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Pirene

Pirene

       

 

               La leyenda clásica sobre Pirene y Hércules es de sobra conocida. Pero recontada, así al lado de la imagen, tomada hoy mismo, de las montañas a las que se refiere, parece que cobra un aliento si cabe más hondo.

            La leyenda la recreó de forma magnífica y preciosista Chema Lera. Así que me atrevó a acercaros el texto que Chema ya publicó en su día en la revista Elfos, que él editaba - y digo editaba porque hace ya un tiempo que al parecer sus muchas tareas de ilustrador no le dejan tiempo en demasía. Confío en que pueda seguir haciéndolo, porque  ahí están un buen puñado de buenos relatos e historias fantásticas a las que les gustaría crecer. La de Gerión, Pirene y Hércules la contaba Chema así:




                "En aquel tiempo en el que las brumas del olvido cubren cualquier atisbo de luz, en la vieja península ibérica floreció un lejano reino, Tartessos, cuyas fronteras besaban sin pudor las costas de Africa. El reino de los dioses, al Oeste del mundo, abría entonces un balcón por el que contemplaban las ricas historias que sucedían en aquellas tierras. Una de ellas alcanzó tal fama que sus ecos llegan aún hasta hoy, y a la par, constituye la herencia más antigua de la mitología hispánica. Es la historia de Gerión, también llamado Gritón, el héroe de las tres cabezas.

            Gerión. ©Chema Lera. Pulsar para ampliarSu abuela fue la gorgona Medusa, hija del Mar. Cuando Perseo le cortó la cabeza, de la sangre de Medusa nacieron Pegaso y Crisaor, que fue su padre. Gerión reunía en su persona la excelencia de la Trinidad: tres cabezas, tres mentes capaces de alcanzar las cotas más altas de la sabiduría. Bajo la tríada de las testuces, tres poderosos torsos armados cada uno con dos brazos como troncos de árbol lo hicieron invencible en la batalla. Además de su monstruosa figura, Gerión tenía también alas, pues los dioses habían pensado que tres cuerpos eran demasiado lastre para sólo dos piernas, y lo habían concebido alado cual ángel.

            Apenas necesitaba otras fuerzas de infantería o caballería para vencer a sus enemigos. Desde el cielo, una sombra amenazante descendía de repente, arrasando a las hordas que huían despavoridas sólo con verlo. Era realmente temible: uno de los cuerpos portaba un arco y lanzaba dardos a tanta velocidad desde las alturas que antes de comenzar la lucha cuerpo a cuerpo ya había ensartado a un buen número de asombrados guerreros, que no esperaban tal tormenta de flechas.

            Después, sin necesidad de posarse en el suelo, aprovechando la acometida del descenso como un halcón cazador, con otro de sus cuerpos, Gerión blandía una larguísima lanza, y era capaz de atravesar no uno, sino varios pechos enemigos. Pero cuando realmente aparecía asombroso su poder era en el combate con espada, pues eran seis afiladas hojas las que blandía al tiempo, tres espadas y tres dagas que sajaban a los oponentes sin que supieran por dónde caían los mandobles.

            Muchos asesinos trataron de acabar con su vida a traición, pero nunca pudieron cogerlo desprevenido, siempre tenía una de sus cabezas despierta y alerta, mientras otra dormía y una tercera estudiaba. Por ello no es de extrañar que se convirtiera en uno de los reyes más poderosos de la tierra conocida. Su reino estuvo formado por las tres islas del delta del río Guadalquivir, y ocupaba la actual ciudad de Cádiz, en España. En él floreció la riqueza: abundaban el oro, las viñas y los olivos.

            Su fama se extendió por el Mediterráneo y llegó hasta la Hélade, y uno de sus héroes, Heraklés, o Hércules, recibió la misión de robarle una de sus posesiones más valiosas: un rebaño de rojas vacas y bueyes maravillosos. Al cargo de la manada, Gerión había colocado a dos seres de confianza, un pastor y la perra llamada Aurora, que, como él, había nacido con tres cabezas, y, lógicamente, con las consiguientes fauces llenas de temibles caninos.

            No se amedrentó Heraklés ante ellos, y combatió con fiereza, y los venció. Pero Gerión tuvo conocimiento de ello. Ciego por el ansia de venganza, se elevó por encima de las nubes, tratando de atisbar a Heraklés en su huída por la costa mediterránea. El griego se había ocultado bajo una encina, y la carrasca le dió cobijo, permitiéndole cargar en su temible arco una flecha envenenada con la sangre de la Hidra. Apuntó cuando la sombra de Gerión sobrevoló por encima de la copa del árbol bajo el que se ocultaba, y disparó con certera puntería.

            El venabló entró hiriendo el costado izquierdo de uno de los torsos de Gerión, pero no se detuvo allí, y la punta envenenada fué perforando tejidos, ascendiendo por el segundo torso, atravesando su corazón, alcanzando el tercer cuerpo y saliendo por fin por el hombro derecho. Los rostros de Gerión se miraron entre sí, incrédulos, antes de precipitarse sus cuerpos como un torbellino de aves heridas, sobre una de las islas de su reino, y las tierras se tornaron rojas, y en ese lugar creció un drago que aún hoy se yergue en la ciudad de Cádiz. Pero del destino oscuro traído por Heraklés no terminó aquí, y el mal hado siguió sembrando desgracias por la antigua tierra de celtas e iberos.

La Tragedia de Pirene

            Heraklés continuó su camino, bordeando la costa hasta llegar a lo que hoy conocemos como los montes Pirineos, pero en aquél tiempo aún no existían. Borracho por la alegría del triunfo sobre Gerión, Heraklés aceptó la hospitalidad de un señor de aquellas tierras, llamado Bébrix. Bebió el potente licor de uvas que aquellas gentes destilaban, tradición que aún continúan en nuestros días, y el vino llenó su corazón de deseo, y cubrió su mente con las gasas de la alegría, y Heraklés no pudo evitar los accesos del amor hacia Pirene, una ninfa hija de Bébrix y una diosa de las aguas.

            Se amaron en la noche tibia, bajo las constelaciones de plata aún innombradas en aquellos tiempos, pero cuando el sol irrumpió hilando el azul del mar con el del cielo, Heraklés olvidó sus palabras de enamorado, y siguió su camino, y Pirene lloró en silencio, y las uñas del engaño le desgarraron el corazón.

            Cuentan las viejas leyendas que de aquella unión impetuosa nació tras sólo un día de gestación un terrible engendro de la naturaleza, una serpiente gigantesca que la propia Pirene convirtió en piedra antes de suicidarse, y la serpiente fue la cordillera que hoy llamamos Pirineos.

            Pero otros ancianos sabios contaron otra historia. Dijeron que Pirene no pudo soportar el desplante de Heraklés, y se mató, incinerándose en vida, al igual que antes se había incendiado su corazón, y la columna de humo llegó hasta el cielo, ensombreciendo los pasos del héroe.

            Cuando éste la vió, comprendió su error, y regresó sobre sus pasos, pero no llegó a tiempo de ser perdonado, y con aquellas enormes manos tantas veces manchadas de sangre, Heraklés levantó temblando de amor el cuerpo sin vida de Pirene, y lo depositó en el mismo lugar en el que habían sido amantes, y sobre ella arrojó una tras otra, enormes rocas, para construir un mausoleo que nunca pudiera ser olvidado, y construyó una cordillera de montañas inaccesibles, y las llamó Pirineos, en recuerdo de la bella ninfa ibérica que murió, orgullosa, por culpa del despecho de un héroe heleno.          (El texto de Elfos está aquí). © 2007 Chema Lera.


 

 

 



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17 comentarios

jiji -

noo gusta naa

Luisa -

Pues no sé, era algo físico... Ayer vi el último post de Ybris. No pude leerlo. Quería hacerlo esta mañana y cuando he entrado había desaparecido. Además en su "Profesor, segunda parte", decía que había 4 ó 5 comentarios (¡?!): entro y había un montón. Me voy a otro blog de blogger y me pasa lo mismo con los comentarios. No sé. Fernando me dice que él tampoco ha visto nada raro: ¿seré yo...? me pregunto.... O blogger conmigo... A veces creo que estas máquinas empiezan a hacernos luz de gas. Un beso. (¡Ja y ahora mi propio blog me dice que no me identifica y me devuelve aquí por no sé cuantas veces: al final he tenido que poner un mail diferente al habitual; definitivamente la cosa debe ir conmigo; me lo haré mirar).

M.M -

¿Cosas raras? ?En sentido real o figurado? jajajaja.
Dame más detalles por si se trata de artículos dobles o comentarios que cambian de sitio ¿es eso?...creo que blogger funciona con normalidad...

Luisa -

Ay, MM qué dura es la vida del bloguero y de la bloguera. ¿Por cierto hay problemas con blogger? Me ha parecido ver cosas raras por ahí...

Luisa -

Sé que un día, Chema, E.L.F.O.S despertará de nuevo, como las princesas de los cuentos. Y sé que lo que perdemos de tu papel de editor, lo vamos ganando en tu vocación de ilustrador, que cada vez, con justicia, te da más trabajo.
Las montañas estaban tan hermosas; era un día espléndido, casi atemporal.
Un beso.

Luisa -

Esto de las versiones en las leyendas forma parte de su propia naturaleza, Mónica, como bien sabes. Chema tiene una forma especial de acercarse a ellas: debe ser su origen montañés, puesto que en las montañas, como en las costas, todo es posible. Un abrazo para ti.

M.M -

De pronto creí haberme vuelto majara...si es que pensaba que te había contestado aquí...ayyy, es lo que pasa cuando hay dos blogs en la familia...

De Chema -

Gracias, Luisa, por rescatar el texto y por los comentarios(¿éstas palabras escribí yo?); tienes razón, E.L.F.O.S. fue una preciosa historia editorial que de momento descansa y, aún, palpita en la red con alientos como éste, todo un honor, de veras. Te imagino contemplar las blanquiazules montañas como olas pétreas de mares pasados... y creo compartir sentimientos. Gracias.

Mónica -

Yo también era la versión que conocía, pero tienes razón me ha encantado la manera de narrarla, te tocá más aún en el fondo de las entretelas.
Gracias por compartir el artículo.
Un abrazo

Luisa -

Te diría, con cariño y sonriendo, que tu punto de vista sería, para los dioses, digno de tu clásico sobrenombre.
Ya tienes razó, ya (como siempre).

Ybris -

Es una pena que todas las leyendas acaben por dejar clara la herencia de los dioses en la tierra.
Yo ahora me dedicaría a comenzar a sustituirlas por otrs en las que los humanos más dignos fueran los protagonistas.
La belleza de los Pirineos quedaría resaltada quizás así por la memoria de quienes hicieron de las montañas el lugar propicio para tomar altura

Besos.

Luisa -

Son un disfrute las leyendas. Algunas, como ésta sobre los Pirineos, sorprendentes por su conexión con la mitología clásica: pa que veas...
Besitos ya de domingo-noche/lunes en ciernes.

lamima -

Adoro las leyendas...siempre me han fascinado, tienen magia.
Como bien dices esta es desgarradoramente hermosa. Yo no la conocía, y sé que desde hoy miraré con otros ojos esas montañas.

Luisa -

Magda, elegí esta versión que cuenta Chema porque al parecer es la más difundida desde siempre en los elencos de leyendas de la zona. No es la ortodoxa, digamos, pero quizás tiene elementos más locales, más cercanos. Todas las versiones son desgarradoramente hermosas.

Luisa -

Es curioso, Isabel, que de esta leyenda del surgimiento de los Pirineos se hayan derivado unas cuantas versiones. Así cada cual podemos elegir la que más nos guste. Eso está bien. Un beso.

Magda -

Cuando éramos niños, mi padre nos contaba todas estas historias de la mitología griega, igual que de la romana, y de la azteca, por supuesto. De esta historia me fascinaba cuando Hércules mira a la que supuestamente era la más bonita diosa de las Pléyades, Pirene, hija de Atlante, desde que la miró ya no pudo escapar de su embrujo... Qué belleza, toda una historia de encuentro de fuerzas (entre el padre de Pirene y Hércules), amor, destrucción, y tantas cosas más, todo eso que ya conocemos.

No conocía esta versión que nos compartes, es también bellisima, Luisa, gracias.


isabelbarcelo -

Me gusta más la versión de los ancianos, esto es, que Pirene prefirió la muerte antes que la vida sin Hércules y que él le construyó ese maravilloso mausoleo coronado de nieves. Besos y feliz fin de semana.
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