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Simples adioses

Simples adioses

 

 

             Todo el mundo sabe que el tiempo y el espacio de nuestra vida van llenándose de gente a nuestro alrededor. Unos afortunadamente nos acompañan y nos dan calorcito y buenas cosas. A otros, por desgracia, el bosque de los acontecimientos nos los va ocultando y desaparecen de nuestro tiempo y nuestros lugares habituales.  Nos acompañan no obstante en la memoria. A todos nos ha pasado. Amigos que han dejado de ser amigos para convertirse en una extraña categoría de desconocidos de los que sabemos sin embargo muchas cosas. O eso creemos. O eso creen ellos de nosotros. Porque en todo desencuentro, en todo adiós, subyace siempre una imposibilidad de ponerse en el sitio del otro. Sea por lo que sea que el adiós se ha sobrepuesto al abrazo y el silencio metálico a la fértil conversación sin tregua. - esté donde esté, si es que está, la culpa de que llegue el adiós,-  siempre hay una dificultad revenida de entender al otro y de sentir compasión, es decir de “padecer” con él y a su lado las alegrías o las tristezas que le ocupan.

 

            Por algunas circunstancias personales, he conocido a gente a la que ésto le sucede además por un motivo concreto. En esos casos ese motivo es la incapacidad para entender las condiciones cotidianas, y también de planteamiento de vida a más largo plazo, que se dibujan cuando ésta se debe afrontar desde la convivencia con la discapacidad. Incapacidad, lógicamente, por parte de quienes no viven dicha discapacidad. Hablo de discapacidad, pero podría hacerlo de otras circunstancias que representan una especial complejidad vital. La cuestión es que hay, creo yo, una tendencia –no sé si comprensible y justificable o no, pero cierta- en casi todos los humanos que nos lleva a evitar sistemáticamente las complicaciones. Y hay mucha gente que tiende a huir de realidades que son complicadas, cuando no a negarlas. Aunque su responsabilidad en ellas no sea más que la de cordial y necesario acompañante.

 

            No quiero hablar de situaciones concretas, aunque podría. Pero no me gustaría que se pensara que todo lo que voy diciendo es fruto de una mera elucubración pseudo-filosófica. He podido constatar que lo que cuento sucede, y que cuando el que huye y abandona lo hace tiende, además, a culpabilizar a quienes deja, como si  las personas que en ese momento son diferentes no hubieran sabido superar todas las problemáticas que su vida conlleva para que el otro pudiera seguir así haciendo la suya sin ninguna variación. Y dejadme que os diga que además de una cierta tristeza por ellos, todo esto me causa una sensación de pobreza intelectual y emocional que me cuesta un poco superar. Y que esa actitud no es sino otra manera de discriminación, más cruel si cabe que las habituales y conocidas de ámbito social.

 

            ¿Aprenderemos alguna vez que somos más ricos cuanto más diversos y que vivir la complejidad o complicación con normalidad siempre es sinónimo de esfuerzo pero también de madurez y de crecimiento personal? Y ello me vale tanto a nivel individual, como social.

 

            Sé que soy muy machacona con temas como éste. Y ya sé que hay de todo y de todos en todas partes. Y que también hay mucha gente de mente abierta y despejada. Pero no puedo evitar sentir que en este mundo tan plural queda mucho, mucho camino por recorrer para que dicha pluralidad no exista en compartimentos estancos, para que fluya de unos colectivos a otros, de unos individuos a otros, como un río que acomoda su cauce y su caudal según el territorio por el que transcurre.

 

*La imagen del bosque viene desde http://65.100.28.11/media/rest_sarg-bosque.jpg, y he querido ponerla porque es un bosque enmarañado pero tranquilo y luminoso)

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14 comentarios

Luisa -

Como siempre, tienes estupendas historias para decir las cosas. Esconderse en el melico y guiñar con resquemor los ojos es toda una manera de expresarlo. Y tienes razón, tampoco hay que decir adiós. Quién sabe dónde y cómo nos podemos volver a encontrar.
Un beso.

Chema -

Como siempre llego tarde, pero no quiero dejar pasar un comentario a tu post. En mi tierra llamamos melico al ombligo. Hay gente que de tanto mirárselo, se enrosca y consigue meterse en el melico, como en una cueva cálida y cómoda. Como la abertura es tan estrecha, sólo pueden mirar afuera con un ojo. Y, claro, taparse un ojo es mucho más fácil que taparse los dos. Pero tarde o temprano todos nos damos de bruces con lo que hemos querido ignorar. Y éstos, cuando tropiezan, no pueden detener el golpe porque tienen las manos ocupadas en taparse el ojo libre. Así que no les digas adiós, diles hasta la vista, a ver si la recuperan.
Un abrazo.

Luisa -

Yo estoy bien, Marisa. Es verdad que la reflexión en voz alta surge por una experiencia concreta. Pero yo sólo he acompañado a pasarla. De todas formas, me hizo sentir un poco triste, es cierto, porque he visto lo mismo ya otras veces. Gracias, y un besito.

Marisa -

Ésa es una prueba dura de verdad. Pero, levanta la cara y mira al frente que queda mucho por hacer y por vivir. Ánimo, chavala.

Luisa -

Te acostumbras, ya sabes, a los adioses como lo haces a muchas otras cosas. A veces duele más y otras no tanto. Lo que es cierto es que la vida es "terrible y hermosa".

Luisa -

La intolerancia, Jio, es una de las más tristes actitudes que pueden existir. Y lleva a perderse, como bien dices, muchas cosas enriquecedoras. Me alegro de que te guste la fotillo. Me evoca buenos días de paz y tranquilidad. Pásalo bien en el pueblo. Un abrazo

Fernando -

La vida es un duro camino de ausencias y adióses, pero con el tiempo te acostumbras y siempre hay en el recodo la posibilidad de nuevas sendas y conocer personas que te abren el horizonte...por eso la vida no deja de ser terriblemente hermosa...

jio -

hay gente que no vive y a su vez no sabe dejar vivir.
hay personas con tan poca empatía por la vida, que su propia intolerancia es una losa que les pesa por siempre y no saben lo que se pierden de las personas.
que foto más majica, tengo ganas de irme al pueblo para este puente... pero para mañana todavía tengo que entregar un trabajete...

Luisa -

Pues así, es Ybris. Eso creo yo por lo menos. Has graduado perfectamente en tu comentario el nivel de circunstancias. Gracias por compartir.
Besos, besos.

Ybris -

Sabias palabras.
La vida es lugar de encuentros y desencuentros.
Unas veces son circunstancis inevitables, pero otras son divergencias de compromisos y diferencias en grados de implicación.
Duelen los casos de discriminación que emanan de mentes pobres.

Besos.

Luisa -

Gracias, Javier, por compartir y por decirlo y decirlo ya.
Un abrazo.

Javier -

¿Puedo decir que comparto?

Éstas son las cosas buenas de los móviles, permiten no dejar para luego lo que quieras decir ahora, a alguien.

No hay excusa.

No la dejemos pasar.

Saludos


Luisa -

Un beso para ti, Inma. Lo bueno de saber lo que pasa es que nos hace fuertes y sensibles a la vez. Cuidaros mucho y disfrutad estos días. Saluda tu a nuestras queridas montañas.

lamima -

Querida Luisa, no sabes lo bien que has expresado un sentimiento que comparto.
Es rigurosamente cierto que hay quien huye de las complicaciones con la soberbia de quien se cree infalible... tú y yo sabemos que nadie lo es ¿verdad?.
A mí aún me está haciendo sufrir algun que otro abandono, seguramente sin malicia, pero esa cobardía, ese agachar la cabeza...no, no puedo.No es justo: es a mí a quien ha castigado la vida, soy yo quien necesita la comprensión y el apoyo...llámame tú por favor, yo no estoy preparada para aguar la fiesta a nadie.
Me has traído una nostalgia, un sentimiento que aún no he superado. No te preocupes, si lo olvido no lo terminaré de asumir: esta muy bien recordarlo.
Eso sí, he de decirte con toda seguridad que ellos están perdiendo MUCHO mas que yo.No me cabe la menor duda.
Gracias por compartirlo Luisa. Un beso muy fuerte y saludos al mar.
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