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Ellos, de Juan Ramón Jiménez

Ellos, de Juan Ramón Jiménez

 

               Juan Ramón Jiménez proyectó ya en 1903 un libro de poemas que giraría en torno a su gente: su familia, principalmente, y sus amigos, a los que llamaba "afinidades elegidas".  Sin embargo, ese libro como tal "corpus" no llegó a publicarse en vida del poeta, aunque una serie de poemas que él quería incluir en él habían aparecido en las "Antologías". Igualmente, tras la muerte de Juan Ramón parte de los poemas que se entendían pertenecientes a Ellos, título que, tras algunas otras formulaciones, fue adoptado para el proyecto, fueron publicados en diversas ediciones, tanto libros como revistas.

 

            La edición que Linteo Poesía realiza este año, cuando se cumplen cincuenta desde la conceción del Premio Nobel al poeta de Moguer, es pues la primera que busca dar término a las intenciones de Juan Ramón Jiménez. El editor, José Antonio Expósito Hernández, ha ordenado un total de ochenta y seis poemas. Ocho son rigurosamente inéditos. Otros cinco más permanecían olvidados desde hacía décadas en revistas y otras publicaciones menores y nunca habían sido integrados en un libro. Además, ateniéndose a unas notas de Juan Ramón, a propósito de la Segunda Antolojía,  el editor ha incluido una serie de poemas procedentes de Piedra y Cielo, Eternidades, Poesía y Canción.

 

            "Ellos" es un libro sobre la familia del poeta. En realidad se habla sobre todo de dos personas: la madre de Juan Ramón, -Mamá Pura-, y su hermano Eustaquio. Es un libro de amor y de expiación, en el que el poeta quiere remontar algunos momentos amargos vividos y en el que, como siempre en su obra, busca la trascendencia y la redención de las personas y las cosas a través de la poesía.

 

            El libro está estructurado en dos partes: "Ellos" y "La vejez amada". La primera se acerca a las querencias familiares, a los lugares propios, a las personas de su entorno, con una especial referencia a su madre y a su hermano. La segunda está enteramente dedicada a su madre, a quien mira ya en su vejez, y cuya vida contempla desde esta vejez:

 

            "¿Qué te tira del alma?

              -  Te vas adelgazando

              como un arroyo que se va quedando

             sin agua-. "

 

(Mar. -nº 53-)

 

          "...es este un libro profundamente sincero y humano en el que se aprecia a un JRJ distinto al habitual. No es, pues, una mirada instrospectiva la que se constata, no es el acostumbrado JRJ vuelto sobre sí mismo y su conciencia, sino que se trata de un JRJ volcdo hacia fuera, hacia los otros, los suyos. Pero este afuera tampoco es la naturaleza sensible, la realidad inmediata. Es un libro de amor filial y fraterno" (p. 18)

 

            "¡Ay, qué tarde,

            madre, hermano, aprendí

            a ser hermano, hijo;

            cuando las puras flores frescas de Moguer

            no dicen ya su nada alegre

            a los aires del alba!

 

            (Nº 25)

 

            La cuidada edición de Ellos se completa con un pormenorizado anexo de notas críticas a los poemas, que demuestran el exhaustivo seguimiento a los mismos, en sus diferentes versiones, realizado por José Antonio Expósito. También es de alto interés el conjunto de fotografías y documentos poéticos incluidos.

 

            "Ellos". Juan Ramón Jiménez. Edición crítica, introducción y notas de José Antonio Expósito Hernández. Linteo Poesía, 2006.

Calepino

Diccionario latino (R.A.E.)

Ya no nieva como antaño

Ya no nieva como antaño

 

 

             Ya no nieva como antaño. Tampoco llueve igual que antes. Ni las cosas duran tanto como lo hacían. No duran los televisores, ni los frigoríficos, ni las lavadoras, ni los zapatos. No duran los amores, amor mío. Por eso no me ha extrañado verte esta tarde bajar las escaleras, subida muy alta, como una diosa antigua, sobre tus tacones, prolongados hacia arriba en la línea posterior de las medias. Escoltada por ese otro que ha venido a buscarte, te ha besado en los labios y ha cogido tu maleta. Muy educadamente me ha sonreído. Y muy amablemente yo he cerrado la puerta sin hacer casi ruido. Me he quedado pegado a la mirilla, viendo cómo caía la nieve en el rellano y asomaba un extraño y antiguo paisaje por el hueco de la escalera.

 

 

Calandraca

Sopa que se hace a bordo con pedazos de galleta, cuando escasean los víveres. / Conversación molesta y enfadosa (R.A.E.)

Poetizando - 17 (Vivaldi)

Poetizando - 17 (Vivaldi)

 

Secundario.

El concepto trae un largo escalofrío entre las vocales que se detienen bajo mis ojos.

Vivaldi asoma sobre los tejados y melancólico sonríe.

Sabiduría.

Dulce encontrar hasta dónde el pensamiento puede llegar y atreverse acaso a la mínima interrogación.

Pero nada más.

En ese juego se aprende cómo sobrevivir con uno mismo, que no va a ninguna parte.

Secundario.

 

*Esta tarde venía yo escuchando los 6 conciertos para flauta de pico de Vivaldi y recorde este antiguo texto. Creo que la música barroca tiene mucho de divertimento. Pero siempre conduce a lo esencial.

* La imagen corresponde a la pintura "Mezzetin tocando la guitarra" de Jean Antoine Watteau

Calamite

Sapo pequeño, verde, con una línea amarilla a lo largo del dorso (del latín calamites, y éste del griego kalamités, el que mora entre cañas) (RAE)

"Más allá, en las lejanas fronteras de la feria, era, de hecho, Día de Muertos"

"Más allá, en las lejanas fronteras de la feria, era, de hecho, Día de Muertos"

 

            "Dies Faustus... El Cónsul miró su reloj. Tan sólo por un momento, un horrible momento en el París, creyó que era de noche, que era uno de aquellos días en que las horas pasan deslizándose al igual que los corchos que se mueven sobre el agua tras la popa, y en las alas del ángel de la noche arrastran la mañana en un abrir y cerrar de ojos: pero hoy parecería estar ocurriendo todo lo contrario: eran apenas las dos menos cinco. Ya era el día más largo en toda su experiencia, una vida entera; no sólo no había perdido el camino, sino que tendría tiempo de sobra para más copas. ¡Si tan sólo no estuviera borracho! El Cónsul desaprobaba enérgicamente esta embriaguez.

 

            Conscientes de su estado, lo acompañaban, jocosos, los niños. Money, money, money farfullaban. ¡O.K. mister! ¿Juérhar yu go? Se colgaban a sus pantalones y sus gritos se desanimaban, debilitándose y dejaban traslucir su desilusión. Le habría gustado darles algo. Y a pesar de ello, no quería atraer más la atención. Vio a Hugh y a Yvonne que probaban su suerte en un puesto de tiro al blanco. Hugh disparaba e Yvonne observaba; ffut, psst, pffing; y Hugh abatió una procesión de patos de madera.

 

            Sin que nadie lo viera, el Cónsul tropezó con un puesto (en el que uno podía fotografíarse con su novia, sobre un fondo aterradoramente tempestuoso, verde y espeluznante, con un toro que embestía y el Popocatépetl en erupción) y pasó con el rostro vuelto a otra parte, frente al lastimosos Consulado Británico, cerrado, donde el león y el unicornio desde el escudo de color azul desteñido le contemplaron apesadumbrados. ¡Qué vergüenza! Pero seguimos, a pesar de todo, estando a tu servicio, parecían decir. Dieu et mon droit. Los niños lo habían abandonado. Sin embargo, había perdido el rumbro. Iba llegando al límite de la feria. Cerradas se alzaban allí misteriosas tiendas de lona, y yacían desplomadas o dobladas. Las primeras parecían casi humanas, despiertas, en espera; las otras, tenían el aspecto arrugado y encogido del hombre que, a pesar, de estar dormido, anhela, aun en su inconsciencia, estirar los miembros. Más allá, en las lejanas fronteras de la feria, era, de hecho, Día de Muertos"

("Bajo el Volcán", Macolm Lowry. Seix Barral, 1985)

 

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Malcom Lowry quedó tan impresionado por la celebración del Día de los Muertos en México que situó el transcurso de "Bajo el Volcán", su obra maestra, a lo largo de ese día. De alguna manera la atmósfera especial de la fecha impregna el desarrollo de la novela. Vida y muerte se entremezclan de forma iniciática, tanto en la tradición como en el destino del Cónsul.

 

 

 

            El culto funerario, presente evidentemente en todas las culturas, estaba muy arraigado en las tradiciones indígenas americanas, que no son muy diferentes en el fondo del Samain celta, que es la tradición que pervive en Europa a través su posterior cristianización.

 

 

 

            "El mes de noviembre tiene numerosas leyendas, casi todas negativas. Pueblos de distintas latitudes lo han considerado y denominado de diversas maneras:

 

            Mes de los vientos (en la tradición sajona, debido a las galernas que azotaban sus costas)

            Mes de la sangre (debido a los sacrificios de animales  que se realizaban en honor de los dioses)

            Mes de los diablos y los suicidios

 

            (...)

 

            Estamos hablando de un mes donde se renovaban los contratos de aparcería y arrendamiento de tierras, donde se terminaba de preparar los terrenos y se sembraban los cereales y había un intermedio de relativo ocio en las faenas agrícolas hasta la llegada del invierno, lo cual se solía festejar con banquetes y bailes comunales.

           

            (...)

 

            (Entre los celtas) el día 1 de noviembre era el inicio de su Año Nuevo, el Samain, que iba precedido por la noche conocida como Nos Galan-gaeaf, noche de las calendas de invierno (...) El festival del primer día de mayo (Beltane) abría las puertas del verano, y el festival del primero de noviembre (Samain) abría las puertas del invierno. Pero cabe preguntarse ¿abría tan sólo esas puertas? La creencia generalizada era que durante esa noche los muertos entraban en comunicación con los vivos en una especie de confusión cósmica...

 

            A esta fiesta acudían todos los miembros del poblado y se celebraba una asamblea en la que intervenían tanto los hombres como las mujeres. Se sacrificaban animales para proveerse de carne para invierno, y era una de las pocas ocasiones en las que los druidas estaban autorizados a comer carne de cerdo y beber vino en abundancia. Todos encendían velas, y el sentimiento de proximidad con los difuntos era tal que cualquier ser vivo podía descender con ellos al mundo inferior con la única condición de permanecer allí hasta el siguiente Samain...

 

            En aquellos días, los celtas llevaban gran cantidad de flores a los cementerios para aludir al más allá como paraíso (algo que todavía se sigue produciendo en todo el mundo hispano). También solían amontonar calaveras porque se creía que el muerto pertenecía, durante ese tiempo, a los dos reinos. Durante la vigilia fúnebre se pintaban los cráneos custodiados en el osario y los fieles pasaban la noche bebiendo, tocando música y cantando en compañía de los muertos.

 

            Durante esos días, los celtas creían que los difuntos retornaban a sus hogares durante tres días en el nuevo año solar...

 

 

           

            (...) Los indios nativos méxicanos (nahuas) consagraban las dos últimas veintenas de sus calendarios a los difuntos con los nombres de "fiesta menor de los muertos" y "fiesta mayor de los muertos". En esta última, según el Códice Telleriano Remensis, "se ayunaba durante tres días en honor de los muertos y el día de la fiesta, todos los indios subían al tejado de su casa y, mirando hacia el norte, imploraban a sus parientes difuntos diciendo: venid rápido porque os esperamos".

 

            (...)

 

            Recuerda el investigador Manuel Gómez que en el estado mexicano de Oxaca, donde existe una gran tradición popular en la celebración del Día de los Muertos, está arraigada la creencia de que los difuntos, después de su largo peregrinaje desde la otra vida para regresar a la Tierra, llegan cansados y sedientos, por lo que en el altar se les coloca una jícara o un vaso de agua e incluso una botella de mezcal...

 

            En todo México parece darse la vuelta al concepto tétrico de la muerte para convertirlo en un acto lúdico. En la creencia de que en este día los difuntos obtienen permiso para visitar a sus seres queridos, los cementerios aparecen engalanados de flores, se colocan altares de muertos, se encienden cirios y en sus rituales no hay tristeza sino alegría en la evocación de sus parientes y amigos ya fallecidos, cuidando hasta el mínimo detalle (...)

 

            Esta exaltación de la vida en los camposantos está revestida de ciertas supersticiones: se les ofrece simbólicamente pan y comida, destacando el "pan de muertos", que adopta distintas figuras según las regiones, y aún se conservan los dulces en forma de calaveras a las que cariñosamente se llama "muertitos".

 

 

 

            (...)

 

            En el tema de los alimentos funerarios se da un fenómeno recíproco. Los vivos comen para honrar la memoria de sus muertos, pero éstos también, según algunas creencias, participan del convite a su manera. En el norte de España se habla del tracional magosto o magüestu de difuntos, fiestas de las castañas asadas en torno a una hoguera o fuego del hogar. De acuerdo con un ancestral derecho comunitario, durante ese día se podían recoger libremente en cualquier finca con anuencia del dueño... Se dejaba la puerta abierta de la casa durante toda la Noche de Difuntos con la idea de que entrasen las ánimas a calentarse junto a la chimenea encendida. Los habitantes y familiares depositaban entonces un puñado de castañas asadas sobre la mesa de la cocina con el fin de  que los difuntos comieran de ellas... En otros lugares, para prevenir la desazón de las ánimas que regresaban a la tierra desde el más allá, se les preparaba un plato de comida caliente y se dejaba un sitio sin ocupar en la mesa de la familia. Además, se les encendían cirios y candiles por toda la casa para orientarlos en su deambular por la oscuridad."

 

(Jesús Calllejo, "Fiestas sagradas", Edaf. 1999)

 

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El uno de noviembre se abre la puerta... (Blog de Chema Lera)

 

*La imagen viene desde http://nmazca.com/3142857/popocatepetl.jpg

Cachucha

Bote o lanchilla (R.A.E.)

La creatividad humana

La creatividad humana

Creo firmemente, a pesar de todo, en la capacidad creativa del ser humano (también en su capacidad destructiva, sin duda). Siempre he pensado que el acto creativo debe ser cotidiano y que ese acto creativo es el que proporciona al ser humano la posibilidad de reconocerse a sí mismo y de otorgarle un lugar entre sus cóngeneres. No importa para ésto la entidad o  repercusión social de la creación, porque en definitiva la valoración final de la misma es completamente circunstancial: depende de factores que no pertenecen al propio hecho creativo (económicos, de gusto, incluso de fortuna o suerte) y que introducen ya otros parámetros, a partir de los cuales precisamente se empezara a desvirtuar el acto creativo en sí (poder, influencia, competencia, etc).

El domingo pasado Fernando Trías de Bes escribía en EPS un artículo titulado "La creatividad como forma de vida", que, a mi juicio, explica muy bien todo ésto. Aunque yo introduciría algun matiz, por ejemplo en el papel adjudicado por Bes a la lógica y al aprendizaje, cito algunos de sus párrafos más elocuentes:

"Los actos de nacer y morir son, desde un punto de vista metafísico, absolutamente individuales. Puede haber un ginecólogo ayudando en el parto, o un acompañante al lado de un enfermo agonizante, pero su función es de simple ayuda o acompañamiento. Lo que supone nacer o morir, desde el punto de vista existencial, atañe a una sola persona. Son, tal vez, los actos más íntimos de nuestra vida, los que nos pertenecen exclusivamente a nosotros. Los actos de nacer y morir son individuales. Entre un acto y el otro se extiende un periodo de tiempo de duración indeterminada que denominamos vida. Erich Fromm escribió que, durante la vida, el ser humano se siente siempre impulsado a trascender la propia individualidad, a superar un proceso de individuación que conduce a la soledad y al aislacionismo.

Vivir encerrado en el propio mundo, aislarse en uno mismo, vivir sin trascender la propia identidad puede sumir a una persona en la locura, la tristeza o la depresión. No afirmo que no sea posible estar bien con uno mismo, sino que es imposible estar únicamente con uno mismo. Nacer y morir son actos individuales, mientras que vivir es lo contrario: es trascender la identidad, superar la individualidad con la que nacemos y morimos. Para superar ese proceso de individuación, las personas disponen de dos mecanismos. Uno es el amor. El otro, su capacidad para crear. Pero el hombre precisa de algo donde proyectarse para trascender su propia identidad. Durante la vida hallamos dos tipos de ese algo donde proyectarnos: otras personas y objetos físicos, cosas. Así pues, las personas son los sujetos donde se proyecta el acto de amar, y las cosas son los objetos donde se proyecta el acto de crear."

"¿Por qué explico todo esto? Porque hay una tendencia generalizada en la población a pensar que uno mismo no es creativo, que la creatividad es una facultad reservada para unos pocos genios. El resto, los comunes mortales, hemos de limitarnos a admirar sus obras artísticas o sus descubrimientos.

Nada más lejos de la verdad. La creatividad es un rasgo inherente a la condición humana. No es que podamos ser creativos, es que somos creativos porque somos seres humanos. La necesidad de conectar con el exterior, de dejar la huella en el mundo fue, sin duda alguna, el detonante de la razón. Fuimos creativos antes que racionales. Nuestro sistema cerebral es creativo de nacimiento; la lógica la aprendemos mediante la enseñanza. El problema es que la vida en sociedad precisa de rutinas para garantizar su eficiencia. Si todos cruzásemos la calle de modo creativo, la seguridad vial sería un caos. En las empresas y en las profesiones sucede algo parecido: es preferible aplicar protolocos conocidos que dejar al individuo un campo libre de actuación que provoque errores o pérdidas. Se permite aplicar la creatividad sólo en campos y tareas donde la sociedad o la empresa no se vean perjudicadas. El problema, entre otros, es que cada vez hay menos campos donde nuestro modo de actuación no deba ser automatizado.

Nacemos creativos, y vamos, mediante el aprendizaje progresivo de la lógica y el desarrollo de la eficiencia como especie, olvidando que lo somos y perdiendo las habilidades creativas."

 

*Puede leerse el artículo "La creatividad como forma de vida", de Fernando Trías de Bes en la edición digital de El País-EPS:

http://www.elpais.es/suple/eps/index.html?d_date=20061029

Lluis Llach, tendressa revolucionaria

Lluis Llach, tendressa revolucionaria

 

      Lluis Llach está de gira y de despedida. Aunque todos los que asistimos ayer al concierto que dio en la Sala Mozart del Auditorio de Zaragoza nos resistimos tenazmente a que nos dejara y les hicimos retornar a él y a sus excelentes músicos una y otra vez al escenario. Yo creo que el público de la Sala Mozart quería decirle a Llach que no es justo que se retire ya, cuando todavía son tan jóvenes su persona y su voz, cuando todavía su creatividad se muestra tan intacta como se demostró ayer en Zaragoza.

 

      El concierto al que asistimos forma parte de la gira que Llach está realizando por diversas localidades peninsulares -casi todas catalanas y valencianas, pero también Pamplona, Madrid, Zaragoza, hoy en Fraga- y que le llevará igualmente el próximo día 22 de noviembre al escenario del Olimpia de París, donde tanto le amaron hace ya tantos años. Llach quiere finalizar su carrera de músico profesional sobre el escenario de esta manera.

 

            Durante lo que Llach llamó, con ironía, ya en tiempo de bises, "el concierto oficial" asistimos a la reconstrucción emocional e intelectual del universo del ampurdanés. Lluis Llach obvia en este concierto las canciones más emblemáticas de su carrera, a nivel popular, y opta por contarnos en qué momento vital se encuentra, cuáles son sus preocupaciones actuales, cuáles sus argumentos vitales, en qué andamiaje sostiene sus proyectos de futuro. Es un recital en el que Llach se dirige al público de una manera muy personal, entreteniéndose en explicar cada canción: su razón de ser, las circunstancias en que fue creada, su propia relación con la canción,  acercándolas de esta forma al público y acercándose el propio Llach también, puesto que en este concierto-despedida ha procurado una especial calidez entre el público y él, ha buscado dejar meridianamente claro en dónde podremos encontrarle.

 

             Así fueron apareciendo "Geografía", del disco de igual titulo, y con la que Lluis Llach abre el concierto comunicándonos cuál es el mapa vital por el que él se mueve; "Un núvol blanc", con la que quiso contar su concepción de la persona y que está dedicada a su madre, dentro del disco "Maremar", compuesto tras el fallecimiento de ella; la propia "Maremar", un canto al mar Mediterráneo, lugar de identidad cultural e histórica; "Tinc un clavel per tu" con la que quería explicar la relación del músico con su público; "Jo hi soc si tu vols ser-hi" para exponer su concepción social y política de las cosas; "Tendressa", palabra que según Llach tiene hoy en día una enorme carga revolucionaria y que resume aquellos valores a los que deberíamos aspirar;  y muchas otras canciones hasta completar más de hora y media de "concierto oficial", que terminó con un espléndido "Verges", - lleno de músicas alegres para la nostalgia, de preciosas imágenes de antaño, y donde se respira el reconocimiento de la raíces propias,- y con la canción "Tozudamente en pie", símbolo de la resistencia personal y civil que LLuis Llach reclama todavía y siempre, pues "la auténtica posición de izquierda es realmente difícil, porque requiere un constante cuestionamiento de lo logrado". Ese ha sido desde siempre el planteamiento de Llach y es el que sigue defendiendo.

 

          Entre las muchas otras canciones que disfrutamos hubo algunas ya antiguas que permanecen discográficamente inéditas como "El día", prohibida en los años setenta y que ahora Llach ha recuperado, y otras muy recientes y tampoco grabadas como "El desig".  Estas canciones no publicadas son indicio claro de la vitalidad creativa de la que todavía disfruta Lluis Llach. Como lo es la magnífica instrumentación de las canciones, la versatilidad musical de unas composiciones que, hundiendo sus orígenes en las evocaciones del mundo mediterráneo, nunca han temido incorporar ritmos jazzísticos y rockeros, incluso brasileiros,  en fusión completamente natural.

 

            Si en el "concierto oficial" no había habido canciones de referencia, en la primera tanda de bises Llach y sus músicos nos brindaron una fabulosa interpretación de "Viatge a Itaca" - de las mejores que yo he oído nunca, y he oído varias-. Esto fue después del emotivo recuerdo al poeta y amigo, Miquel Martí i Pol, autor de las letras de unas cuantas canciones de Llach. "Viatge a Itaca" y "Que tinguem sort", que cantó en una nueva tanda de bises -hubo tres-, son una magnífica manera de despedirse sobre el escenario de la gente que le ha seguido durante todos estos años.

 

              Por si finalmente es así, copio ahora la letra de "Que tinguem sort" y hasta luego, Lluis, tus discos siempre andarán con nosotros:

 

 

Si em dius adeú,

vull que el dia sigui net i clar,

que cap ocell

trenqui l´harmonia del seu cant.

 

Que tinguis sort

i que trobis el que t´ha mancat

en mi.

 

Si em dius "et vull",

que el sol faci el dia molt més llarg,

i Aixi robar,

temps al temps dún rellotge aturat.

 

Que tinguem sort,

que trobem tot el que ens va mancar

ahír.

 

I Així pren tot el fruit que et pugui donar

el camí que, a poc a poc, escrius per a demà.

qué demà mancarà el fruit de cada pas;

per aixó, malgrat la boira, cal caminar.

 

Si vens amb mi,

no demanis un camí planer,

ni estels d´argent,

ni un demá ple de promesas, sols

Un poc de sort

i que la vida ens doni un camí

ben llarg.

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Si me dices adiós,

quiero que el día sea limpio y claro,

que ningún pájaro

rompa la armonía de su canto.

 

Que tengas suerte

y que encuentres

lo que te ha faltado en mí.

 

Si me dices te quiero,

que el sol haga el día mucho más largo,

y así robar

tiempo al tiempo de un reloj parado.

 

Que tengamos suerte,

que encontremos

todo lo que nos faltó ayer.

 

Que mañana faltará el fruto de cada paso

para ganar lo que todos hemos

esperado estos años.

Cada paso nos acerca más al mañana

y por esto a pesar de la niebla, hay que andar.

 

 

*La fotografía corresponde a un momento de la actuación de Llach ayer en la Sala Mozar del Auditorio de Zaragoza.

* Comentario en Pasapues con video incluido.

*Comentario en el Blog de Fernando Sarría

*Comentario en el Blog de Antón Castro

* Artículo sobre el disco "Poetes", aparecido en El Cronista de la Red, que glosa algunas de las constantes de la obra de Lluis Llach.

Cachón

Ola de mar que rompe en la playa y hace espuma (R.A.E.)

Poetizando - 16 (La línea del tiempo)

Poetizando - 16 (La línea del tiempo)

 

 

         La que fue una vez mi casa hubiera estado en esta antigua fotografía, de un tiempo muy anterior a que mi casa fuera, en el aire. En el aire suspendida mi cama, la mesa camilla y mi máquina de escribir, las precarias estanterías de palometas y conglomerados en las que se apilaban con orden mis libros, y éstos a su vez en el aire, como un pespunte de mis pensamientos. Mis plantas de entonces en el aire y sus hojas temblando entre las nubes, y también en el aire mi tiempo, visto desde ese otro tiempo anterior que para mi nunca ha sido y que sin embargo es, como ese tiempo mío, historia.

 

(Yo viví un tiempo en esta zona de la ciudad, en lo más alto de un alto edificio que estaría allí tiempo después de la fotografía.)

Poetizando- 15 (Todas las cosas que puede hacer Daniel)

Poetizando- 15  (Todas las cosas que puede hacer Daniel)

El domingo por la tarde, como todos saben, Fernando Alonso ganó su segundo título mundial de Fórmula 1. Mi sobrino Daniel, que tiene siete años, es un fan absoluto de Alonso. Incluso su silla de ruedas es azul y amarilla. A Daniel le felicitó publicamente  Gustavo Bonansea desde Argentina en el Foro de Hijos Especiales. Me hizo mucha ilusión. Por eso quiero yo también ahora felicitarle aquí, recuperando ésto que escribí hace un tiempo:

 

 

Tu risa trota por los jardines y las horas,

ata los vientos del carrusel,

y agita el mar para que yo me ría.

 

Tu risa trepa a las nubes, con el sol

se enreda y juega al escondite,

pisa los charcos y se desliza

por el tobogán del tiempo.

Tu risa se encabrita, caballito de mis sueños,

molinillo que en el aire persigue

mis palabras como a un pájaro.

 

Tu risa cuenta mil historias, mil

deseos, y no para de la mañana

a la noche. Es música entre

tus dedos y habla con mis orejas,

y vuela de ventana en ventana

como los héroes y las leyendas.

 

Tu risa corre como un río y salta

entre los árboles horadando

las lágrimas que no deseo.

Tu risa pronuncia nuestros nombres

y nos recibe con tanto amor

que poco más importa que quererte.

 

Tu risa trae de la mano

entero al mundo porque tu risa

es nuestra casa y nuestra respiración.

Buriel

De color rojo, entre negro y leonado (R.A.E)

Broto. El tiempo y el lugar

Broto. El tiempo y el lugar

 

En el limpio y diáfano espacio renacentista de La Lonja de Zaragoza se despliega estos días la pintura de José Manuel Broto en una exposición que lleva por título "El tiempo y el lugar".  Es, sin paliativos, una exposición magnífica, definitiva y que abre la pintura al nuevo lenguaje estético de la imagen digital.

 

            Aunque todos los cuadros de la exposición forman un "continuum", animados por la afloración de algunas constantes del pintor - la forma informe del agua, la música, el color, la geometría, el gesto, Mondrian, Rothko -, yo diría que hay en esta exposición dos formas de enfrentarse a esos mismos universos, dos técnicas que delimitan caminos diferenciados, que no distintos ni divergentes.

 

            Por un lado, toda la serie de acrílicos sobre tela. Por otro, las tintas pigmentadas sobre papel, construidas mediante ordenador, y complementadas con una hermosísima "instalación" de video y música, que me parece lo más arriesgado de la muestra, y que me ha interesado muy especialmente.

 

            Los acrílicos son sencillamente espléndidos y, curiosamente, son, con alguna excepción, cronológicamente posteriores -2005 y 2006- a las tintas -2004 -. Quiere esto decir que Broto ha llegado a la genial síntesis del color y del gesto, de la geometría y del transcurso, que demuestran cuadros como Ligeti, Una idea del movimiento del tiempo, Allegro, Agua, etc., después del trabajo con la imagen digital. Estos acrílicos se insertan, como bien explica el catálogo de la exposición, en la mejor tradición de la vanguardia pictórica del siglo XX, pero avanzando conceptualmente con los aportes de la imagen digital, en cuanto nuevo espacio y nuevo tiempo. Parece que la imagen digital estuviera más cerca de la música.

 

            En las tintas sobre papel esa idea renovada del espacio, creado por la natural transición entre colores -que luego se recoge en las delimitaciones geométricas de los acrílicos- se hace muy evidente. Mientras, los trazos de color nos introducen en ese espacio, nos guían por él, o nos enredan en él. Broto ha entendido y desarrollado admirablemente, con sensibilidad exquisita y muy segura de sí misma, que la imagen digital es capaz de conseguir casi por sí sola esa idea de la pintura como generadora de espacio en el que introducir al espectador, y que desde la perspectiva caballera a los cuadros de Rothko es una constante en el arte occidental.

 

            La "instalación" de video y música es, desde mi punto de vista, una delicia para el espectador.  La pieza compuesta por José Manuel López López, con quien Broto ya había colaborado, dibuja e interpreta acústicamente las imágenes que se van sucediendo en la pantalla, de formulación similar a las tintas pigmentadas que en dos dimensiones cuelgan en los paneles de la exposición. Pero, claro, el video permite una tridimensionalidad que culmina el tránsito por el espacio pictórico que genera Broto. Música e imagen empujan al espectador que sin esfuerzo ingresa en ese nuevo mundo de la imagen digital. A mi entender, la diferencia de lo  percibido en esta crucial exposición respecto a otros intentos y muestras de arte concebido desde procedimientos digitales o "informáticos", es que las imágenes digitales de Broto siguen siendo eminentemente pictóricas. Es nuevo el soporte. Son nuevas las herramientas.  Es de alguna manera nueva la técnica. Pero no lo es el concepto artístico, que encara la tradición de donde viene para dar, a mi juicio, un valioso salto adelante.

 

            Copio un texto de Gloria Collado, presente en el catálogo de la exposición y en el folleto guía, porque me parece que explica mucho mejor de lo que yo podría hacerlo los ejes fundamentales de esta decisiva exposición de Broto:

 

            "En su pintura prevalecen, en primer lugar, signos que cabe interpretar como componentes de un universo íntimo, como son los entrelazos, nudos, espirales, cadenas, huellas y líneas fluctuantes, zigzagueantes que surcan o recorren el espacio; en segundo lugar, encontramos siempre las figuras geométricas, sean éstas planas o volumétricas (cuadradazos, rectángulos, triángulos o poliedros), las dos y tres dimensiones con las que se ha escrito la historia del arte, despojadas aquí de todo el "andamiaje", que diría Rothko, del estilo y la tradición que hizo posible la modernidad; y por último, el color, ese magma de intensidades que ilumina, construye y da vida al resto. El azul se ha hecho constante en su pintura desde que descubrió ágiles y escurridizos destellos del agua y, junto a él, el rojo, su opuesto, ambos prevalecen como parte del estandarte de aquella pasión juvenil por los colores primarios que le inculcó el neoplasticismo de Mondrian. ¿Cómo decidirse por un rojo?, se preguntaba Broto en un texto reciente, para a continuación enumerar más de cuarenta variantes de este color. La complejidad ante la que se sitúa el pintor a la hora de elegir, en este caso un color, obliga a retomar el punto de partida en el que se veía su pintura como pintura de síntesis. Reflejo de ello es sin duda el diálogo que ha establecido en su obra con el antagonismo entre Mondrian y Rothko, entre la persecución de un espacio dimensional, donde reinan los principios elementales del color y la línea, del primero, y el espacio "absorbente" de las pinturas de grandes dimensiones del segundo, en el que obliga al espectador a "estar dentro". Esta doble influencia, o mejor, esta pugna entre un "fondo" que se quería "fachada" y unas "figuras" que imponían un nuevo orden geométrico, se alternan y hacen de telón de fondo del propio repertorio de Broto, de ese imaginario que puebla nuestra memoria y que cada uno de nosotros adoptamos y hacemos nuestro"

 

 

            (La exposición de José Manuel Broto, "Broto. El tiempo y el lugar", está instalada en la Lonja de Zaragoza, desde el 7 de octubre al 19 de noviembre de 2006. Viajará después a Coruña (8 marzo-20 mayo 2007) y a Sevilla (31 de mayo-15 julio 2007. El montaje de Zaragoza está especialmente cuidado. Me gusto mucho la visita guíada realizada por una licenciada en Historia del Arte, que con gran tino introducía a los espectadores en un mundo estético que no siempre es de fácil apreciación. Me pareció un gran acierto realizar esas visitas y un muy buen trabajo por parte de la persona que lo lleva a cabo.

 

La instalación de video y músico tengo entendido que se pondrá a la venta próximamente en un DVD. Feliz idea.)

 

 

* La imagen superior corresponde a la obra titulada "Agua", 2006, acrílico sobre tela (300x400 cm.).  La reproducción en este blog cuenta con el permiso del Servicio de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza.

 

 

Bulbul

Ruiseñor (R.A.E.)

"Río de Amor", de Rolando Mix

"Río de Amor", de Rolando Mix

 

Río de Amor es el libro que presentó ayer el poeta Rolando Mix en el Centro cívico Teodoro Sánchez Punter, en Zaragoza. El acto fue una fiesta. Una fiesta de palabra y música, una celebración sin duda en la que todos los asistentes participamos con gusto. La poesía cobra su verdadera voz cuando es recitada en alto, con su ritmo marcando el espacio y expandiéndose por todos aquellos que la escuchan y se la apropian. Por eso añadir a los turnos de presentación y explicación del libro realizados por el editor, Carlos Bozalongo, y el prologuista, Javier Barreiro, un breve, pero intenso, recital poético, fue un acierto y una fortuna para los que asistimos. Y la música, la otra cara de la poesía, intercalándose y reforzando la palabra. Fue un acto de verdad magnífico, cuidado y emotivo.

            El poemario Río de Amor es un cúmulo de vitalidad. De franca vitalidad, que no reniega de su comprensión intelectual. Es una poesía tan vivida como sorprendente, tan fresca como reflexiva. Es un libro de poemas decididamente eróticos, tremendamente sexuales, un cántico al reconocimiento en el otro, como muy bien nos explicó ayer Javier Barreiro. Copio un párrafo, que él también reprodujo ayer de viva voz, creo que por considerarlo muy significativo para explicar el libro de Rolando Mix:

            "Río de Amor surge como un reencuentro con la sexualidad de un hombre que, por diversas circunstancias vitales, creía haber culminado su ciclo. El destello, la intensidad y la maravillada sorpresa ante el ejercicio del amor que estos poemas tantas veces muestran tiene mucho que ver con esa mirada primicial de quien redescubre el amor físico, con la gozosa intensidad de quien se interna por lo desconocido, aunque este caso constituya un reconocimiento. La recuperación de un cuerpo amado y sentido sirve para reconciliarse con el propio, para dar alas a la sensación de vida, que un cuerpo en deterioro a veces quiere desmentir. El amor es por naturaleza el terreno de lo imaginario por lo que, aun cuando aparentemente repitamos fórmulas y modos de actuar, la presencia de la fantasía y la imaginación provoca que el verdadero erotismo sea siempre vario. La imaginación interviene sin cesar para perfeccionarlo y reinventarlo. Los amantes crean el amor, y no al revés. Y en esta poesía se certifica constantemente. No existe el amor. Existe el ser amado".

 

            Y copio también un poema que me ha gustado especialmente:

 

                       

                        VERAZ

            Tú eres mi verdad.

            Toda tú, entera.

            Y más aún cuando te horado

            y de tu pozo

            extraemos la calidez del alma,

            el hogar de los ojos,

            el relámpago que ilumina nuestras vísceras

            y nos hace ronronear,

            gruñir, contentos,

            felices del amor que nos enlaza,

            del nudo entre las piernas

            y del que liga nuestros vientres

            nuestros pechos,

            mientras lenguas sondean el verbo amar

            en el tubo del esófago del tiempo,

            en ese diapasón donde culmina

            la cuerda que da voz con su vibrato

            al acto de ser radiantes del uno al otro:

            esta bella emoción de células frisadas

            que encadenan divinidad en nuestro cuerpo.

 

 

            La preciosa edición de este libro ha estado a cargo de Papeles de la calle del gato, en su colección "Los dichos de la mano". Se trata de una edición no venal, limitada y muy mimada, con unas bellísimas ilustraciones. Hecha sin duda con mucho amor.

Barreras arquitectónicas versus barreras mentales

Barreras arquitectónicas versus barreras mentales

              

       He perdido el ejemplar escrito del periódico donde leí la noticia y no soy capaz de encontrarla en Internet, en donde parece haberse perdido también. Pero recuerdo bien sus términos y por eso, aunque no sea muy ortodoxo hacerlo sin el apoyo documental, quiero traerla aquí (con el compromiso de que cuando encuentre el reportaje, colocaré su referencia exacta). No quiero dejar pasar más tiempo. Una vecina del barrio zaragozano de Torrero, que ha sido madre recientemente, denunciaba las barreras arquitectónicas de su calle que prácticamente le impiden salir de casa con el carrito de su bebé, debido a la estrechez de la acera, sembrada de postes de la luz y atrincherada por los vehículos aparcados en la calzada y los contenedores de las basuras. Expuesta y desarrollada la situación de esta vecina y del barrio de Torrero en general, con su escasez de aparcamientos, con su hermoso y viejo diseño que se adapta mal a la voracidad urbana de este siglo, con sus inconvenientes para suprimir barreras arquitectónicas, el reportaje concluye con una "disculpa" del concejal de Infraestructuras del ayuntamiento zaragozano. Y es el punto de vista desde el que está hecha esta disculpa lo que más ha llamado mi atención.

            Venía a decir el concejal de Infraestructuras que es necesario que los afectados por las barreras arquitectónicas urbanas denuncien particular e individualmente su problema, como hizo la vecina protagonista de la noticia,  para que el Ayuntamiento conozca de su existencia y pueda ponerle remedio. Bien. Es un paso. Pero, no parece una manera muy racional de afrontar el problema de las barreras arquitectónicas. Quizás el concejal se sorprendería por la magnitud del número de quejas y denuncias, si todos los afectados diariamente por ellas y por otras situaciones de discriminación o falta de integración recurrieran a este procedimiento. A mi me parece que la Administración, - cualquiera de ellas en sus niveles de competencia al respecto, más aún, todas ellas en coordinación, - deberían empezar a plantearse análisis y estudios serios sobre el tema de las barreras arquitectónicas y urbanísticas en las ciudades y pueblos de este país. Estudios  y análisis coherentes y serios sobre éste y otros temas relacionados con la integración, que no se pueden afrontar a partir de la multiciplicidad de casos aislados que vayan surgiendo. Que necesitan actuaciones globales, basadas en procedimientos racionales y totales, pensados con la misma "normalidad" que se hace con otras actuaciones diariamente, si queremos realmente nuestras ciudades y pueblos sean un lugar en el que todos podamos vivir con "normalidad". Ya entiendo que hay un problema económico y presupuestario por el medio. Pero si no empieza por modificarse la mentalidad con la que los responsables políticos, y en general la sociedad, afrontan el mundo de la discapacidad y las exigencias de integración, malamente entrará en consideración la necesidad de destinar los recursos presupuestarios que hagan plausible poco a poco la asunción de la diversidad por parte de todos.

        Esa misma mentalidad, tan estrecha, tan poco capaz de ponerse en el lugar de los otros, es la que me preocupa en cuanto a la reglamentación que habrá de venir para desarrollar la llamada Ley de Dependencia. Esa mentalidad y algunos de sus enunciados, la verdad. Pero eso será otro día.

El autobús

 

Primero le gustó esa voz que armaba las palabras desde adentro y las arrastraba en tonos graves, aunque de color naranja. Cuando lo oyó al llegar a la parada del autobús aquella tarde de pasado ya mediados de septiembre, un zigzagueo paralizador le recorrió la espalda, como un aviso premonitorio. No había demasiado tráfico a esa hora. Era aún temprano  para la salida de las oficinas o el cierre de los comercios, y los escolares todavía permanecían de fiesta por las tardes. Un relativo silencio le permitió distinguir que la voz no se expresaba en castellano y, cuando se colocó a su altura debajo de la marquesina de la parada, alcanzó a comprobar que el idioma extranjero era el italiano. Tan dulce y descortés a un tiempo. Por detrás de las gafas de sol, llevó los ojos a un lado y vio un cuerpo agitarse entre risas algo descalabradas, y ese cuerpo también le gustó. Lo mismo que el rostro alargado, moreno estival, medio rasurado en una irregular barba rubia como a matojillos, con unos ojos que igualmente se ocultaban tras unas lentes oscuras y que por tanto no podía ver, sino tan sólo imaginar. Le hizo gracia el pelo anclado en una coleta que le latigueaba la espalda al ritmo endiablado de la conversación y le molestó la algarabía casi estridente con que estallaban las palabras en la boca del chico rubio y en las de sus dos interlocutores. Se sentía casi asediada por la vehemencia con que se robaban la iniciativa y por la frescura que alimentaba todas las chanzas. Tanta complicidad la expulsaba de la escena, a pesar de que estuviese físicamente allí mismo compartiendo espacio y un sol abrasador, a escaso medio metro del chico rubio, el más cercano a ella. No podía evitar mirarlos y escuchar. No podía desviar su atención ni dejar de introducirse en el juego de tres que se desarrollaba delante de ella, ajeno a ella, aunque ya se sintiera más parte del juego que meramente observadora. La conversación era bastante banal y eso, no sabía por qué, la irritaba. ¿Qué debería esperar en una tarde bochornosa de final de verano, en una parada de autobús condenada al sol, de tres personas alegres, presumiblemente de paso, quizás incluso de vacaciones, en un país extraño, y aparentemente en momentos de total asueto para ellas? Tenía ganas de recriminarles su desbordada actitud. Sus conocimientos de alumna avanzada de italiano se lo hubieran permitido. Sin embargo se contuvo y aguantó el tirón. El autobús estaría al llegar. Se colocó en un oído un auricular de su reproductor de música e introdujo algo más de distancia respecto a los tres italianos que seguían ignorándola. Lo que realmente le molestaba era la indiferencia del chico rubio. Se apoyó contra el poste de la marquesina, cruzó los pies y taponó el otro oído con el segundo auricular. Fue inútil. Su curiosidad y su ansiedad eran más fuertes que su orgullo. Con un gesto de desagrado, guardó en su bolsa de colores el reproductor de música y entonces percibió un leve giro de cabeza del chico rubio. Creyó ver en sus labios la ráfaga de una sonrisa que no podía ir dirigida a ella,  aunque le daba igual. Recompuso su esqueleto ante la llegada del autobús y avanzó, midiendo los pasos, delante del chico rubio y de la pareja que lo acompañaba. Movía sus piernas despacio, procurando que la caída del vestido se pegara a las caderas y el borde de la tela que llegaba a sus tobillos ayudara a remarcar las acompasadas ondulaciones de su breve desfile hasta el interior del autobús. Era consciente de que ese vestido le favorecía. Mientras saltaba a la plataforma del autobús, estirando su cuerpo, dejándolo un segundo como suspendido en la atmósfera, oyó a su espalda la risa de la chica italiana y cómo llamaba por su nombre a uno de los chicos casi gritando. ¡Enzo!. Le pidió que pagara el importe de los tres viajes. Ella se quedó al principio del autobús y pudo ver que Enzo era efectivamente el chico rubio. Los tres italianos siguieron hasta la zona media, esa que tienen como de acordeón estos vehículos de doble cuerpo, y se acomodaron allí continuando su buena cháchara.  Ella los siguió. Frente por frente, miraba a hurtadillas esperando tropezar con los ojos de Enzo, ahora desprovistos de las gafas oscuras. Como para corresponderle, ella también se quitó las suyas y las colgó del escote, acentuando así su  pronunciación. El autobús no iba demasiado lleno. No mediaba nadie entre ella y los italianos. Pero, Enzo no la miraba. Ella se impacientaba. Sin saber muy bien qué pretendía hacer, se sacó de la cabeza la ancha diadema que le sujetaba la melena y se la anudó a la muñeca, mientras atizaba ligeramente el pelo y lo colocaba bien sobre los hombros. Enzo no la miraba. Seguía riendo con sus amigos, charloteando ahora sobre anécdotas y gentes completamente inexistentes para ella. ¡Qué le importaba todo eso!. Enzo tenía los ojos marrones claros, casi amarillos, como el ámbar, y sendos hoyuelos junto a las aletas de la nariz que se le veían sólo cuando sonreía extensamente. Deseaba que por lo menos la mirase una vez. Sólo una, mientras sonreía. Observó un poco el exterior por la ventana, sin levantar del todo, no obstante, la mirada del grupo.  No podía dejar de preguntarse cuál era la relación de la chica con cada uno de los dos chicos. En algún momento le parecía que hubiera mayor intimidad y complicidad con el chico que no era Enzo. Sin embargo, pensaba todo el tiempo en la posibilidad de un trío. Incluso en que hubiera habido dos historias sucesivas de la chica con cada uno de los chicos. Empezó a sentir una cierta desazón, un rebullir de celos, que la descolocaban respecto a sí misma, puesto que eran ciertamente inmotivados. Enzo seguía sin mirarla. Cuando menos, no estaba sucediendo ese instante mágico conjurado en que sus miradas tropezasen en medio de la inmensidad del autobús. Ella tenía que bajarse en la Plaza San Francisco. Faltaban dos paradas.  La incomodaron bastante unos adolescentes escolares que subieron al autobús como si se encaramaran a un árbol, extendiendo por el suelo sus mochilas y prendas, montando un improvisado campamento. Venían de un entrenamiento. Los italianos les rieron las gracias. A ella casi ya ni le importó. Pero no le gustó que Enzo rompiera la fina tela de araña sobre la que hacía equilibrios desde el momento en que los encontró en la parada del autobús. Enzo seguía sin mirarla, la ignoraba y, sin embargo, había confraternizado automáticamente con los torpes chavales de quince años e incluso ahora les preguntaba en un español raro por el Real Zaragoza, cuyo equipamiento vestía todo el grupo, iniciando sin más una divertida y caótica conversación en enrevesados términos futbolísticos de la que ella estaba definitiva y drásticamente excluida, dados sus nulos conocimientos del tema y su total desinterés por el mismo. Un fallo, se dijo, porque podría haber aprovechado la dicharachera camaradería creada para llamar la atención de Enzo. De todas formas, ya no quería  llamar su atención. Quería que él se fijara en ella llevado de un fatal destino y luego despreciarlo. Hubiera querido que él se sintiera perdido en medio del mundo, puesto que ella ya se preparaba para abandonar el autobús y él había sido tan estúpido como para desaprovechar la única ocasión de ser feliz que iba a tener en la vida. Ella lo sabía. Sin embargo él había sido tan tonto como para no verlo. Cualquier gesto llegaría ya tarde. El viaje de ella terminaba, el tiempo disponible tocaba a su fin.  Los chavales y los tres italianos intercambiaban gritos y eslóganes deportivos alusivos a los distintos equipos que contaban con sus dispares simpatías. Y reían. Ella les sonrió a todos y cruzó por el medio del recrecido grupo para poder alcanzar la puerta de salida, mientras disponía su bolsa de colores en bandolera, sin dejar de mirar a ninguna parte en realidad, sobrevolándolos. Aterrizó en la plaza. Un estudiante la atropelló sin querer al acelerar para llegar al autobús. Ella se disculpó y atisbó cómo el autobús se llevaba a Enzo. Quería comprar una revista sobre libros, que frecuenta con devoción mensual, así que se acercó al quiosco y husmeó un poco. Pacho, el quiosquero, la conoce bien y le dio un poco de esa buena conversación que administra con sabiduría para sus clientes. No mucha, porque ella andaba todavía como suspendida entre dos dimensiones y no le hizo demasiado caso. No quería terminar de regresar todavía. Las sensaciones que tenía le provocaban una leve y controlable borrachera. Le agradaba. Y caminó despacio, hojeando la revista, sintiendo que sus movimientos desplazaban el aire lo justo y pensando que le iba a ser difícil concentrarse para estudiar. Todavía no había necesidad. Era la primera semana de clase. Lo hacía porque le gustaba preparar los temas con tiempo y leer diversa bibliografía. Sin embargo, había perdido el impulso sesudo que la hizo quedar con  Diego, su amigo ahora después de haber sido su amante pasajero. Le invitaría a una cerveza y hablarían un rato. No de lo que acababa de sucederle. Nada, en realidad. Diego estaría ya en la biblioteca, guardándole sitio. Pero, antes de alcanzar la escalinata de la entrada, escuchó con sobresalto los pasos a la carrera que se acercaban a ella y el grito, casi sin aliento, de Enzo  y su mano presionándole el brazo para que se volviera hacia él. Y ella se volvió.

 

*El autobús es un cuento que la Revista Narrativas, publicó en su número 3, y que ahora quiero dejar aquí.

Poetizando - 14 (Poema de Fernando Sarría)

Poetizando - 14 (Poema de Fernando Sarría)

 

 

 

Aunque la paloma con su vuelo

haya deshecho la sombra

y la hora certera se aproxime,

se demora el beso de la aurora.

 

Entre nosotros no caben más palabras.

Sólo mi piel, cálida y serena,

es acogida entre tus manos sabias,

dársena donde guardar la vida.

 

Nos une el compartido silencio,

hermano pequeño de la dicha,

cruzando el estrecho sendero del deseo,

protegidos de la humedad de la noche.

 

Nuestros cuerpos se precipitan

en una larga y ardiente caricia,

mientras el tiempo, ensimismado,

se nutre de la soledad del alba.

 

*La imagen corresponde a la campiña toscana, a primera hora de la mañana. La luz se extiende en "sfumatto".