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El viaje

El viaje

No la vio porque subió al tren a la una de la madrugada y a esas horas nuestros ojos sólo ven aquello que nos enseña la luz eléctrica, que es una luz sin sombras. Se arrellanó en la butaca de segunda clase y dejó que el sueño fuese entrando en su cabeza, respirándolo dentro del vagón en penumbra. Siguió sin ver nada. No miró. No quería pensar. Iniciaba un viaje incierto, cuya primera parte concluiría en la frontera. Hasta allí aún habría posibilidad de vuelta, quizás. Aunque la sentía como una posibilidad remota. A la frontera estaba previsto que llegarán justo al amanecer. Unas pocas horas, por tanto. Se durmió finalmente, cortando amarras, cansado y confiado. Tanta gente en el tren le hacía sentirse uno más de los en tránsito, le daba seguridad, un sitio al que pertenecer. Despertó justo unos minutos antes de pasar la línea fronteriza, cuando paró el tren. Miró por la ventanilla, los ojos pegajosos, heridos por el sol naranja y bajo. Parpadeó y en ese momento sí que la vio. Vio a su sombra, que había venido con él, descendiendo del tren y emprendiendo el camino de regreso a casa.

* © fotografía Marta Pereyra, a la que agradezco que me preste una de sus muchas y hermosas fotografías: Fijaciones

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