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Dias de playa y horas - 1 / La casa y el árbol

Dias de playa y horas - 1 / La casa y el árbol

 

* El dulce y llorón pimentero llegó con la casa y en ella ha crecido, extendiéndose como un prodigio. Preside orgulloso el jardín siempre cimbreándose y siempre cantarín.  Se alimenta del aire del mar y por eso exhala un penetrante aroma de lejana especia que se nos queda en la piel. Sabe ya nuestros nombres y nos reconoce por nuestros pasos en cuanto alcanzamos el camino que atraviesa el jardín desde la calle. Y aunque a veces tardamos en vernos él y nosotros, todos sabemos que es nuestro árbol porque él es el que señala desde lejos el lugar a donde nos dirigimos cada vez que volvemos.



Primero estuvo el árbol. En todas las casas hay un árbol. Si no hay árbol una casa no será realmente la casa. La casa donde abrigarse, donde amar, donde amortiguar dolores o dejarlos extenderse como raíces y luego encoger dentro de una esquina del corazón. Sin árbol no hay casa que albergue el sueño y el descanso, no hay sombra, no hay cielo. Una casa sin árbol huirá de nosotros en cuanto pase un tiempo, porque un árbol resguarda y una casa no puede habitar espacios sin ramas y sin sonido de hojas contra el aire. Y una casa que huye no es una casa. En una casa que huye no hay pan; sólo algunas noches de cuando en cuando arderá con timidez el fuego, y nunca habrá humeante mesa del mediodía aguardando reencuentros, más o menos queridos –esa cuestión forma parte de la versión que cada cual hace de la casa-.  Para que la casa se quede quieta y siempre esté necesita las raíces del árbol y el espacio que delimitan para aposentar cimientos y abrir ventanas por las que asomarse a los otros espacios que vamos aprendiendo. Una casa y un árbol: el resto fluye en lo superfluo del tiempo.



*Un árbol puede ser un árbol, y puede ser un cuadro, el sofá, el lecho familiar, el rincón de la estantería, la mesa de trabajo, el rincón de los juegos o el otro que nos mira… una certidumbre o aquello que se erige como tal con el único fin de fijar un rumbo.



* Hoy no quiero estar lejos de la casa y el árbol.

Hoy quisiera estrechar mi ciudad sumergida,

boca de los corales, alma de las esponjas,

dureza de las piedras que se encuentran a veces,

ojos de las estrellas de mar y los peces.

Hoy te quiero cantar más alla,

más allá de donde ha de llegar la canción.

Cómo voy a cambiarle el color a una ola.

Qué se puede querer si todo es horizonte:

qué le voy a enseñar a la suma del viento;

qué le puedo objetar a una noche estrellada

con mi vela amarilla y mi proa emparchada.

Hoy te quiero cantar más allá,

más allá de donde ha de llegar la canción.

Hoy no quiero estar lejos de la casa y el árbol.

Cada rizo del suelo es un sueño contado,

algo como un recuerdo, una imagen, un beso,

y en la espalda del día se queda ese algo.

Hoy no quiero estar lejos de la casa y el árbol.

Hoy te quiero cantar más allá,

más allá de donde ha de quedar la canción,

mi canción.

(Silvio Rodriguez, del álbum "Mujeres")

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