&ntilde;a.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tampoco era ya una ni&ntilde;a a finales de julio de 1936, aunque entonces tuviera apenas dieciocho a&ntilde;os y un recuerdo muy n&iacute;tido de Alonsito, aquel guapo cr&iacute;o moreno, de ojos azules y orejas ligeramente de soplillo, que llev&oacute; pantalones largos antes de hora porque le dio la gana y que viv&iacute;a en el principal. A ella la hac&iacute;a rabiar amargamente cada vez que tropezaban en el patio de entrada de la casa, levant&aacute;ndole las faldas y echando luego a correr. Cuando m&aacute;s se enfurec&iacute;a era cuando Alonsito R&iacute;os corr&iacute;a en direcci&oacute;n a la calle, porque all&iacute;, en la puerta, le aguardaba el grupo de granujas con los que se juntaba. &nbsp;Alonsito se zambull&iacute;a en los brazos de sus amigos de un salto y se re&iacute;a de ella, cerrando y abriendo las manos y extendiendo los dedos recontando &nbsp;las veces que ya hab&iacute;a conseguido tocarle el culo. La ni&ntilde;a que luego fue sor Mar&iacute;a Magdalena del Perd&oacute;n no pod&iacute;a evitar o&iacute;r c&oacute;mo atronaban las carcajadas y los gritos de j&uacute;bilo, mientras lloraba escaleras arriba y se deten&iacute;a antes de entrar en casa hasta que el llanto cesaba, para no tener que pasar por la verg&uuml;enza de dar explicaciones. No lloraba porque Alonsito le hubiera levantado la falda y rozado las nalgas. Lloraba por la manera tan distra&iacute;da y prepotente en que lo hac&iacute;a, por la despreocupaci&oacute;n con la que marcaba la muesca que contabilizaba la pieza reconquistada tantas veces. Porque Alonsito a ella le gustaba mucho y no quer&iacute;a que le gustase. Porque no dejaba de gustarle, a pesar de la humillaci&oacute;n. Ya lo repet&iacute;an ahora en la sala de visitas su madre y su hermana: ese hombre siempre hab&iacute;a sido, desde peque&ntilde;o, tan simp&aacute;tico como canalla y desahogado, un vivalavirgen sin remedio, un bald&oacute;n para su familia y una pena muy grande para su madre, que nunca le cerr&oacute; la puerta a pesar de las buenas razones que hab&iacute;a tenido para ello. Y, aunque es cierto que con la guerra cambi&oacute; bastante, a saber cu&aacute;nto mal no habr&iacute;a dejado hecho los a&ntilde;os de antes, sentenci&oacute; do&ntilde;a Pabla. Un imp&iacute;o, sin duda, abund&oacute; Sor Mar&iacute;a Magdalena del Perd&oacute;n, mientras procuraba recomponer el rostro circular y ocultar los recuerdos en lo m&aacute;s profundo de su coraz&oacute;n. Un mal hijo de Dios, a&ntilde;adi&oacute;, que no es digno de que ni siquiera nos acordemos de &eacute;l. Un ateo pecador. Y esos no cambian, madre. No me gusta que veng&aacute;is a esta santa casa con chismes de gente de semejante ralea, ofendemos al Se&ntilde;or con s&oacute;lo mencionarlo. Do&ntilde;a Pabla atribuy&oacute; el enojo de su hija al decoro de su condici&oacute;n de religiosa. Pero Angelines, que sab&iacute;a m&aacute;s y que hab&iacute;a sacado el tema muy a prop&oacute;sito, tambi&eacute;n se alarm&oacute; ante la ira desentonada y ante la lividez arrebolada de su hermana. No pens&oacute; que al cabo de veinte a&ntilde;os ella fuera a alterarse tanto con la sola menci&oacute;n de aquel nombre. Cambiaron pues de conversaci&oacute;n, intentando ahora resolver con atinado criterio los dramas matrimoniales de la pobre prima Elvira, a la que Sor Mar&iacute;a Magdalena casi ni recordaba y cuya vida le mov&iacute;a compasi&oacute;n, aunque no &nbsp;comprensi&oacute;n, alejada como estaba de la suya propia en tanta y tanta dis&iacute;mil circunstancia: un marido flojo, dec&iacute;an, hijos, trabajos a destajo en porter&iacute;as pobres y casas de costura, vida sin tiempo y poco alimento, que costaba mucho ganarlo en aquellos a&ntilde;os tristes y embrutecidos de la posguerra. A su hermana Angelines la miraba con m&aacute;s atenci&oacute;n y siempre le preguntaba por el cu&ntilde;ado y los sobrinos, que nunca iban a verla ya, porque los j&oacute;venes, ya se sabe, andan a lo suyo, sobre todo si son chicos y mi Antonio tiene el pobre tanto quehacer, de aqu&iacute; para all&aacute;, siempre con su camioneta. El ni&ntilde;o mayor ten&iacute;a ya novia, una chica muy formal y decente y muy cari&ntilde;osa. Do&ntilde;a Pabla y Angelines hab&iacute;an escrito a la madre de la chica, viuda de guerra y due&ntilde;a de una mercer&iacute;a, donde Isabelita, la novia, despachaba tambi&eacute;n, invit&aacute;ndola a comer un domingo a casa. As&iacute; que Antonio, hijo, e Isabel, en cuanto consiguieran el traspaso de un piso que esperaban, no lejos de la mercer&iacute;a, seguramente se casar&iacute;an ya, porque el chico ten&iacute;a igualmente buena colocaci&oacute;n en el taller donde trabajaba. Casi nadie pod&iacute;a decir lo mismo en estos tiempos que vivimos, concluy&oacute; Angelines, antes de despedirse de su hermana, sor Mar&iacute;a Magdalena, en el patio de la entrada del convento: hasta dentro de quince d&iacute;as. Dios os acompa&ntilde;e.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Todos somos due&ntilde;os de nuestro pasado, aunque a veces no lo parezca. Sor Mar&iacute;a Magdalena del Perd&oacute;n hab&iacute;a encerrado bajo siete llaves una buena parte del suyo. Sab&iacute;a muy bien c&oacute;mo tenerlo a raya. No s&oacute;lo aquella parte de su pasado que el confesor hubiera reconvenido severamente.&nbsp; Tambi&eacute;n las otras cosas, las que a pesar de toda la vocaci&oacute;n con que viv&iacute;a su vida de &nbsp;convento, le causaban un angustioso tedio interior, largo como la sombra de un cipr&eacute;s y &aacute;spero como la lija con que fregaba la madera del suelo de la iglesia, cuando le tocaba, una vez a la semana. Siempre hab&iacute;a solicitado los trabajos m&aacute;s duros, porque prefer&iacute;a el cansancio f&iacute;sico y la rutina conocida. Tambi&eacute;n le gustaba mucho bordar y durante el rosario vespertino, que se dilataba en salves cuanto tiempo fuera necesario, cos&iacute;a, junto a otras hermanas, canastillas de beb&eacute;s y ropillas para ni&ntilde;os m&aacute;s mayores del hospicio Pignatelli.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despu&eacute;s de la visita de do&ntilde;a Pabla y Angelines, Sor Mar&iacute;a Magdalena se dirigi&oacute; al cuarto de costura a la hora acostumbrada, las cuatro de la tarde, y se acomod&oacute; en su silla, junto a su costurero, bajo la ventana que daba al patio de los magnolios. Hac&iacute;a calor. Volv&iacute;a a ser julio, veinte a&ntilde;os despu&eacute;s. Alonso R&iacute;os sub&iacute;a la escalera con tanto sigilo y tan pegado a la pared enro&ntilde;osada que, en la penumbra de la primera hora de la ma&ntilde;ana, ella al principio ni se percat&oacute; de &eacute;l. Se lo top&oacute; de frente y, como ella estaba un escal&oacute;n m&aacute;s arriba, quedaron mirada contra mirada un instante, habl&aacute;ndose casi boca contra boca al solicitarse mutuamente disculpas. Hac&iacute;a un par de a&ntilde;os que Alonso R&iacute;os casi no aparec&iacute;a por all&iacute;. Era algo mayor que ella y desde que hab&iacute;a empezado a trabajar en la construcci&oacute;n se hab&iacute;a ido alejando de la casa paterna poco a poco, viviendo su vida a su manera. &nbsp;Ahora era un hombre joven, bastante guapo y m&aacute;s inconsciente, como siempre lo hab&iacute;a sido. Se hab&iacute;a convertido al anarquismo picado por aquella parte f&aacute;cil del amor libre entre unos y otras y sin tramoyas sociales, como le insisti&oacute; a ella durante aquellos d&iacute;as tantas veces, y tambi&eacute;n porque en la construcci&oacute;n en Zaragoza se trabajaba poco, si no se era del sindicato. Con pasmosa facilidad hab&iacute;a sustituido en su jacarandosa cabeza la creencia en la vida eterna de su educaci&oacute;n infantil por la fe en la posibilidad de un para&iacute;so libertario, que a &eacute;l se le antojaba la m&aacute;s perfecta felicidad, ya que eliminaba en su cabeza cualquier idea de responsabilidad individual por su parte. Su futuro comunismo libertario era algo as&iacute; como un mundo infinito por el que transitar trabajando poco, disfrutando mucho y gozando con muchas mujeres de razas diferentes. Su teor&iacute;a era que como entonces todo el mundo habr&iacute;a de ser igual, todos tendr&iacute;an que trabajar y por lo tanto cada uno tocar&iacute;a a mucho menos trabajo que ahora, cuando hab&iacute;a tantos y tantos que arrimaban poco el hombro y algunos m&aacute;s bien nada, nada. No pensaba m&aacute;s. Pero Alonso R&iacute;os ca&iacute;a en gracia, con la gracia de los desvergonzados, y en el sindicato prefer&iacute;an dejarle a su aire.&nbsp; No pod&iacute;an contar con &eacute;l para un compromiso serio y constante, pero nunca &nbsp;se negaba a colaborar en las acciones para las que fuera requerido, desde la organizaci&oacute;n de una huelga, - aunque no le gustaban luego los enfrentamientos violentos,- hasta el reparto de octavillas, o cuando hab&iacute;a que&nbsp;tratar con alg&uacute;n personaje inc&oacute;modo o&nbsp;peligroso. El viv&iacute;a permanentemente como en una pel&iacute;cula de aventuras, que eran las que m&aacute;s le gustaba ir a ver al cine, cuando ten&iacute;a dinero para hacerlo, especialmente al Monumental Cinema, que hab&iacute;a abierto hac&iacute;a ahora tres a&ntilde;os y era, desde entonces, su preferido por las sesiones dobles y a buen precio. Con el imperturbable arrojo caracter&iacute;stico del que no analiza el alcance de sus acciones, acud&iacute;a esa ma&ntilde;ana, en la que se lo encontr&oacute; Magdalena en la escalera, a la casa de sus padres, creyendo que ellos le proteger&iacute;an y le ocultar&iacute;an. Llevaba diez d&iacute;as de escondite en escondite, cada vez m&aacute;s inc&oacute;modo y cabreado. Quer&iacute;a estar tranquilo, aguardar sin tanto sobresalto a que pasase esta tormenta de verano.&nbsp; No hab&iacute;a intentado, como la mayor&iacute;a de sus compa&ntilde;eros que consegu&iacute;an escapar a la represi&oacute;n de los sublevados, salir de la ciudad para alcanzar las columnas que, se dec&iacute;a, ven&iacute;an desde Barcelona. Como muchos, al principio, estaba convencido de que aquella algarada, dec&iacute;a, de los militares terminar&iacute;a pronto y, de alguna manera, con un acuerdo entre unos y otros contendientes, - al fin y al cabo burgueses todos, como bien repet&iacute;a Blas Antunez, uno de los l&iacute;deres de su federaci&oacute;n,- para seguir jodiendo a los de siempre. Por otra parte, lo de luchar contra un ej&eacute;rcito y pegar tiros no le atra&iacute;a lo m&aacute;s m&iacute;nimo. Durante aquellos d&iacute;as, Magdalena le dijo una vez que m&aacute;s &nbsp;parec&iacute;a un gachupino hijo de pap&aacute;, de esos que acuden todas las tardes al baile del restaurante Ruise&ntilde;ores, que un obrero de la construcci&oacute;n crecido en aquella calle del barrio de San Jos&eacute;, en la que se hab&iacute;an vuelto a reencontrar. Magdalena pidi&oacute; perd&oacute;n y, aunque lo reconoci&oacute; al instante &nbsp;-&iquest;c&oacute;mo no iba a hacerlo?- &nbsp;ech&oacute; escaleras abajo atropelladamente, muy nerviosa, recordando de golpe todas las veces que Alonso R&iacute;os le hab&iacute;a tocado el culo.</p>(...)<br /><br /><p align="justify"></p><p align="justify"><em>* La fotograf&iacute;a corresponde al Paseo de la Independencia, en Zaragoza, hacia la &eacute;poca en que transcurre el relato.</em></p>]]></description><pubDate>Mon, 07 May 2007 13:20:00 +0000</pubDate></item><item><title>&#xD1;</title><link>https://pandeoro.blogia.com/2007/050501--.php</link><guid isPermaLink="false">https://pandeoro.blogia.com/2007/050501--.php</guid><description><![CDATA[<p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify" class="MsoNormal" align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estoy un poco cansada de sufrir este acoso a la &ldquo;&ntilde;&rdquo;. Desde hace a&ntilde;os me veo obligada constantemente a cambiar de identidad y eso me parece, incluso, anticonstitucional. No se trata s&oacute;lo de las direcciones de correo electr&oacute;nico o de las direcciones &ldquo;url&rdquo;. En muchos documentos electr&oacute;nicos, o impresos en papel &ndash;puesto que &eacute;stos ya devienen del original electr&oacute;nico-, me encuentro mi apellido alterado, apocopado, roto por la mitad en el peor de los casos. Mi primer apellido es Mi&ntilde;ana, &iquest;y qu&eacute;?, debo encararme constantemente con el inform&aacute;tico que me dice que no puede darme esa direcci&oacute;n de correo &ndash;de sobras lo s&eacute;-, o con el mismo servidor &ldquo;poco inteligente&rdquo; que no sabe traducir a ceros y unos mi &ldquo;&ntilde;&rdquo;. &iexcl;La &ldquo;&ntilde;&rdquo; es m&iacute;a, caray! Bueno, &iexcl;y de otros muchos que s&eacute; que tienen el mismo problema!. Y <span>&nbsp;</span>es que no me apetece llamarme Minana, Minnana, Miana, Miniana -&iexcl;je!-, Minyana (que me disgusta menos porque se parece a Minaya &ndash;ya sabes Mima-),&nbsp; o lo m&aacute;s dr&aacute;stico&hellip; &iexcl;Mi/ana! Y adem&aacute;s, &iexcl;nunca igual! Y aunque lo fuera. Es que me llamo como me llamo, y punto.</p>&nbsp; <p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify" class="MsoNormal" align="justify"><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Ya s&eacute; que la culpa no es de los ceros y los unos, capaces de desintegrar e integrarlo todo de nuevo como si nada (&iexcl;qu&eacute; fascinaci&oacute;n y qu&eacute; miedo me han producido siempre los milagros!). S&eacute; que si a los ceros y los unos les hubieran dicho al principio del bing-bang inform&aacute;tico que exist&iacute;a la &ldquo;&ntilde;&rdquo; no pasar&iacute;a nada de lo que ahora pasa. &iexcl;Porque bien que saben que existen la &ldquo;w&rdquo;, que en castellano se utiliza poco m&aacute;s que para decir &ldquo;water&rdquo;! La culpa la tienen las pu&ntilde;eteras bases de datos anglosajonas con las que nos han clasificado a todos. Renglones torcidos que parecen tener mal arreglo.</p>&nbsp; <p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify" class="MsoNormal" align="justify"><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>En fin, pensar&eacute; que de esta manera siempre conservar&eacute; un trozo de mi alma preservada de la influencia dominante-imperante: salvada por la &ldquo;&ntilde;&rdquo;.</p>&nbsp; <p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify" class="MsoNormal" align="justify"><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Y en fin m&aacute;s, todo esto, viene a cuento de que estoy intentado abrir un blog nuevo, de momento paralelo. De momento en mantillas. Ya os lo contar&eacute; si al final emigro. Quiero a Blogia, pero Blogia me mata. Casi tanto como mi &ldquo;&ntilde;&rdquo; perseguida.</p><br /><br /><br /><p align="justify"></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *(La imagen corresponde a la representaci&oacute;n de la obra infantil "Ferdinando" en la madrile&ntilde;a <strong>sala alternativa de teatro TRIBUE&Ntilde;E</strong>, y est&aacute; tomada en pr&eacute;stamo desde la p&aacute;gina del <a href="http://www.elmundo.es/metropoli/2004/11/19/ninos/1100818850.html" target="_blank">Mundo.es/Metropoli</a>)</p><br /><br />]]></description><pubDate>Sat, 05 May 2007 23:49:00 +0000</pubDate></item></rss>
